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De todo un poco…

Vidal Holgado

El gobierno y el pueblo contra la ciega

Asistimos al triste espectáculo de un gobierno y un pueblo enfrentados a la justicia. Me he leído la sentencia de la manada, bueno, tengo que confesar que me he saltado aquellas páginas referentes a tecnicismos que, para quien carece de formación jurídica, el solo intento de su comprensión exige un considerable esfuerzo. Más de la mitad si me he leído, sobre todo las páginas que argumentan la sentencia de los dos jueces que condenan y las del que emite su voto particular pidiendo la absolución de los acusados, y lo he hecho para que no me digan y con bastante razón, ¿tu porqué hablas si no te has leído la sentencia?

¿A qué conclusión he llegado después de la lectura?, pues primero: he podido comprobar, una vez más, que cuanto más aprendes más cuenta te das de lo poco que sabes, y segundo: que puestos a elegir sigo poniéndome de parte de los jueces, para mi es secundario la valoración de la sentencia y si a los acusados les tenían que haber caído tres, nueve o veinte años, allá los jueces, es su trabajo, además la sentencia admite recursos, así que esperemos a ver qué pasa, lo que si tengo claro es que sin ley y orden no puede haber bienestar, y no quiero decir que si los jueces hacen mal su trabajo no haya que pedirles cuentas e incluso manifestarse cuando no nos hacen caso, por supuesto que sí, pero cuidado, todos sabemos, la psicología nos lo dice, el peligro de la masa, y lo que ahora está saliendo a la calle es más heterogéneo que una mezcla de clavos y canicas con gominolas y tripis, donde abundan individuas que se atavían como esperpentos, pintarrajeadas como indios y gritando como posesas, pues mire Vd., ¡NO!, no es que sea un incondicional de las justicia, tampoco, pero por instinto de supervivencia, que algo de entendederas tengo y ningún interés bastardo, no voy a elegir, es un decir, de entre lo malo lo peor, lo tengo claro.


Que nadie piense que se me ha pasado por la cabeza, ni por imaginación, defender a cinco individuos que embisten a una mujer como garañones en celo, haya o no haya consentimiento, eso puede quedar bien en una película porno, pero en la vida cotidiana es un acto deleznable, sobre todo cuando además se presume de ello, se tiene por costumbre y se difunde entre colegas, me dan el mismo asco que a casi todo el mundo, pero sigo defendiendo que es la justicia quien debe castigar el crimen, lo cometa el Salomón, la Bernarda o todo el pueblo de Malpartida y sin diferencias por sexo, creencias, estatura, haber nacido en un barco o ser guapo o más feo que Picio, tanta insistencia en diferenciar por género resulta ya más cargante que el paso de cinco mil ovejas trashumantes, que hay que proteger al débil, por supuesto, pero al igual que entre los criminales, entre las supuestas víctimas encontramos de todo, hay quienes, aparentando poquita cosa, tienen tanto ingenio y mala leche que pueden causar estragos, recuerden la que lio David con una honda. Que no se nos llene la boca de presunciones de inocencia y de que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo y luego, como en el Viejo Oeste, mientras juzgamos al reo, vamos montando la horca.


Bueno, y aunque sea un asunto distinto, manda huevos, como diría el castizo, que Puigdemon, un mamarracho que se ha propuesto montar un pollo de cojones (lo ha dicho el), imponga a otro mamarracho como candidato a presidente de la Generalidad, y lo que es peor, que pueda a ser elegido, que un delincuente fugado de la justicia imponga su voluntad y que todavía pueda haber alguien que considere que esto de las Autonomías; que está visto que muchos consideran autonosuyas e instrumentos para aprovecharse y dar por saco a los demás; tiene algo de seriedad y aporta algún beneficio, que tengamos que seguir pagando a gente que se pasa el día mareando perdices y luego tengamos que soportar recortes en servicios sociales porque nos digan que no hay dinero, como para no indignarse. Vamos a ver Mariano, que nos la están metiendo doblada y vosotros seguís pasmados, que tiene razón Rivera, que el 155 hay que aplicarle, no basta con enseñarle, que cuando a alguien se le otorga autoridad es para que la ejerza, no para que se meta en la madriguera, que vais a pasar a la historia como el gobierno que consintió que se cargaran, o al menos lo intentaran, la obra de los Reyes Católicos, y no penséis que los catalufos van a mostrar el mínimo agradecimiento, que os van a tener el mimo odio que a Isabel y Fernando y además os habréis ganado el desprecio de la mayoría de españoles.

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