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De todo un poco…

Vidal Holgado

Donde esté un buen entierro

Manda narices, algunos van por lo fácil, que es robar a los muertos, aunque a los muertos no es fácil ya robarles, mas bien se roba a los vivos, que no son otros que los familiares del difunto.

 

Pues no había unos funerarios desaprensivos, y otras cosas, en Valladolid, que llevaban años dando el cambiazo de ataúdes de alta gama, pagados por los herederos, por otros de cartón, destinados al horno crematorio, y revendiendo repetidas veces los recuperados, si es que hay negocios redondos, no es de extrañar que la policía haya encontrado en el domicilio de uno de los encausados una morterá de billetes, eso sí, como ya los han cazado les va a costar un poco mas disfrutar de los beneficios, pero no se crean, nuestro sistema judicial tan garantista permite que unos años de cárcel bien valgan lo bailao y por bailar.

 

Eso les pasa a los que eligen la incineración en lugar de la sepultura, aunque estos últimos tampoco es que salgan muy bien parados y además sin derecho a recurso, porque es legal, que razón tenia aquel poeta cachondo de la posguerra cuando decía:

 

Se diga lo que se diga,
qué bonito es un entierro,
con sus caballitos blancos
y sus caballitos negros,
con su cajita de pino,
y su muertecito dentro,
con su cochero borracho
y "to" el acompañamiento.
Trincando el de la manguilla,
trincando el Ayuntamiento,
el cura y sepulturero,
y esperando pa trincar
Hacienda a los herederos.
Se diga lo que se diga,
Qué bonito es un entierro.

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