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De todo un poco…

Vidal Holgado

Cambio climático y contaminación

Hablábamos la semana pasada del asunto del cambio climático y la contaminación, tema de la cumbre de las Naciones Unidas. Pues yo sigo en mis trece en lo que respecta al cambio climático, creo que nos cuentan siempre la misma milonga sobre la culpabilidad que tenemos los humanos en el aumento de temperatura detectado en el planeta, no me creo que seamos tan importantes. Oí en una ocasión decir a un científico que, si desapareciera el género humano de la faz de la tierra, tampoco se iba a notar tanto, qué puede que hasta mejorara el panorama. La superficie terrestre volvería a su estado natural, la vegetación salvaje recuperaría los espacios urbanos y las autopistas y otras especies saldrían enormemente beneficiadas al librarse de un salvaje depredador, que otro cosa sería si desaparecieran los insectos, entonces si que el efecto podría ser tremendo, hasta puede que, en un periodo más bien corto, solo sobrevivieran las bacterias y no todas, así que menos darse importancia, igual somos menos importantes que unos bichos, y eso que desde la revolución industrial hemos avanzado una barbaridad, sobre todo desde la segunda mitad del siglo pasado, haber adquirido la capacidad de autodestruirnos y de convertir en territorio inhabitable miles de kilómetros cuadrados, recuerden Chernóbil, durante miles de años, no es moco de pavo, pero que son unas decenas de miles de años comparados con la duracion del planeta, un instante, así que yo sigo tan escéptico en lo que se refiere a la influencia del hombre en el cambio del clima, eso no quita que me albergue alguna duda y como persona educada, respete opiniones contrarias.

 

Cuestión distinta es la referente a la contaminación, aquí si que hay que estar ciego para no darse cuenta, sobre todo porque el que mas y el que menos la sufre de alguna forma. No sé el efecto que tendrá sobre el clima, probablemente poco, pero que somos unos guarros de tomo y lomo, eso no lo puede dudar ningún nacido de mujer, salvo que se halle privado de los cinco sentidos. Creo que casi todos hemos sufrido algún episodio desagradable relacionado con la contaminación. Veamos alguno.
Como de ciencias oceanográficas se poco mas o menos que de física cuántica, no se a que se debe, si será la variación de la temperatura del agua, la dirección del viento, las corrientes marinas, no lo sé, pero hay días que vas a algunas playas con la intención de pegarte un baño y cuando te acercas al agua, sales corriendo de espanto y te vas a casa a pegarte una ducha, el agua es un caldo donde abunda de todo, material vertido a tutiplén, desde compresas, toallitas, bolsas y envases de plástico y cualquier cosa imaginable, asqueroso a mas no poder, y lo mas curioso es que aún así ni siquiera ponen la bandera amarilla y hay gente que se baña, pues no sé, yo a veces preferiría las medusas. Y eso en la costa, no me extraña que en altamar hayan aparecido islas enormes de plásticos, hay gente que por reciclar entiende tirar la basura al mar, a esos sí que hay que meterlos en cintura, que algunos son los que luego predican sin dar ejemplo.

 

Meter en cintura a esta gente, que además de guarros son delincuentes y asesinos de la naturaleza, es tarea de los gobiernos, que no lo tienen fácil cuando muchos de ellos ponen jueces, gobernadores y hasta presidentes de gobierno, ya se sabe que las buenas campañas son muy eficaces pero caras.

 

En ocasiones se ve que lo intentan e incluso toman algunas medidas correctas y eficaces, aunque sean insuficientes. Un ejemplo que, todos comprobamos a pie de calle a poco observadores que seamos, es el cobro de las bolsas de plástico en los supermercados, es fácil comprobar como han desaparecido aquellos individuos que, cuando las bolsas eran gratis se las llevaban a puñados y ahora se llevan de casa la de rafia que, aunque no sea el material mas limpio que digamos, al reutilizarla hasta su deshilachado disminuye el volumen de plástico en circulación. A mí también me jode pagar diez céntimos por algo que no vale dos, pero si sirve para que cuando vaya a bañarme el agua esté mas limpia, no me importaría pagar más, seguro que si echas un vistazo a la compra realizada, comprobarás que llevas al menos dos productos que te cuestan mas de un euro y que no necesitas, pero es condición humana, nos embaulamos dos generosas raciones de San Marcos de postre y luego pedimos el café con sacarina para no engordar o nos damos un largo paseo, algunos hasta corren y van al gimnasio, para mantenernos en forma y cuando llegamos a casa subimos en el ascensor.

 

Otro ejemplo que todos sufrimos, además de la sonora, la lumínica, las deyecciones caninas, la del botellón, etc., que en esto de las contaminaciones también abunda la variedad, es la que afecta directamente al sentido del olfato. A no ser que no salgamos de casa, y aún así no te libras porque te pueden entrar los olores hasta por las rendijas de las ventanas y porque habrá que respirar, digo yo, y de algunos olores no hay filtro ni mascarilla que te libre, además, tampoco es plan de andar todo el día con un bozal.

 

Antes, dependiendo de la época y de los elementos climáticos, pasear por el campo e incluso circular por la carretera con las ventanillas bajadas, era una delicia, el olor a tierra húmeda, a pino, a mieses, a hierba recién cortada, a flores silvestres, a campo y naturaleza, en definitiva, ahora, a poco que te descuides, te puede llegar a la pituitaria un pestazo que te mareas.

 

Una carretera, de las muchas que podrían ponerse como ejemplo, une dos pueblos a una distancia de dos kilómetros, proximidad que abunda entre muchas poblaciones de la España vaciada, que yo transito con frecuencia y por tanto sufridor, a media distancia un pronunciado cerro y en su cumbre y ladera este una explotación de marranos, que así es como siempre se ha denominado a los cerdos por estas tierras, no veas que peste.

 

En buen tiempo suelo hacer el trayecto en moto, así que me trago los efluvios a casco porro, en coche da lo mismo porque, con la posibilidad de darle al botón del climatizados y cerrar herméticamente, cuando te das cuenta ya tienes toda la sustancia porqueríl dentro del habitáculo y no te queda otra que bajar las ventanillas y esperar que se ventile una vez superado el tramo comanche. Me cruzo, al atardecer y con mucha frecuencia, con dos personajes que tienen por costumbre hacer a pie la ruta de ida y vuelta al pueblo vecino, tienen pinta de ser buenas personas, uno de ellos me saluda muy efusivamente con la mano cuando me los encuentro, tengo que parar algún día a echar una parrafada, que soy un desconsiderado. Me pregunto si no podrán hacer otra ruta menos surtida de efluvios marraneros aunque, bien pensado, si lo que pretenden es mantener la línea la elección no es tan descabellada, el día que los marranos les pillen a barlovento, al efecto del ejercicio realizado añaden que al llegara a casa ya van cenados y no creo que les queden otras ganas mas que darse una ducha y meter la ropa en la lavadora.

 

A mí, cien cerdos juntos ya me parecen muchos, quinientos una exageración y mas de mil una barbaridad, de otras especies también, pero menos, hay menos y no huelen tanto ni tan mal, así que yo prohibiría las macro granjas de cerdos, que creo que ya tocamos a mas de un cerdo por habitante, incluidos los niños de teta y los musulmanes, que no los comen, y nosotros no tenemos la culpa de que a los cerdos de los chinos les haya entrado la peste porcina, que los críen ellos en su casa o alquilen terrenos a los rusos, que están mas cerca y les sobran, si ya sé que si digo esto en una convención de productores y transformadores me querrán matar, pero no tienen razón, aunque comprenda que si motivos y ¿si les dejan?, pues que sigan mandando cerdos a los chinos, no sé si enteros o desarmados pero el negocio es el negocio, lo que no me parece bien es que luego los olores nos los traguemos todos y no nos compensen por las molestias, que encima han subido el precio aprovechando el aumento de demanda.

 

Con todo, no vayan a creer que soy un recalcitrante opositor a las explotaciones ganaderas, no me gustan nada esos colectivos de animalistas, vegetarianos, veganos y perenganos, como esos que vi el otro día en un reportaje de televisión, manifestándose a las puertas de un matadero e increpando a los camioneros que llevaban los cerdos al sacrificio. A uno de ellos le preguntaba la presentadora cual era su opinión y el hombre, muy prudentemente, contestaba que les comprendía, pero que él tenía que procurarse el sustento y la vida es es como es, claro que no estaba haciendo uso al completo de su libertad de expresión, se le notaban las ganas de contestar otra cosa. Y había una joven, entre los manifestantes, que se la caían unos lagrimones como chorros de alerón en día de tormenta gorda, por dios, que exageración, cada uno puede emplear su tiempo de ocio como lo venga en gana, pero dar la matraca con insistencia supina ya cansa, que lo poco agrada, lo mucho enfada y lo exagerado cabrea y hay que ven cuanta gente hay y de cuánto tiempo libre dispone.

 

Además, que narices, tan malo es comer carne todos los días como no probarla nunca y me parece muy bien que la gente disfrute de uno de los placeres con los que el creador nos obsequió que, sin caer en gula, aunque engorde no es pecado y no me dirán Vds. que un buen chuletón de avileño a la brasa, con sus patatatitas y sus pimientos no levanta el ánimo a cualquiera, eso sí, si es de los de setecientos cincuenta gramos, mejor pedirle para dos.

Comentarios

Alberto 06/10/2019 21:22 #1
Madre del amor hermoso, así nos va con este tipo de comentarios, en lo q la justifica es “ yo sigo en mis trece” cuando la mayoría de los científicos dicen y redicen el problema del cambio climático, en fin

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