De mal gusto

De mal gusto

Por Miguel Ángel Fernández.

Campañas navideñas: más allá del abrigo y los destellos


La temporada navideña siempre ha sido un terreno fértil para la creatividad publicitaria en la moda. No solo porque se venden más prendas, sino porque el espíritu de la época, cargado de emoción y nostalgia, ofrece el escenario perfecto para que las marcas cuenten historias visuales cargadas de magia y deseo. Las campañas navideñas de moda son, en realidad, un espejo de la industria: muestran sus aspiraciones, sus contradicciones y su forma de conectar (o no) con el público.

En los últimos años, las grandes casas de lujo han convertido sus campañas festivas en auténticos cortometrajes o fantasías cinematográficas. Chanel, con su 'Winter Tale' nos transporta a una colina nevada de cuento, donde la elegancia se mezcla con lo onírico y el brillo se convierte en emoción. Louis Vuitton, por su parte, propuso para su campaña 2024 un viaje en carrusel por paisajes nevados y cielos encantados, apostando por la idea del lujo como escapismo. Este tipo de narrativas funcionan porque apelan al deseo y al sueño: nos invitan a entrar en un mundo más bello, más ordenado, más perfecto. Sin embargo, también corren el riesgo de perder conexión con el consumidor real, cada vez más consciente de los temas de sostenibilidad y autenticidad. El lujo sigue vendiendo fantasía, pero el público empieza a exigir que ese cuento tenga algún tipo de verdad detrás.

En el otro extremo están las marcas que apuestan por la emoción cercana: la familia, los amigos, el hogar. Burberry lo hace con acierto en su campaña 'Wrapped in Burberry', donde retrata escenas cotidianas de parejas, familias y amistades reunidas en un Londres navideño, envueltas en sus icónicos trenchs y bufandas a cuadros. Este enfoque resulta más cálido, más humano. No se trata solo del abrigo que te protege del frío, sino del abrazo simbólico que ofrece la marca. Y en tiempos de desconexión digital, esa idea de comunidad y pertenencia tiene una fuerza enorme. Aun así, se echa en falta una representación más diversa: más tipos de familia, más cuerpos, más realidades. La autenticidad también pasa por ampliar el espejo.

Otro hilo conductor en las campañas navideñas de moda es la noción del regalo y el deseo. Bulgari lo entendió perfectamente en su 'Celebrating Magnificent Wonders' con Anne Hathaway, donde el lujo y el gesto de regalar se mezclan en una atmósfera de sofisticación romana. En este tipo de campañas, el producto se presenta como el vehículo de un sentimiento, el objeto que materializa el afecto. Sin embargo, cuando la narrativa se reduce al "mira qué bonito, cómpralo", la magia se diluye. Lo que realmente conecta hoy es cuando el deseo viene acompañado de propósito: cuando un regalo también tiene historia, cuando un abrigo es sostenible o cuando una joya apoya a una comunidad.

Las tendencias más recientes muestran una búsqueda de equilibrio entre lo aspiracional y lo real. Firmas como Jacquemus apuestan por una estética minimalista y relajada, como en su 'Winter Retreat': tonos neutros, tejidos naturales y una atmósfera tranquila que invita al descanso, más que al consumo frenético. Otras marcas exploran la narrativa visual con videos inmersivos o experiencias cinematográficas, conscientes de que las redes sociales y las plataformas digitales son hoy el gran escaparate. También se percibe un tímido avance hacia campañas más éticas, más conscientes, aunque aún queda camino para que eso deje de ser un gesto y se convierta en una convicción.

En conjunto, las campañas navideñas nos hablan de una industria en transición. La moda vive una tensión constante entre el brillo y la responsabilidad, entre el deseo de soñar y la necesidad de ser coherente. Las campañas más potentes no son las que muestran el vestido más caro, sino las que logran emocionar, conectar y hacer que el espectador sienta algo más que ganas de comprar. Cuando una marca consigue transmitir una historia, una atmósfera o un valor, la prenda pasa a segundo plano y la emoción se queda.

Al final, estas campañas no solo venden abrigos, bolsos o joyas: venden visiones del mundo. Nos muestran qué valores quiere encarnar cada marca y nos invitan a mirar más allá del escaparate. Porque en la moda, como en la Navidad, lo importante no siempre es lo que se ve, sino lo que se siente.