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Con la verdad por delante

Gabriel De la Mora
Blog de Gabriel de la Mora en Tribuna de Salamanca.

Los encierros de La Salle: la desconocida rebelión del campo salmantino

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La represión ejercida por el gobierno contra agricultores salmantinos que protestaban de forma ilegal por la insuficiencia de medidas políticas ante la sequía, desembocó en un encierro prolongado en el antiguo colegio de La Salle, y en movilizaciones en más de treinta provincias, “Por Salamanca y la unidad del campo”.

Una pertinaz sequía estaba haciendo estragos en la vida del campo, los pueblos de Salamanca y toda la región, corría el año 1981. La incipiente Asociación Independiente de Agricultores y Ganaderos de Salamanca (AIAGS), organizó una serie de protestas respaldadas por miles de agricultores y ganaderos de la provincia, con el fin de solicitar la declaración de zona catastrófica de la región castellano-leonesa y otras medidas reivindicativas.

 

En aquellos fechas, los agricultores iniciaron una verdadera rebelión contra el orden instituido, promoviendo acciones de fuerza claramente ilegales, para reclamar medidas excepcionales de apoyo al campo, derivadas  de la terrible situación que se vivía en las pueblos, donde el ganado se moría, por falta de agua y recursos económicos para su atención.

 

Uno de los episodios clave tuvo lugar el día 28 de agosto de 1981, cuando una Asamblea General Extraordinaria de la AIAGS acordó marchar con tráfico lento hacia la ciudad, colapsando las principales vías de entrada. Aunque no fue la orden de la organización, en muchos puntos se cortaron completamente los accesos. Helicópteros, tanquetas, policía nacional y guardias civiles, con sus rifles al ristre, se interpusieron en la marcha de los agricultores.

 

El gobernador civil incluso dio la orden de disparar contra los agricultores en el acceso a la carretera de Zamora, que fue desobedecida por el oficial de la Guardia Civil al mando, según contaron los presentes. El dirigente de la protesta, que se encontraba en dicho lugar, llegó a denunciar este hecho en los medios de comunicación de forma inmediata, lo que supuso también su detención. Estos hechos recrudecieron el enfrentamiento y también la represión por parte de la policía nacional, a las órdenes del gobernador civil. La represión de las fuerzas del orden estuvo a punto de pasar de castaño  a oscuro; finalmente, se saldó con varios heridos graves que tuvieron que ser hospitalizados y más de una treintena de detenidos.

 

Aspecto que ofrecía uno de los accesos a la capital en la tarde del 28 de agosto. Fuente: Boletín de la AIAGS

           

Estos incidentes, radiados en directo, conllevaron una reacción espontánea por parte de la gente de los pueblos, atento en las cocinas a lo que sucedía. Así, se presentaron en la sede de la asociación, en la calle Pozo Amarillo, cientos de agricultores con la escopeta en el maletero y para exigir la puesta en libertad de los compañeros. Las tanquetas tomaron la Gran Vía e incluso una llamada anónima a La Gaceta amenazó con la explosión de sendos artefactos, si no se liberaba a los agricultores. Finalmente, la cordura se impuso, y tras las negociaciones políticas correspondientes, se produjo la liberación de los agricultores detenidos, lo que supuso que no tuviera que lamentarse un incidente violento de consecuencias imprevisibles, dada la alta tensión y la falta de los líderes por su detención, que siempre intentaron encauzar la protesta por la vía más pacífica posible.

           

Una vez producida la liberación de los mismos, la Asociación convocó al campo en el edificio del antiguo colegio de La Salle, adoptando por unanimidad del millar de agricultores presentes, la medida de constituirse en asamblea permanente, dando comiendo a los “encierros de La Salle”. Durante las 13 jornadas se mantuvieron desafiantes miles de agricultores con sus familias, además de organizarse multitud de acciones directas, muchas ellas de carácter rebelde e ilegal, tales como cortes de carreteras, paralización de eventos e incluso retiradas masivas de fondos depositados en bancos o boicots de entregas de productos agrarios.

 

Asamblea General de la AIAGS  en el salón de cine de los hermanos Maristas. Fuente: Boletín de la AIAGS

 

La movilización y la posterior represión policial, generaron un movimiento de solidaridad entre los agricultores y ganaderos de todo el país. La mayor parte de las organizaciones agrarias convocaron movilizaciones de apoyo en más de treinta provincias, con el lema “Por Salamanca y la unidad del campo”. Finalmente, el ministro de la UCD, Lamo de Espinosa, aceptó la celebración de una reunión de negociación para tratar la tabla reivindicativa de medidas y con una sola condición: el representante de la AIAGS no tendría derecho a tomar la palabra.

 

Bloqueo de una de las carreteras que conducen a Salamanca. Fuente: Boletín de la AIAGS

 

Los agricultores y ganaderos concluyeron el encierro de 3.000 personas dejando una huella imborrable en las miles de familias del campo de Salamanca que, por unos días, y mediante acciones ilegales de desobediencia civil, llamaron la atención de todo el país y lograron soluciones políticas a un problema político, poniendo en jaque al Estado y sus instituciones.

 

Estos fueron los mimbres de las luchas campesinas de finales del siglo XX en nuestro país, cuyos métodos de lucha pueden encontrarse hoy en los textos más actuales sobre resistencia noviolenta y desobediencia civil. Las mismas acciones que la Fiscalía ahora está denunciando como delitos de sedición, con penas de más de 4 años de cárcel para los ciudadanos, 8 a 10 años para los dirigentes y hasta 15 años para los cargos públicos.

 

Aquella lucha social, en este caso de campesinos por la sequía, fue una más de las frecuentas movilizaciones en la transición que, sin embargo, acabó generando un movimiento de unión entre la maltratada gente del campo, y que puso las bases de constitución de un nuevo, y fugaz, movimiento político. Un bloque nacional de unificación de todas las demandas del agro español, bajo un mismo paraguas político, y ante las inminentes negociaciones de integración en la CEE por parte de España. Quizá el último gran intento de salvaguardar el modelo de vida de la agricultura familiar y campesina, de la mayoría de las mujeres y hombres del campo.

           

Cuánta falta haría en verdad recuperar aquel espíritu de rebeldía, libertad y constante negociación política de aquellos tiempos revueltos; pues cuánto de aborregados nos encontramos ahora, que escuchamos la palabra “ilegal” y nos cuadramos, incluso si quien lo dice es Mariano Rajoy. El líder de un partido denunciado por la Guardia Civil como organización criminal, y cuyos fines, en muchos casos, han resultado responder más al enriquecimiento ilegal de sus dirigentes, que atender a los intereses generales de los ciudadanos. Y todavía tienen la desfachatez de hablar de Democracia y Estado de Derecho.

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