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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

UNA SEMANA PARA ABRIRSE LAS VENAS

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Federico García Lorca recogió en uno de sus primeros libros, Primeras canciones (1922), un conjunto de canciones infantiles de entre las que destaca “Los reyes de la baraja”:

Si tu madre quiere un rey,

la baraja tiene cuatro:

rey de oros, rey de copas,

rey de espadas, rey de bastos.

La imagen de una declaración de Felipe VI desautorizando el movimiento por la desconexión catalana, investido de su uniforme de Capitán General de las Fuerzas Armadas, ha constituido una aspiración cuasi erótica para parte de los dirigentes de esa corriente. Como Juan Carlos I ya había utilizado tres de los disfraces –rey de espadas (23-F), rey de oros (intermediario de negocios) y rey de copas (en consonancia con la mejor tradición jaranera de los borbones)- a su hijo sólo le cupo investirse de rey de bastos. Ya sabemos del automatismo de rechazo que provoca cualquier propuesta que llegue de Madrid, pero dedicarse a echar una bronca no parece el mejor recurso para desactivarlo, ni la manera preferible para ejercer las funciones de arbitraje y moderación. Podría indicarse, en su descargo, que ni el marco constitucional dado, ni el desarrollo de los acontecimientos ofrezcían mayor margen para la intervención de la magistratura real, pero a nadie puede ocultársele que, si la apuesta no sale, el terremoto terminará llevándose por delante dicho marco y su configuración institucional.

En nada ha ayudado a que en el transcurrir de la semana el número de incendiarios se haya multiplicado. El elenco es altísimo, pero voy a escoger a cuatro sotas de la baraja: Eduardo Inda, Pablo Casado, Pablo Echenique y Ramón Tremosa. Todos ellos agrupados por el uso frívolo de las palabras, la banalización de propuestas, supuestamente, políticas y la voluntad de confundir y simplificar el complejo panorama político al que nos enfrentamos.

El diputado convergente europeo, cabeza de lista de la Coalición por Europa, se ha descolgado proponiendo “la vía eslovena” como salida. Y se ha quedado tan pancho: ¿hay enfrentamiento armado en España?, ¿son equiparables las tensiones en las que estamos inmersos a las que reventaron la Yugoslavia post Tito?, ¿no hubo intereses geoestratégicos en su desmembramiento?, ¿sólo podremos solventar la cuestión catalana si se producen unos cuantos muertos? Me parece inconcebible que un profesor universitario descontextualice con semejante desparpajo, pero sí que tengo claro que el diputado catalán en Europa no piensa incluirse entre los muertos. En la misma línea, las declaraciones de Pablo Casado advirtiendo a los dirigentes catalanes sobre su posible destino. Yo rogaría que alguien convidase al portavoz del PP a una degustación de calçots, anchoas de l´Escala y botifarra amb bolets acompañada de mongetes. Considero que conseguiríamos tres ventajas: nos ahorraríamos que hablara mientras comiese; podría llevarle a despertar algún reflejo de empatía hacia sus adversarios y, en cualquiera de los casos, serviría para que los malos aires del ciudadano no se transformaran en eructos públicos al tenerse que evacuar por salva sea la parte. Por otra parte, pasmo me ha producido escuchar a Pablo Echenique calificando la manifestación del domingo en Barcelona de estar organizada por la extrema derecha y ¡Falange! y al PSOE de haberse acomodado con ellas: ¿realmente todo sirve para descalificar lo que nos molesta del panorama político?, ¿es la desmemoria o el resentimiento lo que le ha impedido reconocer en la tribuna de los manifestantes a Carlos Jiménez Villarejo, compañero de la lista que le convirtió en europarlamentario? Finalmente, el tertuliano pamplonés. Arquetipo de la pléyade de charlatanes que pueblan las ondas y platós, a ambos lados del Ebro, y que con sus lenguas de faquir, su voluntad de propagandistas nacionalistas, sus maneras maleducadas y su despiadado oportunismo retroalimentan el simplismo neobíblico del conmigo o contra mí. Transformando la discrepancia en trinchera, cegando cualquier posibilidad de reconocimiento del encuentro, estigmatizando al disidente, atizando la deshumanización del “otro”.

Y para terminar una reflexión sobre la propuesta de mediadores. ¿Debe la Iglesia mediar? pues oigan no. Me parece un auténtico despiporre. Primero, porque si no están consiguiendo arreglar el tremendo problema de la sequía, campo de intervención tradicional del mundo clerical, como alguien puede considerar que van arreglar el berenjenal político en el que nos encontramos. Y, segundo, porque esta procesión no necesita de esa vela: ¡sólo nos faltaba añadir la tormenta religiosa!

Quienes sí que han “mediado” han sido los bancos y poderes financieros. En el artículo pasado indicaba que el eje de conflicto no podía ser “lo nuestro” contra “lo vuestro”: pues ahí está un ejemplo nítido de la ceguera ilusoria, y falseadora, de lo identitario nacionalista como vector fundamental del conflicto. Los despachos de “les nostres corporacions y empreses” parecen ser quienes han abierto una importante vía de desgaste a la que habrá de enfrentarse el movimiento secesionista. Y yo no me siento en absoluto feliz. Primero porque considero que la movilización catalana contiene elementos y experiencias democratizadoras de las que los partidarios del republicanismo radical y democrático deberíamos aprender. Pero, sobre todo, porque considero que el dilema al que estamos abocados en este mundo globalizado, y que se refleja en conflictos locales como el que nos ocupa, es el de Democracia postcapitalista o Capitalismo postdemocrático.

Quienes defendemos la primera opción no hemos recibido buenas noticias esta semana.

Y estamos a la expectativa de la intervención del President Puigdemont en la tarde. Nos encontramos aquí, por muchas, variadas y complejas razones, pero no debe desdeñarse el peso de la confrontación del inmovilismo de Rajoy y del autismo de Puigdemont. Veremos.

Comentarios

Fsalto 13/10/2017 10:41 #1
Las figuras que Honorio indica son consecuencia de una sociedad embrutecida y empobrecida, una baraja mamífera.

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