Siluetaok honorio original

Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

'The Square', un bofetón al culturalismo cosmopolita

The%20square detail

Se trata de una película potente, provocadora y arriesgada, en la que no debemos buscar la cómoda estructura de presentación, nudo y desenlace.

¿Qué es el cine? Pues de entrada, un espacio al que solemos acudir con el convencimiento,     ligado a ejercicios anteriores, o con la aspiración, alimentada por aquellos, de que vamos a disfrutar con lo que pudiera llegar a ocurrir sumidos en el juego embelesado de las sombras animadas con la quietud de la penumbra. A estas alturas de la vida sabemos que la decepción y el enojo serán posibles. Pero seguimos yendo porque anhelamos que la experiencia nos proporcione las sensaciones sugerentes, turbadoras o placenteras que nos proporcionó en nuestra primera adolescencia.

 

Como humano, se me han adherido prejuicios que me condicionan. En lo que viene al caso, el recelo sobre las películas laureadas en los grandes festivales cinematográficos. Rompí la prevención a sugerencia de Vera, una de mis últimas alumnas, y por el desconocimiento absoluto del director, Ruben Östlund.

 

Lo que me ha proporcionado la contemplación de The Square ha sido un gozo inesperado e insólito.

 

Se trata de una película potente, provocadora y arriesgada, en la que no debemos buscar la cómoda estructura de presentación, nudo y desenlace. ¿Con quién entroncaría a este director sueco? Pues desde el mero conocimiento de ésta, su última producción, me atrevería a señalar a tres: Haneke, Buñuel  y (el primer) González Iñarritu. El hilo rojo de la provocación, inteligente e intencionada, le hilvana con ellos.

 

La película se factura, como la Babel del mejicano, en torno a un conjunto de historias o escenas, o, si lo prefieren, de performances, pues el mundo del arte es lo que lejanamente la estructura. Como instrumento, se utiliza sin pudor la brocha gorda buñuelesca para desnudar algunas de las convenciones que la sociedad de mercado nos ha hecho interiorizar: bien sea sobre el arte, sobre las relaciones sociales, sobre el espacio público o sobre las rutinas de nuestras vidas. Socarronería buñuelesca compatible con altas dosis de sarcasmo para (des)enfocar el dispositivo socio-mediático (petimetres y fuerzas) que se esfuerza en diseñar, imponer y controlar nuestro gusto y sensibilidad cultural. Y, como método, la mirada inmisericorde de Haneke para construir/deconstruir la historia y sacudir, desde la risa al estremecimiento, a quienes contemplamos la propuesta. Excesivo y pretencioso podrá decirse, sólo les queda acercarse a la sala para resolverlo, siempre que no olviden que no se trata de una enciclopedia, sino de una narración de 140 minutos.

 

La película nos presenta a Christian, director artístico, o “curator” (¡toma ya!) que se dice ahora, de un museo de arte contemporáneo, embarcado en la presentación de una artista argentina, Lola Arias, mediante la exposición de una de sus obras, The Square, [“El cuadrado”], que pretende constituirse en "Santuario de confianza y cuidado. Dentro, todos compartimos los mismos derechos y las mismas obligaciones". Para contemplar la obra los visitantes del museo deben elegir entre dos accesos: el derecho, para quienes reconocen no confiar en la gente, el izquierdo, para quienes declaran confiar en ella y que deben depositar su móvil y su cartera en un espacio propuesto y accesible a todos.

 

Lógicamente, el cuadrado marca unos límites, que la reflexión del cineasta aplica a situaciones, y desarrolla como subtramas, que afectan a la vida del protagonista y a la de los otros personajes de la película. E intencionalmente a la de los espectadores también. A los límites del arte, a los de las relaciones humanas, a los de los sujetos que convivimos o nos ignoramos en las geografías que pisamos. También a los límites de los discursos y de los pactos que desvelan u ocultan la configuración social. A los que pretenden establecer la divisoria entre lo verdadero y lo falso. A los que marcan la frontera de la confianza como valor de construcción social, sólida o endeble.

 

En mi opinión, como señalo en el título, R. Östlund decididamente apunta a los límites del cosmopolitismo cultural que ha construido  un sistema de ilusiones materializadas en un género de vida, supuestamente, al alcance de todos: el incontinente individualismo, el turismo desenfrenado, la puerilidad de la actitud positiva ante los infortunios (o el paro), la extenuación del aprendizaje permanente y la nadería del entendimiento comunicativo. A mayor gloria del mantra de la búsqueda de la felicidad, servida bajo el placebo del consumismo desmedido y  la publicidad adormecedora que nos hagan olvidar el desengaño e interiorizar la sumisión. Inoculando la degradación de la respuesta política en la cultura de la queja, a beneficio de la soberanía de unas élites, ellas sí cosmopolitas, y de su (excluyente) cultura de la excelencia. Huellas de todo ello pueden contemplarse explícitamente o rastrearse con la atención despierta en la narración de la película.

 

Toda una impugnación de la sociedad del espectáculo que está posibilitando la ruptura entre el yo y el mundo, que realza “lo nuestro” para dinamitar “el nosotros”, que banaliza las diferencia entre lo verdadero y lo falso, en la que lo perverso (lo verán en la película) está justificado si sirve para incrementar la atención de los medios o producir rentabilidad en You Tube (“le interesa monetizar su video”). Sociedad del espectáculo orientada a que todo nos termine siendo indiferente.

 

Pero sociedad del espectáculo, la de la indiferencia y la apariencia, que queda dinamitada si irrumpe el deseo de desear más allá del capricho consumista. El deseo de desear dignidad, acompañado del coraje moral, para romper aquello en lo que la sociedad de consumo y la  codicia de sus élites nos han convertido: necios identificados con unas celebridades inalcanzables y ajenas; y, en el envés, zombis prosaicos desconfiados de nuestros prójimos de barrio.

 

Mundo ilusorio que se viene abajo con la irrupción del grupo de rumanos que tercamente impugnan a Christian y el mundo que representa.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: