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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Primeras andanzas de García Lorca por tierras de Castilla y León (3)

La “Excursión Berrueta” contó desde sus inicios con el apoyo del Ministerio de Instrucción Pública, probablemente, gracias a la protección de Natalio Rivas Santiago, político clave en la vida política granadina. Miembro del Partido Liberal conoció un raudo ascenso político, con 28 años ya era Presidente de la Diputación de Granada; tras su traslado a Madrid, desarrollaría una amplia trayectoria de carácter institucional hasta que, tras el triunfo de Primo de Rivera, se retira de la primera línea de la actividad política como expresión de su rechazo a la Dictadura y retorna al ejercicio de la abogacía; con las elecciones que proporcionaron el triunfo del Frente Popular recuperaría escaño como diputado y, tras la victoria golpista, fue designado procurador en Cortes por Franco en 1949, 1952 y 1955. Durante el Viaje de Estudios que estamos comentando era subsecretario de Instrucción Pública, puesto desde el que informó a las autoridades políticas y académicas de las diferentes localidades por las que transcurrió a fin de que se apoyaran las actividades y visitas programadas, contribuyendo así al éxito del mismo.

 

Ahora bien, pese al interés y dedicación de Domínguez Berrueta a las jornadas de la etapa salmantina la sensación que traslucen las voces publicadas, tanto las de los protagonistas como las de la prensa local, no fue la satisfacción de otras etapas, sino de decepción.

 

Luis Mariscal dedica, en Nuestra Excursión Cultural, tres de sus crónicas al paso por Salamanca. En ellas, realiza una relación exacta de las visitas a los monumentos: instalados en el Hotel Comercio, situado en el solar del actual edificio del Banco de España, inician su visita con la Casa de María la Brava  finalizándola, días después, con la incursión a la Flecha. Toda la  portentosa monumentalidad de la ciudad del Tormes queda registrada, con realce especial de las visitas a la Universidad, San Esteban o el Convento de las Dueñas. El relato también resalta como la riqueza monumental es víctima del vandalismo constructivo denunciando que “Esta es la maldición de Salamanca: teniendo tantos modelos ante sus ojos, destruye y destruye y no sabe edificar, no ve lo que tiene delante, no entona a su ambiente y edifica junto a un palacio monumental una monísima casita de playa”.

 

Con todo, lo que resulta más llamativo es el mutismo que Mariscal ofrece sobre tres incidencias de la estancia en Salamanca: en primer lugar, el encuentro con Unamuno, que sí recoge Berrueta en el balance publicado en Lucidarium (enero de 1917), él lo omite; en segundo lugar, una lacónica nota resume el acto celebrado en el Paraninfo sin reflejar los contenidos del mismo: su discurso sobre el poeta Cándido R. Pinilla, la alocución de Gómez Ortega, otro de los estudiantes granadinos, sobre las excursiones y clases promovidas por Berrueta y la intervención al piano de García Lorca como cierre del acto, todos quedan inéditos en su relato; y, finalmente y por ende, ningún tipo de comentario valorativo sobre el resultado de esa velada cultural. En mi opinión, y leídas el resto de las crónicas, sólo cabe calificar la experiencia salmantina como un fiasco. Primero por producirse en una ciudad de marca y tradición universitaria y después porque el esfuerzo preparatorio realizado por el profesor Berrueta, dados sus vínculos con la ciudad, fue intenso. Ese fracaso, explícitamente excluido, terminará imponiéndose a través de una carta y un recorte de prensa que se le remite a Martín D. Berrueta. Recorte que es tratado de manera irónica por Mariscal, pero que obligó a realizar una sesión extraordinaria de los excursionistas en la que “se leyó en voz alta y (provocando) una exclamación de asombro (que) salió de todos los labios” y que se recoge al final de su crónica sobre Zamora.

 

Los diarios de la ciudad, El Salmantino y El Adelanto, reseñaron en varias ocasiones la estancia de los participantes del Viaje de Estudios en Salamanca, si bien el tratamiento dado fue diferente. El Adelanto del 24 de octubre expone en una medida nota periodística el desarrollo del acto recogiendo explicativamente todas las intervenciones, desde la del vicerrector Sr. Esperabé hasta el cierre musical de García Lorca. De Berrueta muestra una intervención escueta, y probablemente desencantada, “a Salamanca no se viene a enseñar sino a aprender”, ensalza las intervenciones de los alumnos granadinos y alaba la acreditada composición y ejecución de una composición granadina por García Lorca. Mayor acritud trasluce la columna de El Salmantino, “La Velada de anoche”, en la que se refleja la queja del Sr. Meneu de “que los catedráticos no asistieran sino en número escasísimo y los alumnos en poco más”. Sentimiento que debió mover a Berrueta resolviendo su intervención “en cuatro palabras, que estaba acostumbrado a tales casos, que no le tocaba hablar porque se hallaba en su patria y que las obras indicarían su labor”. El redactor se muestra inmisericorde con la intervención de Gómez Ortega despachándose con un “no pudimos entender lo que era su clase ni lo que sus excursiones: si no son las que hizo él por terrenos vedados”. La columna se cierra con una réplica a la valoración que debieron hacerse sobre algunas obras artísticas y consideraciones históricas de los oradores.

 

Desde finales de la Baja Edad Media Salamanca había sido una ciudad de bandos enfrentados y, como señalé en la entrada anterior, en el primer tercio del siglo XX, con España atravesada por una grave crisis de régimen, esas banderías ciudadanas se reforzaban y se aplicaban con intransigencia por parte de quienes se consideraban detentadores del purismo charrista. Las filias y las fobias de los diferentes sectores eran alimentadas de forma ordinaria en las tertulias del Círculo Mercantil, del Casino o de La Perla, tenían una rutinaria cristalización en los banquetes que se celebraban en el Fornos, el Suizo o el Pasaje y eran escenificadas en los masivos convites que, de manera ocasional, se oficiaban en alguno de los teatros. Si se analizan las exhaustivas listas de asistentes que recogen los diarios puede concluirse cuan “prietas las filas” eran las tropas de cada facción: apenas hubo movimiento de trasvases, el inmovilismo atenazaba cualquier dinámica de cambio. 

 

En fin, con toda seguridad, podemos colegir que la visita organizada por Martín Dominguez Berrueta para sus alumnos granadinos fue curioso campo de batalla de un nuevo ajuste de cuentas de las banderías salmantinas, del choque entre el provinciano salmantinismo y la innovación, de raíces institucionalistas, abanderada por el catedrático emigrado a la Universidad de Granada.

 

Pese a este inicial fracaso el Viaje de Estudios transcurrió con éxito completo en las siguientes etapas. Eso sí, como podremos comentar, con desencuentros y tensiones. Como en cualquier excursión más o menos larga.   

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