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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Primeras andanzas de García Lorca por tierras de Castilla y León (2)

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Este periplo iniciático por tierras de los antiguos reinos de León, Castilla y Galicia Henrique Alvarellos, certeramente, lo ha denominado De la Alhambra a la Quintana. En la recuperación que efectúa, tres son las voces que, con diferente perspectiva, nos permiten descubrir la importancia del mismo y el impacto que tuvo en sus participantes. Esas voces son las de Martín Domínguez Berrueta, el profesor impulsor del viaje, Luis Mariscal Parado, designado secretario del mismo, y Federico García Lorca en el que germinará una transformación portentosa durante su realización.

Luis Mariscal Parado es el alumno que ejerce de gestor activo del viaje en sus aspectos organizativos, a la par que de cronista aplicado  de su decurso. En el perfil que de él expone Juan Luis Tapia, Luis Mariscal, el discípulo amado del profesor Berrueta, queda claro que ambas facetas habían ido gestándose con su participación en la tertulia El Rinconcillo, que tenía su sede en el Café Alameda de la capital nazarí. La tertulia surgió en un intento por romper con el alhambrismo superficial y en ella fue formándose, entre 1915 y 1929, una innovadora, nutrida y diversa generación artística granadina del siglo XX. Los 24 relatos que se anudan en la Crónica de Mariscal, de entrada, persiguen el intento de reflejar no sólo el recuento de los monumentos, anécdotas o encuentros que se produjeron en cada ciudad, “sino más bien el contenido emocional que… (esos hechos) poseen”. Además, los artículos desvelan parte del curriculum oculto, diríamos ayer, que nutre las excursiones pedagógicas: por una parte, superar, dando a conocer su arte y su historia, “la reducción geográfica” a la que están sometidas la mayoría de las regiones españolas en la percepción de la ciudadanía; por otra, el papel que quieren jugar las charlas que imparten en cada ciudad: “hacer campaña de depuración artística contra los atropellos que la urbanización y el modernismo realizan alevosa e innecesariamente”. Desde luego, su trabajo sustentaría un catálogo de la ingeniería de la destrucción que han conocido esas ciudades en aras de la modernidad, al amparo de la desidia de muchos de sus responsables municipales. Finalmente, Luis Mariscal expresa las dificultades a las que se enfrenta la tarea que pretenden abordar y señala que solamente con organización precisa del orden del día, “distribución matemática” del tiempo y colaboración de todos los agentes implicados era posible culminarla. Me parece indiscutible que sin su capacidad organizativa y sin su esfuerzo narrativo, el conocimiento de la “Excursión Berrueta”  no habría alcanzado ni reconocimiento, ni repercusión nacional.

 

 

Martín Domínguez Berrueta será uno de los grandes promotores de las excursiones pedagógicas en el sistema educativo hispano. Salmantino de origen (1869), aunque burgalés por sentimiento y opción, Ian Gibson le caracteriza como ‘ese romántico de Burgos’. Olvidado durante largo tiempo, su trayectoria, su quehacer y la memoria de ellas han sido recuperadas en el trabajo de María J. Jabato Dehesa: Martín Domínguez Berrueta: luz en la sombra. (Real Academia Burguense de Historia y Bellas Artes-Institución Fernán González, Burgos, 2014). Estudiante en la Universidad de Salamanca, desempeña plaza de Profesor Auxiliar de Letras a la par que ejerce como periodista, combinando la tensión entre sus firmes creencias católicas con el combate contra el marco conceptual y la atmósfera dominante entre las élites propietarias e intelectuales charras que conformaban el “salmantinismo cultural” -expresado en los añejos hábitos de autista complacencia, trasnochado conservadurismo y tradicionalismo religioso-  arraigado y reproducido entre la mayaría de la sociedad. En la Salamanca de los primeros lustros del siglo XX fue beligerante defensor de la separación Iglesia y Estado, militó a favor del cambio cultural y de la renovación de la práctica educativa, y manifestó su apoyo al reformismo social, traducido en la exigencia del mejoramiento de la ciudad en los ámbitos de la limpieza, higiene y salubridad, así como en el impulso de las infraestructuras del transporte público. Sus relaciones con Miguel de Unamuno no debieron ser fáciles, pues junto a estos valores, fue hombre de carácter vehemente, maneras vanidosas y, probablemente, de talante intelectual arrogante. Y, al parecer, se transformaron en conflictivas dada su defensa de la reforma universitaria y de la apertura internacional. Este perfil personal, social e intelectual y su adhesión a los planteamientos de la Institución Libre de Enseñanza guiaron la acción de Domínguez Berrueta como Catedrático de Teoría de la Literatura y de las Artes de la Universidad de Granada, allí fue muñidor de un activo programa de excursiones con universitarios desde el verano de 1916 a finales de 1918. Situar al alumno en el núcleo de la actividad educativa y promover su acceso al conocimiento ligado a las fuentes, liberado de hojarasca libresca y vitalizado por la experimentación constituían la entraña de su tarea docente. La pasión artística y su energía cuasi juvenil, reflejada por Mariscal y por García Lorca, ayudaron al éxito de los viajes, tanto como a algunos momentos de tensión.  

 

 

La incorporación de Federico García Lorca a los viajes de la Cátedra que dirigía Berrueta se realizó en el verano de 1916. Su incorporación a dichos viaje se realiza, marcado por la muerte de Antonio Segura Mesa, mayo de 1916, su preceptor musical durante largo tiempo. Su papel en los viajes se materializa como pianista en ciernes, posibilitando un cierre musical a las veladas artístico-literarias que se incluían en las visitas a las diferentes ciudades. Alvarellos Casas reúne junto a las páginas de Impresiones y paisajes, primera publicación de García Lorca, las cartas y telegramas, que conocemos, enviadas a su familia en el transcurso de la excursión. El lenguaje que Lorca utiliza en estos últimos es eminentemente práctico, de tono embaucador al dirigirse a las mujeres de la familia, anunciándoles regalos, y, al dirigirse a su padre, en tono de satisfacción sobre el desarrollo del viaje, todo para reforzar la permanente demanda de provisión de fondos. Por el contrario, en las primeras, el esfuerzo se dirige a materializan sus percepciones artísticas: “(Ávila) es una joya de arte, es como si la edad media se hubiera levantado del suelo”; “la enorme calva bizantina del Cimborrio (de la Catedral de Zamora) se mira en las aguas profundas”; “la gaita gallega tiene sonidos de miel, sus melodías huelen a cantueso y a tomillo”. También a expresar las diferencias entre el paisaje gallego y castellano: “En el centro de la ría hay una isla de verdura; al fondo entre tenues gasas de neblina, lejos, muy lejos, el mar”, “Sobre el campo castellano, plomiza niebla azul da transparencias acuosas y fantásticas a las cosas. Ningún color definido en la plancha pesada del suelo”. Como vemos primeras tentativas por formular un estilo personal y expresivo de la experiencia cotidiana y que también se expresa en sus críticas al asilo de huérfanos de Bonaval o al acartonamiento religioso de la Cartuja burgalesa.

 

Apuntamos por tanto diferentes usos del lenguaje que promueven diferentes percepciones de la experiencia y que condicionaron, como veremos en la siguiente entrega, encuentros y desencuentros producidos en el transcurso de la experiencia.

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