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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Ecos del 68 (4): Brotes, epidemia, pandemia y endemia

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Cerraba la entrega anterior con la cita de L. Bantigny señalando que la agitación contestataria del mayo francés fue algo más que primaveral y estudiantil.

Como diría cualquier especialista en políticas de salud pública aquello podía considerarse un brote y, como tal, exige  considerarlo como posible expresión inicial de una epidemia. Parece claro que la autoridad competente no supo definir el caso y, a la vista está, tampoco acertó en la determinación de su alcance. El estallido de mayo era una nueva señal de las que, con frecuencia ascendente, venía marcando la sociedad francesa en la curva epidémica del descontento.

 

mayo francesLa movilización contra la guerra de Argelia, que tuvo su epicentro en la Universidad, había servido para cuestionar la complaciente actitud de los franceses ante las condenas de muerte a los militantes del FLN y la brutal represión sobre el conjunto de la población argelina. También ayudó a desnudar las vergüenzas de la izquierda francesa, tanto de su línea socialista, el presidente Guy Mollet había exigido plenos poderes para adelantar la incorporación a filas a quintos de reemplazo, como de la comunista, el PCF había respaldado dicha política. Por último, aquella movilización permitió la consolidación/transformación de una organización, la Unión Nacional de Estudiantes Franceses (UNEF), en un sindicato. La lucha (curso 1959-60) contra la supresión de un privilegio corporativo, la prórroga en incorporación al servicio militar de los universitarios, se convierte, a comienzos de los sesenta, en una organización con capacidad para jugar un papel político contra la  ofensiva de la ultraderechista OAS (Organización Militar Secreta) y a favor de la independencia de Argelia. Alcanzada ésta, la UNEF se convirtió en el eje del debate sobre el estatuto del estudiante y el papel de la Universidad que demandaba el cambio del modo de educación elitista de las sociedades tradicionales al modo de educación tecnocrática del capitalismo avanzado, impulsando la acción de los GTU (Groupes de Travail Universitaires) como núcleos de estudio y propuesta de reformas y como plataformas de agitación y protesta.

 

Con anterioridad al brote de mayo habían aparecido otros sarpullidos: el rechazo, durante 1966, a las intenciones del “plan Fouchet”, que pretendía reforzar las trabas selectivas de acceso y vincular el sistema educativo a las necesidades empresariales, la reivindicación de residencias estudiantiles mixtas a finales del 67 o las manifestaciones de febrero del 68 contra la intervención americana en Vietnam. La universidad de Nanterre, la más nueva de las Universidades, y su Movimiento del 22 de marzo se mostraba como el foco viral más activo, pero la  enfermedad rebrotaba en Lyon, Nantes, Estrasburgo y otros centros universitarios.

 

La epidemia de protesta estudiantil era incontestable y venía atizada por el denso tráfico de ideas que comienza a producirse en aquellos años: de Sartre a Althusser, de S. Freud a W. Reich, de Marx a Marcuse, el progresivo retorno de Nietzsche o la incipiente irrupción de los Debord, Derrida, Deleuze y Guattari. Si bien el explosivo más potente debió constituirlo la publicación de Los herederos: Los estudiantes y la cultura (1964), de Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron, que pertrechó de un aparato analítico crítico a una parte significativa del movimiento, a la vez que desvelaba el papel de los exámenes, la función de la escuela y el anclaje social del éxito académico. El impulso hacia el acercamiento entre el debate estudiantil y el conflicto laboral crecía y si Nanterre fue el foco más pujante de la epidemia estudiantil no lo fue sólo por su condición de universidad nueva, con el ritual corporativo diluido, ni por su efervescencia ideológica, algún papel debió jugar la experimentación de la infradotación del nuevo distrito, el aislamiento en un contexto espacial cuasi vacío y la cercanía de un suburbio (bidonville) reventado de paro y emigración.

 

Dos errores capitales de Jean Roche, rector de Nanterre, la ruptura del fuero universitario permitiendo la entrada de la policía al recinto y el cierre del campus facilitando el desplazamiento de los estudiantes a la Sorbona, contribuyó a la migración del virus a la capital francesa. El 3 de mayo se produce una fuerte concentración en la Sorbona disuelta, por la tarde, por el allanamiento policial. El cierre de la Sorbona, los duros enfrentamientos entre estudiantes y policías y cerca de 600 arrestos terminarán provocando la primera noche de las barricadas y, en la madrugada, la convocatoria de huelga general en la Universidad. L´Humanité, órgano de expresión del PCF, editorializa señalando que “estos hechos revolucionarios deben ser decididamente desenmascarados, pues, objetivamente, sirven a los intereses del poder gaullista… buscando dañar al movimiento democrático disfrazándose de fraseología revolucionaria”.

 

El llamamiento a la firmeza de De Gaulle no apaciguaba, sino que multiplicaba la infección. El 6 de mayo la movilización salta a diferentes departamentos y el día 7 millares de manifestantes (La Larga Marcha) ocupan el centro de París y La Internacional atruena en el entorno del Arco de Triunfo. Una durísima confrontación se produce el 10 de mayo (La noche de las barricadas): 376 heridos, de los que 251 son policías, 468 detenciones y un paisaje de coches destruidos posibilitó el salto del ámbito estudiantil al universo laboral: el11 de mayo los sindicatos obreros, CGT y CFDT, convocan por vez primera una huelga general, junto con los estudiantes, para el 13 de mayo. La confluencia entre estudiantes y trabajadores, “la soldadura Marcuse”, no fue fácil y nunca llegó a estructurarse de forma sólida, pero posibilitó la transformación de la epidemia estudiantil en una, más que notable, pandemia social.

 

Más de 1.000.000 sale a la calle y, a partir de ese día, una oleada de ocupación de empresas recorre Francia: Sud-Aviation es tomada, todos los centros Renault paran y algunos son ocupados, Rhodiacéta, líder en Francia en el campo de los hilos sintéticos, ve paralizadas todas sus fábricas, se ocupa el centro de clasificación de Correos, Air France y SNCF, la Renfe francesa, cesan su actividad. El 25 de mayo Pompidou convoca una reunión Sindicatos-Patronal-Gobierno en los locales del Ministerio de Acción Social. Los Acuerdos de Granelle, así llamados por alcanzarse en la calle del Ministerio, establecían aumentos salariales del 10%, un incremento del 35% del salario mínimo interprofesional, la inclusión de la cuarta semana de vacaciones y la aceptación de la creación de sindicatos de empresa. Las bases sindicales impiden la firma al rechazar los acuerdos y exigir la retirada de la dirigencia sindical y, sin embargo, fueron aplicados en su extensión. A 27 de mayo, tras 15 días de huelga, unos 10 millones de trabajadores y trabajadoras mantienen su apoyo y las manifestaciones se acercan, cada vez más, al Eliseo. La huelga continúa, el gobierno ha perdido el control del país y el desconcierto político persiste.

 

Y De Gaulle, el 29 de mayo, desaparece, la estupefacción abarcaba a los dirigentes gubernamentales y a los de la oposición. Según todos los testimonios, salvo su yerno, el general de Boissieu, nadie sabía dónde estaba.  Sólo después se supo que se había trasladado secretamente a Baden-Baden para entrevistarse con el General Massu, comandante de las tropas francesas en Alemania, y con el Teniente General Beauvallet, gobernador militar de Metz y comandante de la Sexta Región Militar. La mayoría de los analistas piensan que el Presidente fue a comunicar a sus conmilitones su rendición, otros consideran  que esta salida precipitada fue solo un truco diseñado para preparar el contraataque. En cualquiera de los casos el movimiento fue efectivo. Regresa al día siguiente, deshecha la opción del referéndum y convoca elecciones generales para el 23 y 30 de junio.

 

A partir de ese momento la relación comienza a invertirse: el movimiento contestatario comienza a diluirse y las fuerzas del sistema recuperan la iniciativa. La noche del 30 de mayo una notable manifestación de apoyo a De Gaulle recorre París, la izquierda parlamentaria comienza a enfrentarse, se inicia la vuelta al trabajo en las fábricas, las manifestaciones pro-gaullistas se visibilizan en varias ciudades y el PCF, el 12 de junio, reclama la normalización laboral “para que las elecciones tengan lugar y se complete la victoria de la clase obrera”. La Universidad convoca exámenes y la cercanía del verano empuja a todos a las vacaciones. Esto es lo que nos han contado.

 

Habría que añadir lo que se nos oculta: la persecución policial sobre los referentes del movimiento se multiplica, todas las formaciones de la izquierda radical son ilegalizadas el 12 de junio, durante todo ese mes se produjeron inusitadas maniobras de las tropas francesas en diferentes lugares de la geografía franca. Y el runrún permanente sobre la tranferencia desde Alemania de la mitad de las tropas francesas, cerca de treinta mil soldados, no precisamente para votar.

 

La victoria electoral del gaullismo fue incontestable: 294 escaños que contarían con el respaldo de 64 republicanos independientes. Tan incontestable como la derrota de la izquierda: 127, poco más del 26% de la Asamblea legislativa.

 

Las conmemoraciones del mayo francés, con la inestimable aportación de sus líderes arrepentidos, ha buscado señalar que “aquello ni fue para tanto y que, desde luego, hoy es irrepetible”, por decirlo en román paladino. Es decir, aquello no tuvo futuro y vivimos en el mejor de los mundos. Olvidando otro de los presupuestos de las políticas de salud pública: si aquello estalló es porque existían unas condiciones endémicas que lo posibilitaron: unas relaciones sociales injustas, un desarrollo económico desigual y un malestar creciente. O sea, una vida invivible. El imaginario político para revertirla ha fracasado, hasta el momento. Pero el deseo de autonomía individual y social y de materializarla en todo orden de relaciones sigue agitándose contra la endemia.   

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