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Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Ecos del 68 (2): En Santiago antes que en París

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El Santiago al que nos referimos es el de Compostela. Porque, como indicábamos al final de la entrega anterior, la Dictadura franquista no pudo mantenerse al margen de la crisis de época que zarandeó, en la década de los 60, a muy diferentes países.

Desde finales de los años 50, las élites franquistas comenzaron a enzarzarse en disputas y refriegas que, enraizadas en el doble eje que organizaba su configuración (autárquicos/liberalizadores, en lo económico y falangistas/católicos, en lo ideológico),  repicaban en el funcionamiento institucional del régimen autocrático.

 

Por su parte, en aquella época, la clase obrera española vuelve a hacerse visible mediante una conflictividad intermitente, aunque repetitiva y pujante, que le facilita, a la vez, una creciente reestructuración organizativa. Asimismo, desde mediados de los 50, el movimiento estudiantil produjo movilizaciones impugnando los rígidos usos y costumbres vigentes en sus facultades y a favor de la renovación intelectual y democratización de su funcionamiento.

 

En los comienzos del curso 1967-68, la universidad española conoció una efervescencia sostenida: el acceso de cohortes generacionales ajenas a la guerra, con un equilibrio diferente de orígenes sociales y una cambiante composición del peso de las mujeres, estaba alterando el perfil tradicional del estudiantado universitario. La liquidación de las estructuras del SEU y la autorización de las Asociaciones de Estudiantes permitieron la elección de representantes de curso desde las que se avanzó, desbordando la legalidad, a la creación de Cámaras de representantes de Facultad, la celebración de asambleas normalizadas y el nacimiento del Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios en varios distritos. Es cierto que las movilizaciones de 1965 en la Complutense convulsionaron fuertemente al mundo académico con la expulsión, inhabilitación o exilio de siete emblemáticos catedráticos; también lo es que el asalto policial al Convento de Capuchinos de Sarriá, en 1966, alcanzó una enorme repercusión internacional y un seísmo nacional por la presencia de monjes en una reunión clandestina. Pero en este terreno, como en tantos otros de la historia española, las tareas para la recuperación de la memoria histórica han permitido rescatar un hecho clave de las luchas estudiantiles hispanas y para el desarrollo social de Galicia: las movilizaciones compostelanas de 1968. El excepcional trabajo de Ricardo Gurriarán, el compromiso de la Fundación 10 de marzo de CC.OO. y la implicación del equipo rectoral de Senén Barro Ameneiro nos ha permitido recobrar y poner en valor este excepcional acontecimiento.

 

El conflicto se gesta cuando el Decano de Ciencias, Ocón García, se niega a reconocer la representatividad de los delegados electos y rechaza entregarles el control de las cuotas para actividades culturales que se pagaba con las matrículas. Ante la negativa a negociar, se anuncia una asamblea de Facultad a comienzos de marzo que Ocón desautoriza y avisa a la policía para impedirla. El desalojo violento produce la convocatoria de una huelga de seguimiento masivo en toda la Universidad y la celebración de un encierro de más de 1.500 estudiantes entre el 9 y 12 de marzo, durante el cual se produjeron múltiples actividades culturales y el himno bandera del movimiento pro derechos civiles popularizado por Joan Baez, “We shall overcome”, será traducido como el “Venceremos nós”. Desalojados de la sede universitaria los estudiantes siguieron sosteniendo la huelga mediante asambleas en las calles y movilizaciones puntuales. El 28 de marzo el Director General de Universidades, Hernández Díaz, llega a Santiago para presidir una Junta de Gobierno, con rango de Consejo Universitario de Disciplina. Según consta en el acta, Hernández Díaz, efectúa una valoración política del conflicto: “(…) el problema planteado en Santiago es, quizá, el de mayor crisis de la Autoridad Académica dentro de la Universidad española y por ello es necesario darle una solución que deje a salvo a la Autoridad. Aquí el problema se plantea no con un carácter exclusivamente académico, sino como una parte del problema nacional e internacional, de tipo político, aunque con matices diferentes según las naciones y las circunstancias”.

 

Las consecuencias que se derivaron de aquella Junta Universitaria produjeron unas “duras sanciones para los dirigentes más activos” con pérdida de derechos académicos e,  inmediatamente, la convocatoria de una multitudinaria Asamblea en Medicina, que fue durísimamente reprimida por la policía con heridos y detenciones. El incremento de la conflictividad  cristalizó en el apedreamiento, con adoquines, por un numeroso grupo, del tren en el que retornaba a Madrid el Director General, que le obligó a desplazarse a otra estación. Y, ésa misma noche, Lora Tamayo, presentaba su dimisión como Ministro de Educación. El conflicto daba un salto cualitativo y no dejaba de crecer. Como respuesta, el  Gobernador civil ordena la detención de nueve dirigentes a los que impone multas de 35.000 pesetas, pero los estudiantes no ceden y, por el contrario, comienzan a emitirse signos entre el profesorado de rechazo a las sanciones. Y, además, se extiende al conjunto de la sociedad compostelana: en las parroquias se emiten homilías de apoyo a la lucha estudiantil, el cardenal Quiroga intenta hacer gestos de llamada a la conciliación y el Gobernador Civil, para apaciguar la tensión, emite una nota de agradecimiento a la propuesta eclesial. El equipo rectoral adelanta las vacaciones de Semana Santa en un intento de disolver el movimiento y el 4 de abril son liberados los detenidos. En el retorno a las aulas, las asambleas estudiantiles deciden dar un plazo de 10 días para que sus reivindicaciones sean satisfechas: un referéndum el 2 de mayo con la participación de 3/4 partes del alumnado arroja un 54% favorable a proseguir el conflicto y para evitarlo el rector anuncia la suspensión de las sanciones académicas y la disposición de los fondos para actividades culturales: definitivamente los estudiantes habían ganado. Ningún otro conflicto estudiantil en el franquismo ocasionó semejante ristra de cadáveres: el Ministro del ramo, dimitido; cesados un Director General de Universidades y un Gobernador Civil; Ocón García, Decano de Ciencias que hizo saltar la chispa,  desplazado a la Laguna y, finalmente, el rector Echeverri sustituido por el opusdeísta García Garrido. La inteligencia del movimiento y sus dirigentes en el manejo de la dinámica acción/reacción, en la habilidad para ir ganando acumulación de fuerza movilizadora y de solidaridad social, en el genio para evitar la tentación de la radicalización y en la valentía para sortear las trampas, amenazas y sanciones de las autoridades políticas y académicas convierten este conflicto en uno de los sucesos más importantes y fructíferos del 68. Más allá del ombliguismo madrileño y de la obsesión singularista barcelonesa hubo revueltas estudiantiles en diversos distritos españoles, pero ninguna con la dimensión y efectos como ésta. Y, avant la lettre, claramente sesentayochista.

 

No se trata ni de comparar, ni de jerarquizar, pero considero justo reivindicar la memoria de un hecho que sirve para dignificar unas luchas minimizadas y olvidadas por la historia oficial. Y, desde luego, es de rigor histórico recordar que la Universidad compostelana llevaba tres semanas de conflicto en las aulas y en las calles cuando Nanterre dio a luz el “Manifiesto 22 de marzo” que puso en marcha el mayo francés, y que cuando los estudiantes franceses comenzaban sus manifestaciones el 2 de mayo, los compostelanos reingresaban en las aulas con un triunfo no solo moral, sino efectivo. Eso sí, como todos los logros, con un coste doloroso por los 13 dirigentes sancionados y expulsados de la Universidad.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Angel Luis Domínguez 02/05/2018 13:54 #1
Gracias, maestro. Cuánto nos falta por recobrar la memoria histórica y ponerla en su justo lugar, para que no se repita, para que se repare y se haga justicia.

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