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Andrés Macario
Blog sobre transformación digital de Andrés Macario

Póngame una arroba

Simbolo arroba detail

A los de nuestra quinta todavía nos suena haber oído hablar de la arroba como medida de peso: la cuarta parte de un quintal, para ser más exactos, que vienen a ser unos once kilos y medio. Los millennials han conocido la arroba como símbolo naturalmente vinculado a internet, que ha eclipsado cualquier otro uso, y probablemente no les suene a nada más. La arroba no solamente es una medida que se usaba frecuentemente en el comercio medieval español y europeo, sino que también hay constancia escrita desde el siglo XV del uso del símbolo “@” para referirse a dicha medida.

Los anglosajones como siempre nos llevan la delantera en las cosas de Internet. Desde aquéllos tiempos de mercaderes acostumbraron a usar el símbolo de la arroba para abreviar la palabra at(que significa “en” o “junto a”). Muy prácticos, como siempre, redujeron una preposición de dos letras a un símbolo. Tal era la intensidad de su uso que en las primeras máquinas de escribir, en el todavía reciente siglo XIX, incluyeron una tecla con el grafema “@”. Hoy, si viéramos una de esas máquinas, probablemente pensaríamos que ha sido una broma de algún bloguero, una de esas ideas en forma de meme.

 

Así que, cuando un angloparlante coloca la arroba antes de su nombre de usuario en una red social o antes del dominio en una dirección de correo electrónico, está indicando, de forma natural y bajo tradición centenaria, que puedes encontrarlo “en” determinado sitio de Internet. Pero, ¿por qué tengo que ser @andresmacariog en Twitter y no Andrés Macario sin más? Hablamos de una red social global donde cada nombre de usuario tiene que ser único en el mundo. Twitter ha diseñado un apodo con un máximo de 15 caracteres que de momento es suficiente, aunque cada vez es más difícil encontrar un usuario libre que sea algo parecido a nuestro nombre.

 

Hasta el momento Internet, las redes sociales y todo lo relacionado con la economía digital lo hemos adoptado como adaptación del mundo físico en el que vivíamos. Todos hemos visto páginas web de empresas que eran meras traslaciones de dosieres impresos y los primeros teléfonos móviles eran lo más parecido a los de casa aunque su tecnología no tuviera nada en común. Poco a poco el mundo digital va generando sus propias reglas y entornos. Si hablamos a un centennial de la economía digital nos mirará con extrañeza, porque no ha conocido otra y no encuentra fronteras con la física. Entonces, ¿por qué tiene que ser todo tan forzado?

 

Nosotros no estábamos acostumbrados a utilizar el símbolo de la arroba. Lo hemos tenido que incorporar como un alien a nuestros teclados, nombres y mensajes. Es frecuente que nos cueste encontrar a amigos y conocidos en las redes, con rebuscados usuarios alfanuméricos. Tenemos un número de identidad oficial en nuestros carnés, un número de móvil irrepetible con once dígitos, un nombre y apellidos, y a todo eso debemos agregar artificios para identificarnos. ¡No uno sino uno por cada red! Y aun así, muchos de los usuarios no corresponden a personas de carne y hueso. ¿Es necesario todo este entramado?

 

Nos comunicamos por distintas redes sociales, frecuentemente con las mismas personas. ¿Por qué lo hacemos? ¿Depende del tipo de asunto que tratemos, si es personal o de trabajo, por ejemplo? Al principio puede que sea así, hasta que un día nos sorprendemos felicitando el cumpleaños a un amigo en LinkedIn, que se suponía que era una red para tratar temas profesionales, seguramente porque es la red por la que nos ha llegado el aviso de su aniversario. La verdad es que no podemos dividirnos como profesionales y como personas. ¿Estamos convencidos de que debemos adaptar nuestra forma de comportarnos a la herramienta que estemos utilizando?

 

Encima las redes sociales se actualizan y cambian cada dos por tres de interfaz de usuario o, lo que es lo mismo, de aspecto y disposición de las distintas utilidades. Puede que sea para facilitar su uso o quizá para medir mejor nuestras acciones y poder justificar así el valor que aportan a sus clientes. O sea, que pueda haber una marca que acceda a patrocinar nuestro “feliz cumpleaños”. ¡Y siempre gratis! Pero todo esto tiene que cambiar. Tiene que ser mucho más natural.

 

La economía digital se normalizará para volver a ser sólo economía. El mundo digital volverá a ser mundo sin más. Y entonces serán las herramientas las que se adapten a nuestros usos y costumbres, a nuestra forma de comunicarnos y relacionarnos. Lo importante no será la red social que elijamos sino la persona con la que nos queremos comunicar. Los amigos lo serán sin necesidad de que les etiquetemos como tales. Y no tendremos seguidores sino relaciones asimétricas con mayor o menor cercanía. Vamos, ¡como toda la vida!

 

Andrés Macario Gañán es el director general de Vacolba, partner de negocio orientado a la venta en el entorno digital. La clave de su éxito es el foco en resultados, la excelencia en el desempeño y la flexibilidad en la implementación. Ofrece una solución llave en mano, acercándose al usuario final a través de profesionales especialistas en ventas de calidad.

 

Vacolba nació para ayudar a las empresas a impulsar sus ventas en el nuevo entorno digital y se ha consolidado como partner de importantes marcas como Vodafone, Movistar, Sanitas y Tyco.

 

Andrés está muy presente en el mundo digital a través de su blog andresmacario.com y su cuenta en Twitter @andresmacariog donde ofrece consejos para la transformación digital de las organizaciones y pautas para ser CEO digital. Además escribe en blogs como CEO digital en Tribuna, ‘Con Tu Negocio’, ‘TICs y Formación’ o ‘PuroMarketing’.

 

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