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Andrés Macario
Blog sobre transformación digital de Andrés Macario

Emoji, el lenguaje del siglo XXI

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­­El lenguaje es un instrumento universal que une a toda la humanidad y nos diferencia del resto de los animales. Sin embargo, la concreción de ese lenguaje en diferentes idiomas es, probablemente, lo que más nos diferencia entre iguales y, a veces, incluso nos enfrenta.

Lenguajes para unir

 

Las lenguas tienen un origen natural en la evolución del ser humano. De entre los intentos planificados de inventar un sistema de comunicación común a todas las naciones podemos citar el morse y el esperanto. El morse es un sistema de rayas y puntos; en esto recuerda al binario de la informática. Sin embargo el morse, desarrollado durante el primer tercio del siglo XIX, fue la forma de transmitir caracteres a través del telégrafo. Caracteres que, a su vez, corresponden a un idioma concreto. Aquello fue un gran avance porque permitía la comunicación entre lugares apartados antes inconexos. Pero la tecnología de la comunicación lo dejó pronto obsoleto, más allá de alguna llamada de emergencia tipo S.O.S.

 

El esperanto, que llegó al final del siglo XIX, sí que fue un intento de desarrollar una lengua sencilla que pudiera llegar a ser compartida por toda la humanidad. O al menos por toda una clase culta mundial que estuviera dispuesta a aprenderlo. Sin embargo, no es introducir un nuevo lenguaje en un mundo parcelado por unos siete mil idiomas de los cuales, el noventa por ciento, son hablados por menos de cien mil personas. ¿Cómo hacerse hueco? El esperanto ha tenido relativo éxito, siendo la lengua planificada más extendida en el planeta: aunque no hay fuentes oficiales hay quien calcula que sobrepasa el millón de hablantes. Y también ha sido adoptada por servicios digitales como el traductor de Google o la red social por excelencia Facebook. Aun así, sigue sin unir a la población mundial.

 

La lengua de signos, por otra parte, sí es una lengua natural, de carácter visual y gestual, desarrollada por la comunidad de personas sordas. Poseen su propia gramática y constituyen una forma de comunicación completa. Sin embargo, precisamente por tratarse de lenguas naturales, cada comunidad ha desarrollado su propia lengua de signos, por lo que cada país posee una o varias lenguas de signos. En España, por ejemplo, se reconocen la lengua de signos española y la lengua de signos catalana. Se trata de un lenguaje práctico para las comunicaciones orales, pero no tanto para las escritas. Y, en todo caso, para que pudiera unir a las poblaciones tendría que basarse en un nuevo idioma universal.

 

Un mundo lleno de lenguas

 

Existen varios idiomas que dominan el mundo y que es posible que no dejen espacio para otros nuevos. Es el caso del chino. En China viven casi mil cuatrocientos millones de personas, de los cuales, algo más de mil millones hablan el chino mandarín. Así que, a pesar de ser el idioma más hablado del mundo, ni siquiera es capaz de unir a todo un país. El caso del inglés es de todos conocido: lo hablan casi mil millones de personas en el mundo (hay quien dice que más), de las cuales la tercera parte lo usan como lengua nativa. Y nuestro querido español lo hablan más de quinientos millones, de los cuales por encima de cuatrocientos son hablantes nativos. Estos últimos, junto con el francés y el portugués, unen a la mayoría de habitantes occidentales. Pero siguen levantando multitud de barreras.

 

Los medios digitales se espera que terminen solventando estos problemas de entendimiento, más por la vía de la traducción que de la unificación. Los traductores han mejorado y también las máquinas que interpretan el lenguaje hablado, para un número limitado de idiomas. Las deficiencias siguen siendo sangrantes, para desesperación de muchos tecnófilos adelantados probando, por ejemplo, sus nuevos robots para el hogar. En ambos casos, la tecnología lleva un componente importante que es la del aprendizaje. El aprendizaje debería lograr una progresión exponencial de estas tecnologías, aunque todavía se ven lejos de ofrecernos comodidad y la confianza de expresarnos de una manera familiar.

 

Enfrascados, como estamos, en el mundo digital, ha llegado a nuestras vidas, sin ser advertido, un lenguaje muy importante que hemos rescatado del Antiguo Egipto: se trata de la comunicación mediante pictogramas. Lo que para Keops eran los jeroglíficos, para Iker son los emoticonos. Cuando el Oxford Dictionary nombró como palabra del año 2015 la carita llorando de alegría, nos dimos cuenta de que estábamos en un nuevo periodo de la comunicación.

 

Iconos que emocionan

 

Lo que todos conocemos como “emoticonos” tiene su origen en el japonés “Emoji” que significa “carácter de imagen”. Se trata de una serie de símbolos que emulan el lenguaje no verbal en la comunicación oral. Los emoticonos tienen la capacidad de despertar discretos hilos emocionales en nuestra expresión facial, al modo que lo hace el lenguaje corporal o incluso la entonación. Estos simpáticos iconos agregan connotaciones de humor o ironía en insulsos “mensajes cortos” que se colaron en nuestras vidas en la época del sms. Los emojis ponen cara a misivas telegráficas indolentes, dan vida las palabras recortadas que disparamos a velocidad de pulgar, vivifican frases pobres carentes de verbo -que es el corazón del lenguaje- que, no obstante, despiertan mayor vibración en nuestras entrañas que sesudos correos electrónicos.

 

Los emojis, que han entrado en nuestra vida por la fibra sensible y en nuestras mentes por el hemisferio derecho, iconos pueden llegar a significar mucho más para el futuro de las comunicaciones. Estos pequeños dibujos se encargan de transmitir información de forma sintética y directa, y ha sido adoptado culturalmente de manera natural y a gran velocidad, sin necesidad de ninguna autoridad científica que lo avalara. Es el modo en que crecen las tendencias en el mundo digital, gobernadas por millones de voluntades. Los emoticonos reproducen en el mundo digital casi todas las características de la comunicación humana en un contexto real. Transforman en bits palabras y expresiones, permitiendo un mayor alcance y globalización. Las aplicaciones digitales cada vez dan la opción de transformar más palabras en emojis. El aprendizaje automático y el big data permitirán su extensión a expresiones y situaciones que nuestro dispositivo conoce por la ubicación y nuestros hábitos.

 

Emojis, ¿primer instrumento de comunicación global?

 

Los teléfonos de antes tenían la pantalla muy pequeña, así que la implantación de este nuevo sistema de comunicación resultó muy útil a la hora de expresarse en tan poco espacio. En nuestros días, según un artículo en Open Mind, de BBVA, más del 90% de los usuarios de redes sociales se comunica a través de esos símbolos y más de 6.000 millones de emojis son intercambiados cada día. El sistema aparece como transversal a cualquier idioma, en gran parte desligado de convencionalismos culturales, y disruptivo -en consonancia con el ecosistema digital- en cuanto que no obedece a reglas gramaticales. El futuro del emoticono se sustenta en una regresión a lo más básico envuelta en avanzada tecnología digital e impulsada en los usos populares.

 

Han pasado siete años desde que Apple diera alas a estos iconos noventeros de origen nipón –mezcla del manga, las señales de tráfico y algunos caracteres del alfabeto chino- al incluirlos en sus aplicaciones. Desde entonces, los emojis han crecido más que ningún otro lenguaje en la historia, debido a su admirable nivel adaptativo en la sociedad. Su uso traspasa fronteras geográficas y culturales a pesar de que no se enseña en ninguna escuela, ni siquiera, que sepamos, clases particulares… ¡de momento! En la era de la imagen, de la aprobación social mediante un clic y de la cara sonriente como filosofía de vida, el emoji va a cobrar protagonismo y vida propia.

 

Y tú, ¿hablas Emoji?

 

Andrés Macario Gañán es el director general de Vacolba, partner de negocio orientado a la venta en el entorno digital. La clave de su éxito es el foco en resultados, la excelencia en el desempeño y la flexibilidad en la implementación. Ofrece una solución llave en mano, acercándose al usuario final a través de profesionales especialistas en ventas de calidad.

 

Vacolba nació para ayudar a las empresas a impulsar sus ventas en el nuevo entorno digital y se ha consolidado como partner de importantes marcas como Movistar, Vodafone, Adeslas, Sanitas y Tyco.

 

Andrés está muy presente en el mundo digital a través de su blog andresmacario.com y su cuenta en Twitter @andresmacariog donde ofrece consejos para la transformación digital de las organizaciones y pautas para ser CEO digital. Además escribe en blogs como CEO digital en Tribuna, ‘Con Tu Negocio’, ‘TICs y Formación’ o ‘PuroMarketing’.

 

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