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Hipócritas y franquistas con disfraz de Democracia

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Opinión Virgi​nia Carrera, concejala de Ganemos Salamanca.

 

 

Hoy hemos inaugurado el Memorial del cementerio, un monumento que recordará a las 143 personas fusiladas en las tapias de nuestro camposanto. Me vais a permitir que hoy me exprese en primera persona y, aunque no me puedo quitar la responsabilidad de concejala de Ganemos, hoy voy a hablaros desde mi opinión más personal.

 

En la inauguración de esta mañana he sufrido. Sí, he sufrido por las víctimas, he pensado en ellas y casi he revivido esos momentos terribles de guerra y posguerra en los que 143 personas fueron asesinadas a sangre fría por defender la República y sus valores.

 

Sería atribuirme mucho pensar que en aquel entonces podríamos haber sido una de nosotras, una de las personas que formamos parte de partidos comunistas, partidos de la Izquierda o de organizaciones sindicales.

 

Es cierto que hoy es impensable plantearse que nos cogieran una noche mientras dormimos, con nocturnidad y alevosía, y nos llevaran a un calabozo para torturarnos hasta que casi estuviéramos muertas, sin que nadie supiera que estábamos allí. O que nos fueran a buscar a nuestras casas y nos sacaran delante de nuestras familias, como delincuentes, o incluso que me raparan la cabeza, me hicieran tomar aceite de ricino y me pasearan por la Plaza Mayor exhibiéndome cual mono de feria por roja y "liberada".

 

Hoy en día, afortunadamente, mi cabeza no me permite pensar que esto pueda llegar a ocurrir. Lo que sí me permite es asegurar es que todas aquellas victimas no han sido reconocidas, ni tampoco su dolor, ni las injusticias que se hicieron en nombre del franquismo.

 

Esta mañana, después de sentir sufrimiento, he sentido rabia. Sí, rabia rotunda mientras veía como el Partido Popular estaba allí también, homenajeando a las víctimas, algo que me ha parecido auténtica hipocresía.

 

Antes de exponer lo que pienso al respecto quiero aclarar que las victimas no son propiedad de nadie, y mucho menos de ningún partido. Hoy la asistencia del Partido Popular a este acto me ha hecho ser consciente de que los que nos gobiernan aquí y en las más altas esferas estaban allí, hablando de víctimas, mientras en su quehacer político paralizan la aplicación de la Ley de Memoria Histórica de 2007.

 

El Gobierno de Mariano Rajoy no ha dedicado un solo céntimo desde 2013 en materia de memoria histórica. El PP no ha destinado ninguna partida presupuestaria a subvencionar actividades relacionadas con las víctimas de la guerra civil y el franquismo, no ha hecho nada para que la Ley de Memoria Histórica, que no digo que no se pueda mejorar, se cumpla. Esta ley se encuentra en 'vía muerta'. Pobre ley... tirada en la cuneta como las más de cien mil personas que continúan desaparecidas en fosas comunes.

 

Podrán decirme los dirigentes del PP de Salamanca que la responsabilidad de la aplicación de la Ley corresponde al equipo de Rajoy (¡Virginia Madrid manda!). Pero es mentira. Somos -sois- cómplices sí, como diputados y senadores nacionales, no demandáis estas actuaciones.

 

Pero hay una tarea que sí corresponde a nuestros dirigentes locales. Conviene recordar que, según la Ley 52/2007 de la citada Memoria Histórica, las administraciones públicas deben tomar las medidas oportunas para que los cuantiosos escudos existentes, insignias, placas y demás objetos o menciones a la sublevación militar, la Guerra Civil o la represión de la Dictadura queden retirados. ¿Cuánto tiempo nos ha costado quitar el medallón de Franco de la Plaza Mayor? No olvidemos que el medallón no se retira porque el PP de Salamanca quiera hacer cumplir con la Ley, si no porque un Juzgado les obliga a hacerlo.

 

Y solo hace falta pasear por Salamanca para ver la cantidad de símbolos que todavía "campan" por la ciudad y que exaltan la dictadura. Una dictadura que trajo, por lo menos para la gente, para mi gente, muerte, miedo, represión, pobreza, hambre y sobre todo una herida que no se cerrará hasta que todas las personas que sufrieron la represión franquista salgan de las cunetas y las familias de tantas víctimas vean reparado su dolor. Esto último es difícil, muy difícil, pero debemos intentarlo.

 

Este reconocimiento de hoy me demuestra que el franquismo no se ha ido, que mientras no se repare a las victimas tendremos franquistas disfrazados de demócratas, de liberales.

 

Cuando era niña, me mandaron hacer un trabajo escolar sobre la guerra del Golfo. Recuerdo que pregunté a mi abuelo, que para mí era símbolo de sabiduría y que en su rictus tenía el reflejo de haber combatido en la Guerra Civil española y de haber sufrido su represión. Sus palabras fueron sencillas, pero sabias: las guerras son todas malas y todas se pueden evitar, porque sus consecuencias perduran durante generaciones.

 

Hoy recojo estas palabras de mi abuelo pienso que, aunque lo ocurrido ya no se puede evitar, tenemos la oportunidad de cerrar las heridas, de reconfortar a las víctimas, de reconocer lo que ocurrió con hechos. Pero para eso hay que echar a los hipócritas, a quienes, con su irresponsabilidad política, permiten que las victimas sigan ocultas, olvidadas y sin espacio en la memoria historia. Sin tumbas y sin nombres.

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