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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

En defensa de las emociones negativas

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Uno de los temas por el que más interés muestran las personas a las que ayudo a mejorar sus habilidades al hablar en público es cómo lograr quitarse los nervios. Y lo primero que trato de explicar es que los nervios son buenos.

Vivimos en una época en la que no se permite otra cosa que ser positivo y estar alegre todo el día. Casi vivimos en la exaltación de las emociones positivas. Siempre debes mostrarte alegre, motivado, jovial, contento, tranquilo… Y aunque la vida te dé más palos que al Santo Job debes permanecer positivo. Si en algún momento de tu vida te ocurre una desgracia y te sientes decaído, siempre aparecerá el sabioncillo o la sabioncilla de turno para decirte que no pasa nada, que hay que ser positivo, que cosas peores ocurren en la vida, que seguro que lo malo se pasa pronto y que hay que tener buena actitud… ¡Narices! Yo me encuentro muy a gusto malhumorado o triste o melancólico o decaído. Primero, porque me da la gana, segundo porque es muy humano y tercero porque es muy sano.

 

Los nervios son buenos. Hace ya años que se demostró que niveles bajos o altos de activación producen niveles de desempeño bajos. Mientras que niveles medios de activación conducen a los mejores desempeños posibles (la conocida gráfica de U invertida). Siguiendo con el ejemplo de hablar en público, si sientes ansiedad (niveles altos de activación) o si estás relajado (niveles bajos de activación) tu desempeño hablando en público será peor que si estás nervioso o medianamente activado. La razón es que esos nervios generan un estado de alerta que aumenta tu atención y tu concentración, y por lo tanto lograrás tu mejor desempeño posible.

 

Y es que las emociones negativas son buenas. Son buenas porque te impulsan para corregir la situación o te enseñan a adaptarte a situaciones que no puedes cambiar. Cuando te quedas sin trabajo es necesario que te sientas triste, decaído y frustrado. Esas emociones negativas serán parte del impulso que necesitas para esforzarte a encontrar un trabajo. Lo realmente extraño, y en ese caso aconsejo que se contacte con un especialista, es que uno se quedara sin trabajo, tuviera una hipoteca, tres hijos y estuviese contento y feliz de la vida.

 

Aunque habitualmente hablamos de emociones negativas y positivas, en realidad la clasificación más práctica de las emociones es la que las divide en emociones beneficiosas y perjudiciales. Beneficiosas porque te ayudan y perjudiciales porque te obstaculizan. Dentro de las emociones beneficiosas no hay únicamente emociones positivas, también las hay negativas: la frustración, por ejemplo, que uno siente cuando no consigue lo que quiere es beneficiosa, porque te empuja a luchar con mayor perseverancia. Y entre las emociones perjudiciales no sólo hay emociones negativas, también hay varias positivas, como por ejemplo la euforia, que produce desatención y falta de control.

 

Lo que hace que una emoción sea beneficiosa o perjudicial no es que sea negativa o positiva, sino su intensidad. Una emoción cuanto más extrema sea, tanto positiva como negativa, más perjudicial será y por lo tanto un impedimento para la consecución de los logros que nos proponemos. Cualquier emoción no extrema, sea positiva o negativa, es beneficiosa porque forma parte del aprendizaje y te ayuda en este.

 

Sentirse triste porque echas de menos algo o a alguien cuando lo pierdes es beneficioso para tu aprendizaje, así aprendes a apreciar lo que tienes y a las personas con las que estás. Pero caer en la depresión te aísla, te retrae y la apatía que conlleva la depresión es claramente perjudicial. Enfadarte con alguien porque ha hecho algo que te ha perjudicado (incluso enfadarte contigo mismo) es beneficioso, porque te empuja a hablar con la persona y explicarle porqué su comportamiento no es adecuado. Pero si te dejas llevar por la ira exigirás de malas maneras y sin ningún respeto, te mostrarás agresivo y así no lograrás que la persona entienda porqué sería mejor que cambiara su conducta, sino que probablemente obtengas todo lo contrario. El miedo es beneficioso porque te hace medir los riesgos antes de involucrarte y da valor a tu valentía. Pero el pánico te paraliza y te impide tomar decisiones.

 

En todos los trabajos que he tenido me he sentido en algún momento satisfecho, contento, alegre, confiado, motivado, optimista,… Y también me he sentido frustrado, preocupado, triste, decepcionado, inseguro, avergonzado, inquieto… Porque, como todos los profesionales sabemos, el trabajo también forma parte de la vida y sería extraño que no existieran esas emociones negativas beneficiosas en los trabajos.

 

Las emociones negativas no extremas son beneficiosas porque nos ayudan. Cualquiera que haya visto la película “Del revés” sabe que en la infancia la tristeza y el miedo son parte del aprendizaje de la vida. Pero parece que cuando llegamos a adultos lo olvidamos ¿o es que creemos que por ser adultos ya lo sabemos todo y no tenemos nada que aprender?

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

Raúl García 11/09/2018 20:15 #2
Muchas gracias por tus palabras Gustavo. Compruebo gratamente que te lees todos los artículos! 👏🏻
Gustavo 11/09/2018 16:58 #1
Gracias Raúl por el artículo. Que ciertas y estimulantes son siempre tus reflexiones.

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