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Sábado, 12 de mayo de 2012 21/5/2012
La tecnología no es para mí una afición, ni una pasión, es una forma de vida. Y de hecho es la tecnología la que ha hecho que me pueda ganar la vida como lo hago. Cuando pienso en hacerme mayor, bueno anciano porque mayor ya soy, una de las cosas que me molestan es que jamás podré ver avances tecnológicos que seguro que hoy parecen imposibles pero que nuestros descendientes conocerán.
[DISCLAIMER: Cualquier persona que no lea este post con una mentalidad abierta y ácida/humorística por favor que abandone este site y se declare en huelga de lectura]
Estamos en un momento de la historia de la humanidad donde ya te puedes considerar un antiguo si aún ves la tele como la veías hace 10 años. Ahora mismo la televisión es solamente una pantalla donde emites, desde distintas fuentes, contenidos visuales de todo tipo.
Quizá este servicio que se lanzó a finales del año pasado no ha tenido la repercusión que se merece debido al foco en otras noticias de la compañía de la manzana. El caso es que merece la pena hacer un recorrido por él para ver si merece la pena pagar los 24,99€ anuales que vale la suscripción.
No se trata de que ya no esté Steve Jobs. Ni siquiera se trata de que los chicos de Apple ya no tengan imaginación, innovación o creatividad. Se trata simplemente de que nosotros somos estúpidos.
Esta semana se celebra en Barcelona el Congreso Internacional de Móviles y , aunque no se esperan grandes novedades que marquen un antes y un después en nuestra vida, siempre es muy interesante conocer por dónde irán las tendencias de los próximos meses.
Ha sido sin duda la noticia del año en internet. El cierre de Megaupload corrió como la pólvora hace ya un mes y a raíz de aquello todos conocimos la vida monacal de su creador y su comedida forma de vida.
Hace ya casi 30 años cogía prestados libros del pequeño Nicolás, la historia del día a día de un niño en su escuela, personaje de Goscinny, creador también de mi amado Asterix.
Valorar una empresa tradicional es más o menos fácil. Existen una serie de valores, patrones y protocolos contables para estimar unos activos y unos pasivos. También, obviamente, hay que tener en cuenta los locales, stock de mercancías, facturación anual, etc…
Se está hablando de la censura en Twitter y de la libertad de expresión en la red en general. Soy un defensor de la libertad de expresión. Pero de la buena. Se suele confundir la libertad de expresión con decir absolutamente lo que nos da la gana.
Google ya forma parte de la historia por méritos propios. Algo que se crea desde la nada hasta hacer que su marca se convierta en un verbo en su idioma ( to google), que hace que trascienda a edades, clases sociales, culturas y que contribuye de la manera en que lo ha hecho, a que la humanidad entera avance mucho más rápido, tiene ganado para siempre un puesto en la historia.
Mi oficina está frente a la Iglesia de San Juan de Sahagún, el patrón de Salamanca. Mi ventana, de hecho, da a la fachada de dicha iglesia. Hace unas semanas en la fachada de la iglesia instalaron pinchos de hierro super finos para evitar que las palomas se posen en la fachada. Sabido es que estas “ratas con alas” están destrozando nuestro patrimonio artístico a base de la acidez de sus excrementos.
No suelo salir de bares por Salamanca. Hace unas noches salí de cena navideña y después aterricé en un famoso bar con nombre de buena nota en una tesis. Conocido es entre mis amigos y conocidos el odio al alcohol que dan en cualquier pub salmantino. Más parecido a colonia-cola que a ron o whisky. De vergüenza.
Empiezo esta serie de post que durarán unas cuantas semanas sobre cómo es y cómo entender el sonido digital.
Me encanta la música. Recuerdo en mi casa multipistas, cartuchos, vinilos, cassettes, todos los formatos de almacenamiento de sonido que he conocido desde los años 70 y que ahora suenan a museo.
En pleno auge de las redes sociales y de todas las plataformas sociales, llama poderosamente la atención este concepto que está tomando cada vez más fuerza: el internet de las cosas.
La tecnología avanza cada vez más rápido. Pero últimamente no con grandes aparatos que antes no existían sino aglomerando tecnologías. Al fin y al cabo no se puede inventar la coca cola cada año.
Con la llegada de las redes sociales y las nuevas plataformas sociales las normas de educación en la red se están dejando de lado. La afluencia masiva de público sin formación tecnológica alguna está haciendo aflorar algunas prácticas que no son nada correctas.
Cualquiera que me conozca sabe que el título de este post es más falso que un Judas de plástico. Me gusta discutir. Me encanta. De hecho la discusión es el germen de la opinión. Uno discute con los demás, pero el secreto está en quedarse con lo que dicen, analizarlo y, en su caso, incorporarlo como ideal propio si te convence. Así se crea opinión y se enriquecen los conocimientos.
Qué palabro. Multicanalidad. No he buscado en la RAE porque doy por hecho que no existirá. Pero en el sector de internet y en el del comercio electrónico es una palabra que cada vez se escucha más.
En concreto la multicanalidad consiste en que un usuario o consumidor transita a lo largo de su actividad por varios canales distintos (una web, una tienda física, un tweet, Facebook) para interactuar con una empresa u otra persona. Y cuanto menos se note la transición para el usuario mejor irá todo.
El mundo de los videojuegos está en plena efervescencia. Ya es un sector económico que mueve más dinero que el cine a nivel mundial y las grandes superproducciones de juegos míticos mueven presupuestos de millones de euros.
Vayan por delante mis disculpas. Esta semana por exceso de viajes de trabajo mi post semanal no ha dispuesto del tiempo necesario para estar a la altura del resto, la cual tampoco es mucha... jejeje.
La tecnología ha cambiado muchos aspectos de nuestra vida diaria. Enterró al Discoplay, a los vendedores de enciclopedias, próximamente a las agencias de viajes y acabará con la prensa escrita en un par de empujones más.
En un contexto de crisis económica como el actual los primeros recortes en las empresas suelen ser en publicidad. Este ha sido un axioma del mundo publicitario durante décadas y como tantos otros axiomas que nos rodeaban (los pisos nunca bajan) se debería estar tambaleando. Pero no. Este principio aguanta, pero no del mismo modo. Ahora las empresas, cada vez más, redistribuyen su inversión de una manera más eficiente. Esa es la palabra fetiche hoy en día. Eficiencia. Gastemos mejor nuestro dinero.
La razón más común para los avances tecnológicos suele ser la propia necesidad. La gente se frustra ante situaciones que no le son favorables y decide poner todo su empeño en crear algo que les ayude a superarlo. Esto ha sido así desde los albores de la humanidad pero hay episodios concretos que son dignos de conocerse en detalle.
Hay leyes universales que rigen el Universo. Y no me refiero a la Ley de la Gravedad, no. Me refiero a esa ley que dice que la luz ni se crea, ni se destruye. Simplemente se factura.
Igualmente cuando hablamos de tecnología existe otra ley que dice que la Tecnología ni se destruye ni se transforma. Simplemente se devalúa.
Nunca he entendido las campañas electorales y aún menos los mítines. Se me antojaban siempre como un gasto estúpido y un “a ver quién llena el pabellón más grande” de gente que ya les iba a votar. Hoy en día con la que está cayendo es un insulto, uno más, a nuestra apagada y conformista inteligencia colectiva.
Todos tenemos unos programas, aplicaciones, webs y herramientas favoritos sin los cuales no sabemos hacer ya las cosas. Quizá no siempre son las más innovadoras o vanguardistas pero para mi, si sólo pudiera tener acceso a un puñado de webs, aplicaciones y herramientas elegiría éstas:
Si el próximo martes día 4 aún no sabes cuál será el acontecimiento del día, no estás nervioso y, lo que es peor, cuando te enteres de lo que pasa ese día te da igual, es que no te mereces el aire que respiras.
Spotify es una de esas cosas que surgen una mañana en Internet cuando ya tienes la sensación de que está todo inventado. En este caso la fórmula era tan sencilla que parecía imposible: tener toda la música disponible para escuchar, sin tenerla almacenada en tu disco duro, en una calidad excelente y además gratis y legal. Era tan idílico que parecía imposible.
Amazon ha llegado a España. Por fin. De hecho ha tardado tantos años en llegar que ya ni se la esperaba. Además desde que desembarcó en Inglaterra y Alemania, ya casi ni hacía falta que viniera aquí, pues el tema de los envíos intracomunitarios sin aduanas o costes extras lo teníamos solucionado.
Los bares de copas se comportan de una manera muy parecida a las audiencias en las páginas web “de moda”. Uno no alcanza a comprender cómo se pone de moda una web como Second Life, ChatRoulette o la antigua hotornot.com y, del mismo modo que se pusieron de moda, fueron portada en todos los medios digitales y marcaron tendencia, luego sin saber por qué se desinflan y quedan reducidas a una minoría fiel o desaparecen.
Se ha escrito mucho estos pasados días sobre la dimisión de Steve Jobs en Apple. La compañía que fundó en un garaje, la que prescindió de él y a la que volvió para encabezar el cambio más grande en la tecnología doméstica moderna.
Es lícito creer que alguien que tiene un iPhone y un iPad, como es mi caso, termine por comprarse un ordenador de sobremesa de la misma compañía, Apple, para así cerrar el círculo, pero yo no he tomado esa decisión. Conozco a cada vez más gente que la está tomando pero siempre conservando la dualidad PC y Mac en sus vidas (y en sus mesas).
Google ha comprado Motorola por 12.500 millones de dólares, 8.700 millones de euros. Quién se lo iba a decir a unos y a otros hace tan solo una década. Motorola se fundó en 1928 y Google en 1998, 70 años por tanto las separan. Y eso se nota en algo fundamental para esta operación: las patentes.
Hoy en día no se puede querer tener privacidad y a la vez participar en una red social. Una red social se basa en interactuar con otra gente compartiendo pensamientos, imágenes, ideas, etc…
Cuando yo era pequeño el estar en las nubes era equivalente a estar abobado, distraído y huyendo con la mente de aquellas clases soporíferas de lengua o matemáticas.
Existen una serie de reglas de oro en esto de la tecnología que siempre se cumplen. Conocerlas (y respetarlas) te ahorrarán más de un disgusto y harán de ti un perfecto conocedor de todo aparato que te rodea:
Verano de 1991
Hacía mucho calor. Me había echado la siesta después de comer y un timbrazo me despertó. Era un vendedor de enciclopedias, de esos que cada poco tiempo pasaba por casa para dejarte un tomo, tú lo veías y luego intentaba venderte toda la colección. Le dije que mi padre no estaba y que pasase otro día.
Hoy estoy indignado. Quizás no lo suficiente como para acampar en Sol o comprarme el pack de 'perro con flauta' pero creo que ya ha llegado el momento de hablar de tecnología con propiedad.
Esto del twitter es como la Thermomix, que vale para un mogollón de cosas pero al final, como dice un amigo mío, no es más que una batidora que calienta. Pues eso. Gente escribiendo cosas en 140 caracteres de longitud. Eso es twitter.
A la espera de lo que finalmente hagan Blackberry y Nokia como apuesta seria y competitiva, el mercado de los móviles parece ahora mismo dividido a futuro entre iPhone y Android.
Hoy en día existen muchas enfermedades y síndromes de reciente llegada a nuestras vidas. Y es que , amigos míos, la tecnología ha traído consigo la aparición de enfermedades, síndromes y demás alteraciones que hacen que a nuestro alrededor encontremos gente, como nosotros, que responde al perfil de alguna de estas alteraciones. Os paso a detallar las principales:
Mira que me fastidian los gurús. Me estomagan. No puedo con ellos. Ninguno ha sabido predecir el fenómeno Facebok, Twitter o el avance meteórico del acceso desde tablets y terminales móviles. Estaban enfrascados en la inteligencia artifical y todos esos ordenadores que se levantarían contra la humanidad al más puro estilo Terminator.
En el siglo pasado localizábamos a nuestros conocidos o amigos en la guía telefónica. Había una línea por persona en aquel gran libro. Directo y sencillo.
Con la llegada del nuevo siglo comenzamos a hablar con nuestros amigos con un invento llamado mensajería instantánea, el Messenger. Era muy fácil: dábamos de alta a nuestros amigos y les veíamos en verde, rojo o gris dependiendo de si estaban conectados, ocupados o no disponibles. Esto ayudó mucho a……bueno, por ejemplo a saber si la gente seguía viva. Porque hablar hablabas sólo con 4 ó 5 y tenías como unos 20 contactos.
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