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Sábado, 12 de mayo de 2012    18/5/2012
Blog Basilio Grande

De vez en cuando, navego por diversas páginas que tocan la temática de una especie de culto que hay a los lugares abandonados. Yo, sin llegar a ser un fanático, sí que tengo cierta atracción por estos sitios. Sin embargo, no soy lo suficientemente valiente, como para adentrarme entre sus muros, no soy valiente y además no suelo tener tiempo.


Para manejar un avión, te exigen cantidad de exámenes, reconocimientos médicos, condicionantes varios, cinco años de carrera, no sé cuantos cientos de horas de vuelo... ¿Y para un barco? Cursos de patrón simplemente para llevar un cascarón, para un transatlántico imaginaos, aunque ahora mismo y debido a los últimos percances lo dudemos ¿y para conducir un coche? Un cursillo, un examen tipo quiniela y 12 horas de “vuelo” y otro examen práctico de 10 minutos. Y a la calle.


El País Vasco cada día lo conoce más gente y me imagino que mucha más después de la esperada paz, pero el País Vasco francés es mucho más desconocido, pues siempre las fronteras nos tiran para atrás. Hoy en día dicha frontera física no existe, ya os he dicho alguna vez que tengo una convicción de europeismo total, quizás siendo un poco inocente.


Siempre que llamo a un hotel hago la pregunta ¿el parking es amplio? Y aunque digan que si, a veces el mismo recepcionista al decirlo le tiembla la voz, lo cual ya te empieza hacer pensar a que denominan parking amplio, el concepto no debe de estar muy claro y creo que debía regularse por ley, con unas medidas estándares que determinaran varias categorías. Por ejemplo:


El otro día, volviendo de Almería, vi un restaurante de carretera, que tenÍa colgado un cartel inmenso que ponía: “cerrado por culpa de la crisis”. Un poco más adelante, paré a comer en otro restaurante en el que habría perfectamente más de 100 personas comiendo a la vez, dónde por 10 euros degusté un menú muy bueno, correctamente servido y con un trato excepcional.

Acabamos de llegar de una semana de Feria en Barcelona, Alimentaria 2012 y aunque las ferias profesionales no son lo que eran, ya que antes de la era internet fueron imprescindibles a la hora de conocer un sector profesional, ahora con San Google no hay más que poner la palabrita en cuestión y nos abre las puertas de lo que queramos.


Hace tres semanas, el blog fue dedicado a Monleón, pero Linares también se tiene que llevar el suyo, no tengo tantos recuerdos en Linares, pero sin duda todos los que tengo son buenos, pues la gente es de lo mejor que hay en esta provincia, y si yo en mi forma de ser tengo algo de buena gente (que puede ser que no) y algo de dicharachero (que esto es que sí) seguro que es por mi parte Linareja.


Al viajar por toda España, los amigos y familia te suelen pedir, bien que les traigas algún producto típico de dónde vas, o de buena fe, te indican que compres éste u otro producto y que lo pruebes. Como en este santo país no hay casi productos gastronómicos, imaginaos el empacho que te puede entrar, si a cada sitio que vas pruebas solo la especialidad. Además es muy típico de los bares de carretera, tener un surtido de lo típico de la zona. Hoy solo voy a escribir de lo dulce, que ya tengo para largo.

Hace un par de semanas escribía el primer capítulo de esta saga de objetos en el arcén. El primero fue bastante escatológico, pero real como la vida misma, y por el que he recibido alguna crítica, bien merecida seguramente.

Esta semana estoy en Valencia. La semana pasada todos vimos por televisión como la policía disolvía una manifestación de inocentes estudiantes, que solo pedían no pasar frío en las aulas, causa muy justificada para reclamar. Por suerte esta semana aquí está haciendo una media de 22 grados, por lo cual creo que ya no hace falta calefacción, es lo bueno que tiene el cambio climático.


Desde hace unos años, han empezado a aparecer objetos no identificados a los bordes de las carreteras, sobre todo en curvas pronunciadas, de las entradas o salidas de autovías y autopistas que, a simple vista, parece tratarse de una inocente botella de agua.

Ya casi todos antes de ir a un hotel, rápidamente miramos las críticas de los anteriores viajeros para elegir el sitio donde ir. Antes de comprar algo de lo que no sabemos miramos foros y opiniones de compra de ese producto.


Ahora cuando viajo en tren o en autobús es difícil hacer amigos o más bien conocidos. Hace años era sencillo, sobre todo debido a las horas que duraban los viajes, y a las peripecias que pasabas, a las largas paradas de los autobuses etc.


Me resistía a escribir un blog sobre mi pueblo, pero esta semana mi amigo Isidoro me mandó una colección de fotos y me toco la fibra. Tantos años pasando todo el verano entre sus murallas, tantas experiencias en épocas de ocio hacen que todo sea mucho más intenso. Éramos pocos los que pasábamos todas las vacaciones, y cuando digo todas eran todas, desde el primer día hasta el último que no teníamos colegio.


Nuestro país es sin duda el que más locales de hostelería tiene en el mundo por habitante y la carretera es un claro ejemplo de ello. Hay lugares muy curiosos al borde de las carreteras: ya comentamos en otro blog el tema de las áreas de servicio de las autopistas. Hoy el tema son los bares del resto de carreteras.


Ya llevo mucho tiempo llevando la cultura de nuestro mejor producto por todos los rincones de España y de parte del mundo, aunque hay días como que como en todos los trabajos, te dan ganas de mandar todo a la mierda, al final la satisfacción es superior. Lo mejor es que cuando nombro mi trabajo, todo el mundo tiene una opinión, antes se decía aquel refrán "de mecánica y medicina todo el mundo opina" yo añadiría de "JAMÓN, mecánica y medicina todo el mundo opina".


Hace algunos años leí una novela de Julio Llamazares “La lluvia amarilla”, un monólogo del último habitante de un pueblo del pirineo oscense. Debe ser terrible ser la última persona de tu pueblo y más terrible es que un pueblo desaparezca. Por ahora en nuestra provincia hasta donde sé no ha desaparecido ninguno, pero debe haber varios en peligro.


El sábado pasado en el diario vasco (periódico de Guipúzcoa) a dos páginas, publicaban una entrevista a uno de los etarras arrepentidos, y expulsados de ETA, Iñaki Rekarte Ibarra. Hasta ahí todo correcto, pero se da la casualidad de que en la entrevista nombra a mi padre y a mí, personalmente y algunos diréis por qué. Bueno, pues según sus palabras, “nos criamos juntos”


Cada vez que los vemos en la carretera, instintivamente nuestro pie pisa el freno, no lo podemos evitar, es como estornudar con los ojos abiertos, es físicamente imposible, se trata de los temidos... Guardias de tráfico.


Hoy me he sorprendido viendo en la televisión como un par de individuos se acosaban en una autovía y provocaban casi un accidente por el típico “pique” al volante. Acabo de llegar de Madrid, lugar predilecto para las movidas al volante, en especial cuando te cruzas con los temidos taxistas madrileños, los reyes del “no te dejo pasar” y del sablazo al 'guiri'.


EL PARO, PROBLEMA ESTRUCTURAL

Aunque tocaba continuar con el viaje a Sicilia, lo dejaremos para otra semana. Y hoy opto por explicar y relatar experiencias con personas que sufren de un extraño mal, que se extiende por diferentes partes de este país... se trata del síndrome del zapato chico. Por circunstancias hay lugares donde esta plaga se extiende con mayor intensidad, nuestra ciudad por desgracia está bastante afectada.


Hace unos meses escribí el primer capítulo sobre Italia, en concreto sobre la Toscana. Hoy va el segundo capítulo sobre una zona mucho más cañera, donde desde que pisas el aeropuerto, ya notas que has llegado a un sitio distinto, en apariencia anárquica y un poco destartalada, pero con un encanto muy especial.


El buen vendedor muchas veces lo utiliza para su trabajo y consigue cerrar buenos negocios, solamente tocando la tecla del mal, la envidia, productos imposibles de vender, en cuanto te provocan con que lo tiene tu vecino, la competencia, tu cuñado Pepe... empiezas a verle virtudes y si ese producto tiene una versión o modelo un poco superior, pónmelo que me lo quedo.

Creo que vivimos en el único país donde las leyes defienden al que no paga. Es increíble, aquí no pagas y no pasa nada, claro ejemplo son los equipos de fútbol: Fichan, compran, dilapidan… todo vale, como no van a pagar... Todos los equipos menos el Numancia, ejemplo a seguir por el resto, superávit todas las temporadas, que copien los dirigentes de nuestra Unión.


Antes de empezar, esta semana quiero aclarar por un par de comentarios que este blog no es de viajes, simplemente es de anécdotas, vivencias, opiniones etc. NUNCA nadie ha dicho que sea de viajes, aunque de vez en cuando caerá alguno de recomendaciones de viajes, pero nunca será al uso del típico blog de viajes, pues lo hay muy buenos y muy profesionales. Por cierto, sí que me encuentro en mi salsa escribiendo de lo que me da la gana. Dicho lo anterior, paso al lío.


Hasta hace cuatro años aproximadamente había trabajos que nadie quería hacer. Ahora, por desgracia, no sobra el trabajo y esos oficios que antes eran despreciados, hay personas que los anhelan.


La semana pasada, metí un poco de caña al País Vasco, y no es totalmente justo para una tierra que me ha acogido durante tantos años, y que tiene acogidos a miles de salmantinos. Hay que devolverle un poco de todo lo que nos ha dado. Por cuatro sinvergüenzas, no se debe de generalizar.


Sí, juramos... No os preocupéis, no os voy a dar la típica ‘chapa’ de las batallitas de la mili. ¿Para qué, si a la mayoría les suena a hace siglos, a antiguo, y los que la hicimos (algunos de voluntarios), parecemos memos que no supimos escaquearnos?

Alguien habrá que me lea y no me conozca, y diga: ¿Éste a que se dedica? Haciendo miles y miles de kilómetros, y contando muchas tonterías, como dice hoy el título: vendo, luego existo. Pero no vendo cualquier cosa, vendo lo mejor de nuestra tierra, PRODUCTOS IBÉRICOS. Y esto tiene tela, os lo puedo asegurar.


Hay una nueva tribu urbana que por desgracia habita nuestras tierras y además su hábitat en especial son las carreteras. Hace un par de semanas ya hablábamos del Seat León amarillo que es la ‘montura’ preferida de todos estos individuos.

Tantos kilómetros solo en un coche, te dan para pensar mucho. Qué sería de nosotros sin la mejor compañía: la radio. Pero amigos en el año 2011, con este siglo, llegaremos a Marte y en cambio no es posible ir oyendo la radio en el coche en condiciones decentes. Yo no me lo explico.


Después del éxito de la primera entrega, de la que tengo constancia de que varios de los lectores han sentido el famoso frío por el espinazo, incluído yo mismo, voy a contar alguna otra historia de miedo en la carretera. Espero y deseo que paséis miedo cuando vayáis solos en el coche, así os acordaréis de mí.


Hay ciertos coches, digamos especiales, (claro y si reflexionamos, los vehículos no pueden ser especiales, los raros deben de ser sus dueños), pero hay ciertas marcas y modelos, incluso en algún caso color, que nos marcan, y pueden llegar a cambiar nuestra personalidad.


Hemos hablado mucho de viajes y poco de carreteras. Y alrededor de ellas existe un mundo paralelo que lo habitamos todos de vez en cuando y muchos casi todos los días de su vida. En especial los camioneros, los hombres (y ya alguna mujer valiente) de la ruta. Pocas veces nos paramos a pensar lo diferente que viven la vida, con la casa en sus espaldas.


Si os lo puedo asegurar, Soria existe, cerca de todo y lejos a la vez, lejos, por el empeño de los políticos de hacer una Isla, en medio de nuestra península. También he de decir, que a muchos sorianos no les importa, pues así seguirán tranquilos sin que llegue mucha gente, no pasa nada.


Dentro de poco hará 19 años que llegué a Burgos. Llegué como llegábamos antes todos, en tren y un poco despistados. No teníamos estos inventos de internet, foros, blogueros graciosillos y demás herramientas que te impiden que las aventuras de antes dejen, seamos realistas, de ser aventuras. Ahora vamos informadísimos a los sitios y perdemos ese puntillo. Nuestra única preocupación llegará a ser, si no tenemos actualizado el navegador, que nos meta en alguna carretera sin asfaltar.


Los que me conocen, saben de mi devoción por Italia; comienzo aquí un pequeño recorrido por diferentes zonas de este bonito país. Empezaré por lo más reciente que tengo y por un paraje que cualquiera tiene en su mente: La Toscana.


Duermo más en hoteles que en mi propia cama. Hay gente que envidia esta forma de vida, incluso me han llegado a llamar ‘turista a sueldo’… Bueno, tampoco es para tanto, ya cantó Sabina el famoso “hotel triste hotel”


A todos nos pone un poco nerviosos, y lo debemos reconocer, pisar el aeropuerto.Incluso a mí, que por trabajo, más que por ocio, viajo bastante en avión.


Muchas veces en mi vida conocidos, amigos, compañeros de trabajo, me han animado a escribir sobre mis experiencias en los miles de kilómetros recorridos. Creo que poseo una gran capacidad de observación y sobre todo me gusta quedarme con los detalles, pero de ahí a escribir una guía de viajes me parecía muy pretencioso. Otra cosa es escribir un blog, dar notas, detalles, o alguna indicación que pueda ayudar a nuestros lectores. Y ésa y no otra es mi intención con este blog. Espero ser ameno y que alguien algún día utilice alguna indicación mía y le sirva para bien, con eso me sentiré satisfecho.


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