Ya respira

Había ayer pocas caras más alegres que la del presidente Jorge Hernández al final del partido. La victoria da aire al equipo, aplaca los nervios y sobre todo manda al limbo decisiones que no se querían tomar salvo en último caso. El Guijuelo se llevó un encuentro al que opositó, no como otras tardes, desde el primer minuto. Hasta pudo aumentar su distancia si el árbitro hubiera visto otro claro penalti cometido sobre Romero en la primera mitad.
JOSÉ ÁNGEL SANZ


El equipo saltó al campo con el dibujo que ya había dejado entrever Crego durante la semana y a la vista de las bajas en la delantera, un 4-3-3 con el trío de la última línea formado por centrocampistas de mucha movilidad. Así operaron Romero, Leroy y el recién llegado Israel. Su labor fue de la más encomiable, con continuas intervenciones. Los tres mantuvieron en jaque a la zaga granota y Romero, en concreto, fue objeto de un penalti claro que el colegiado obvió. Esa acción fue la más clara para los locales, una acción precedida de un gran pase al hueco de Ismael. Con una ocasión de marcar desde el punto de pena máxima el partido, seguro, habría sido otro. Así que hubo que conformarse.

En la primera mitad del Pontevedra, que saltó al campo con un4-2-3-1, se encomendó a la fortaleza de sus dos mediocentros, Amaro y Aicart. Dos puntales en la medular que supieron alimentar bien a Nevado y, en especial, a Charles. Éste último tuvo en la primera mitad la mejor oportunidad para marcar del encuentro. Carril disparó un lanzamiento de falta desde la frontal que repelió la defensa local, la redonda le cayó al delantero, y Montero se sacó una pierna providencial para evitar la tragedia. Aparte de las dos oportunidades, el encuentro no tuvo dueño claro, perdido en balones altos e imprecisiones. El Guijuelo dio la mejor imagen de las últimas semanas en casa pero se marchó a la caseta con la impresión de merecer más y deberes aún por hacer, entre otros el imprescindible de marcar.

La reanudación, sin cambios, fue un disparate. Llegaron los nervios y los errores, todos a la vez y a los dos conjuntos. Sólo Leroy, a los cinco minutos, puso a prueba a Quintana, aunque éste se le echó encima con acierto y le arrebató el balón. Hasta que esta vez Romero fue objeto de penalti, el segundo de la tarde, y el árbitro lo vio claro. Pilló con la guardia baja a la defensa granota y a Malón no le quedó más remedio que derribarle. El castigo lo convirtió Iturralde. El paisaje cambiaba por entero. Con la derrota momentánea, Alfaro animó a su hombres a que adelantaran metros, aunque eso significara conceder espacio para el contraataque. Los de Crego, tras el tanto, no supieron o no pudieron aprovechar esa situación y fue el Pontevedra el que se hizo con el balón. El juego de los gallegos, por el talento de muchos de sus hombres, es del toque, y en eso se empeñó el equipo, en rasear el cuero y buscar el pase en corto. Charles estrelló el balón en el palo derecho de Montero en el minuto 70, un aviso. Alfaro dio entrada a Espadas para meter más pólvora arriba, pero no fue la solución. Apenas contó con ocasiones y Neftalí estuvo a punto de sentenciar poco más tarde, en el 73, cuando sólo un manotazo de Quintana evitó el gol en un tiro desde el pico derecho del área grande.