Vivas para el Cristo más popular

Cientos de fieles se dieron cita un año más en la tradicional fiesta de mayordomía del Cristo de la Agonía, conocido popularmente como Cristo de San Luis, en Peñaranda.
Cecilia Hernández

Tras la eucaristía, a las 12.00 horas, con repique de campanas y cohetes de fondo, comenzaba la acostumbrada procesión de esta venerada imagen, a la que acompañaron los mayordomos entrantes y salientes y representantes de la sociedad peñarandina, como el alcalde de la localidad, Isidro Rodríguez Plaza, y otros concejales de la Corporación municipal.

El presidente de la Hermandad de Cofradías de Peñaranda, Moisés Pérez Sánchez, encabezaba la marcha mientras que la música corrió a cargo de los sones tradicionales de la dulzaina Alborada. El recorrido, en el que retumbaron los vivas al Cristo, comenzó en la pequeña ermita del barrio de San Luis, donde reside la talla, y pasó por la plaza de la Constitución y por algunas de las calles de la ciudad hasta volver de nuevo a la ermita. No faltaron las típicas jotas bailadas por los fieles ni los aplausos y abrazos de los mayordomos y porteadores al finalizar con éxito su labor, dejando al Cristo en su lugar habitual dentro del pequeño templo.

El Cristo de la Agonía es una talla del siglo XVII, vinculada a la escuela de Gregorio Fernández, y muy querida por los peñarandinos, al igual que las otras dos imágenes que más veneración reúnen en la localidad, el Cristo de la Cama y el Cristo del Humilladero. Además de en el día de su fiesta, esta talla vuelve a la calle varias veces durante los días de Semana Santa. Su ermita ha sido reconstruida varias veces a lo largo de la historia gracias al esfuerzo de los fieles. En el siglo pasado fueron dos las ocasiones en las que los peñarandinos evitaron con su esfuerzo que la ermita se viniera abajo. La primera de ellas tras la explosión del polvorín de la Guerra Civil en 1939, y la segunda 20 años después cuando se impulsó la reconstrucción definitiva gracias al aliento del sacerdote Agustín Martínez Soler. En los años 70 se embelleció su exterior con jardines y un bonito paseo. Un monolito a las afueras de la ermita recuerda a todos los que trabajaron para no dejarla caer en el olvido.