Virginia Barbero: "La diabetes no pone límites, los pones tú"

Virginia Barbero

Virginia Barbero, hoy con apenas 18 años, recibió el diagnóstico de una diabetes que llegó por sorpresa cuando tenía 7. Afortunadamente, tuvo la suerte de caer en las manos de unos profesionales que le dieron las claves para controlar la enfermedad, algo que le permitió seguir aferrada a su pasión, el deporte.

A Virginia Barbero, una joven de 18 años que vive en Babilafuente, la diabetes no le ha impedido seguir el curso de su vida con toda normalidad. Tampoco le ha apartado de nada a la hora de llevar a cabo cuaquier actividad. Por eso, hoy está a punto de comenzar uno de sus grandes sueños, ser auxiliar de enfermería.

 

Hace ya 11 años, cuando tenía siete, recibió el diagnóstico de una diabetes que llegó por sorpresa. Afortunadamente, tuvo la suerte de caer en las manos de unos profesionales que le dieron las claves para controlar la enfermedad, algo que le permitió seguir aferrada a su pasión, el deporte.

 

Porque cree que es todo un ejemplo de superación, que no existen límites más allá de los que "nosotros nos marcamos", su mensaje lleno de fuerza, optimismo y actitud es el mensaje que queremos transmitir en un día como hoy.

 

-¿A qué edad comenzó a ser diabética? ¿Qué síntomas notaba?

 

-"Pues tenía once años y al principio me notaba super rara, el aliento me olía a acetona, bebía munchísima agua y hacía mucho pis, adelgacé y sobre todo me notaba cansadísima sin hacer nada."

 

 

-¿Qué hizo entonces?

 

-"Pues por casualidades de la vida esa semana me tocaba revisión con el pediatra y mi madre se lo comentó, me hicieron varias pruebas de sangre y detectaron que tenía algo así. Después me hicieron una de orina y me dio también, total, 600 de azúcar y directamente a urgencias en Salamanca porque al ser de Babilafuente, en los centros de los pueblos no pueden controlarla".

 

-En ese momento... ¿Cómo acepta la situación?

 

-"Pues la verdad es que no sabía lo que era, tenía un amigo en el cole que era diabético pero no sabía lo que era, y bueno al ver a mi madre que solo lloraba, pues también lloraba... Era un sentimiento de impotencia, no sabía que hacer ni tampoco sabía porqué mi madre lloraba tanto".

 

-¿Se la cogieron a tiempo? ¿Cuál fue la medicación que le pusieron?

 

-"Si me la cogieron a tiempo. Me pusieron insulina y llevo con ella desde los once años. Me pinchaba antes de cada comida y dos horas depués de cada comida. A media noche y a las tres de la mañana tenía que hacerme otra prueba. Ahora ya no me hace falta hacerme la de las tres de la mañana. Tanto tenerla alta como baja es un grave problema".

 

-¿Cambia este tratamiento con el tiempo. A medida que cumple años?

 

-"Si claro. Hoy por hoy llevo una bomba. Con ella todo es mucho más fácil porque te va dando la insulina (lenta y rápida) que necesitas tanto para las bajadas, como para las subidas".

 

-En el caso de tener una subida o una bajada ¿puede hacer vida normal, por ejemplo, estudiar?

 

-"Es muy difícl para que te voy a engañar, en un momento así te empieza a doler la cabeza, te mareas, se te seca la boca... Te deja machacada, es como si hubiera estado todo el día corriendo".

 

-Entonces la enfermedad ¿pone límites?

 

-"Si. En algunos momentos, yo por ejemplo me encanta correr, hago zumba... Pero con precaución".

 

-¿Hasta que punto es determinante que la detecten a tiempo?

 

-"Creo que cada persona es un mundo y bueno cuanto antes mejor si, sobre los 5 o 6 años para saber controlártela. En mi caso daría lo que fuera para que me la hubieran detectado antes por irme haciendo a la idea. Con 11 años te llegan demasiados cambios a la vida, sobre todo siendo una mujer. Te baja la regla, descubres tu sexualidad... Son todo cambios".

 

-¿Qué consejos le daría a una persona que la padece?

 

-"Mi consejo es que puedes comer de todo. Es una mentira que no puedes comer una bolsa de gominolas, todo con precaución y sabiendo la insulina que tienes que ponerte. Que nadie piense que es un enfermo, es algo con lo que tienes que convivir toda la vida, a no ser que descubran una cura, ojalá".

 

-¿Buscar ayuda en especialistas? ¿En cuáles?

 

-"Si y sobre todo apoyarse en personas que también la tienen, en asociaciones... Hay que sentirse una entre muchos y ver que no estamos enfermos. Es más difícil asumirlo entre jóvenes y madres, lo llevan muy mal, creo que tienen que tomar una actitud más fuerte y no retransmitir sentimientos negativos a los hijos".

 

-¿Alguna vez ha notado discriminación por tener que pincharse en público?

 

-"Muchas y lo paso mal. Estaba en un restaurante con mi madre tenía que pincharme y una mujer me miró fatal. Le dije que me respetara y que lo que estaba viendo era algo que yo necesitaba. La gente cuando ve agujas lo lleva a terrenos que no son o les da miedo y hay hacerlo aunque no les guste".

 

Y así con diabetes y desde hace varios años, esta joven hace una vida normal, con éxitos y fracasos, con días soleados y otros nublados. Igual que todos.