Valioso punto con diez

ÓSCAR MARTÍN, PROTAGONISTA. Tuvo la mejor ocasión del partido con un disparo al palo y vio una segunda tarjeta amarilla absurda.
Opta España-Cega Sport / J. A. S.

La llegada de Carlos Pouso al banquillo del Guijuelo ha cambiado la cara al equipo que ha enlazado un triunfo y un empate, y ayer logrado además en casa de uno de los teóricos aspirantes al ascenso. El punto final tiene un mejor sabor después de aguantar durante la media hora final con un hombre menos por la absurda expulsión de Oscar Martín. El delantero charro se ganó la expulsión en cinco minutos al ver dos cartulinas amarillas a cada cual más inexplicable. La primera de ella fue por dejarse caer en un mano a mano ante el portero local y la segunda por rematar con la mano un saque de falta lateral.

A pesar de todo, el Guijuelo nunca dio la sensación de inferioridad y llegó al 94 embotellando al Alavés en su área. Los de Pouso demostraron desde el inicio que su intención era sumar tres puntos. Suyas fueron las mejores ocasiones en el arranque del partido. Óscar Martín se revolvió en el área y se encontró con un manotazo salvador del meta local para detener el balón. Dos minutos más tarde Pedrito se colocó el balón en la pierna izquierda pero no ajustó el disparo. Después de dos avisos chacineros, rebasada la media hora Romero pecó de individualismo y a pesar de tener dos compañeros desmarcados en el área, quiso culminar la jugada pero envió el balón al meta. La mejor ocasión del Guijuelo estuvo en las botas de Óscar Martín, que en una jugada al primer toque desde el centro del campo estrelló el balón en el poste de la meta vitoriana.

El Alavés daba por bueno el empate sin goles en tiempo de descanso porque pudo haberse llevado una goleada de escándalo en unos 45 minutos donde todo su arsenal ofensivo se redujo a dos disparos de Arriaga desde fuera del área que Montero atrapó sin ningún sobresalto.

Con diez jugadores
El segundo tiempo no cambió el guión del partido, a pesar de que en el minuto 56 Óscar Martín tuvo que enfilar el túnel de vestuarios por una expulsión tan merecida como absurda. El Guijuelo se preparó para treinta minutos en los que el Alavés tenía que hacer valer su superioridad, pero los de Carlos Pouso no sufrieron ningún tipo de agobio y llegaron al minuto noventa ni ningún contratiempo. Antes de quedarse en inferioridad, Leroy volvió a pecar de individualismo en un contragolpe charro. De nuevo en superioridad ante la defensa local, se empeñó en resolver por su cuenta cuando tenía dos compañeros en mejor posición a los que entregar el balón. Con un hombre menos, el Alavés se hizo con las riendas del partido y tuvo más tiempo el balón en sus pies, pero sin llegar a crear ocasiones que pusieran en peligro a Montero. Incluso el Guijuelo se permitió el lujo de buscar alguna contra, ante un equipo local cada vez más atenazado y presa de los nervios ante su impotencia ofensiva.

Lejos de encerrarse en la frontal del área, el Guijuelo quiso tener el balón en las botas y terminó mandando y con el balón en las inmediaciones de la portería alavesista. En el minuto 83 una falta por juego peligroso del Alavés fue lanzada con peligro por Leroy. César tuvo un cabezazo en el minuto ochenta y ocho, y el último minuto del partido, el minuto 94, se jugó en el campo del Alavés, que ya dio como bueno el empate y el punto.