Una semana y llega... la primavera y en dos, el cambio de hora

Foto: EP

La primavera astronómica comenzará el domingo 20 de marzo a las 04.30 horas y durará 92 días y 18 horas, hasta el 20 de junio, cuando se dé comienzo el verano.

Casi con la estación a medio estrenar, el 23 de marzo, tendrá lugar un eclipse penumbral de Luna, un fenómeno que sólo se podrá observar en Asia, Australia y el Océano Pacífico. En gran parte de América también se podrá ver, pero ya en su etapa final. Concretamente, se iniciará a las 11:41 horas (hora peninsular española) del 23 de marzo y durará alrededor de dos horas.

La fecha coincide, además, con la primera luna llena de la estación, también conocida como 'Luna de Cuaresma', siendo el domingo siguiente (27 de marzo) el Domingo de Pascua. En esta primavera se darán otras tres lunas llenas: 22 de abril, 21 de mayo y 20 de junio.

Lo que sí se podrá ver desde España es el tránsito de Mercurio por delante del Sol y que tendrá lugar el 9 de mayo. Concretamente, será visible en el este de América, oeste de Europa y el extremo más occidental de África.

Además, en la madrugada del 26 al 27 de marzo tendrá lugar el cambio de hora. Es decir, a las 02.00 horas (hora peninsular), habrá que adelantar el reloj hasta las 03.00 (las 01.00 de la madrugada en Canarias pasarán a ser las 02.00), con lo que este día tendrá, oficialmente, una hora menos.

EL INICIO DE LA PRIMAVERA

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) explica que, según convenio, el inicio de las estaciones se produce en aquellos instantes en que la Tierra se encuentra en determinadas posiciones de su órbita alrededor del Sol.

En el caso de la primavera, esta posición es aquella en que el centro del Sol, visto desde la Tierra, cruza el ecuador celeste en su movimiento aparente hacia el norte. Cuando esto sucede, la duración del día y la noche prácticamente coinciden, y por eso, a esta circunstancia se la llama también equinoccio de primavera. En este instante en el hemisferio sur se inicia el otoño.

De este modo, el equinoccio de primavera puede darse, a lo sumo, en tres fechas distintas a lo largo del siglo XXI, pudiendo iniciarse en los días 19 al 21 de marzo (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003.

Las variaciones de un año a otro se deben a la forma en que encaja la secuencia de años según el calendario (unos bisiestos, otros no) con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico).

DÍAS MÁS LARGOS

La primavera es la época del año en que la longitud del día se alarga más rápidamente. A latitudes de la Península, el Sol sale por las mañanas antes que el día anterior y se pone después por la tarde. Como consecuencia, al inicio de la primavera el tiempo en que el Sol está por encima del horizonte aumenta casi tres minutos cada día a la latitud de la península.

En cuanto a la actividad del Sol, en su superficie hay manchas, fulguraciones y protuberancias y en la Tierra se aprecia en alteraciones en la propagación de las ondas de radio y en una mayor presencia de auroras polares. Esta actividad sigue un periodo de aproximadamente 11 años, y está asociada al ciclo magnético del Sol.

En esta estación, sin necesidad de telescopio, se pueden observar las lluvias de meteoros que se producen ocasionalmente. La lluvia más importante de la primavera suele ser la de las Eta Acuáridas, cuyo máximo se da alrededor del 5 de mayo.

OBSERVACIONES DEL CIELO

En cuanto a las agrupaciones ficticias de estrellas conocidas como constelaciones, alrededor de la estrella Polar se verán a lo largo de la noche la Osa Menor, el Dragón, Cefeo y el León (Leo).

Con grandes prismáticos o un pequeño telescopio, dotados de un filtro lunar adecuado, se puede observar el relieve de la Luna. Para tener una buena visión de él conviene ir observándolo noche tras noche mientras va creciendo la iluminación de la Luna, pues así se ven aparecer nuevos accidentes orográficos.

Cuando la noche es más oscura por haber luna nueva, se puede intentar ver nebulosas de emisión como el complejo de nebulosas de Orión (Messier 42 y 43), el grupo de las estrellas Pléyades y el resto de supernova conocido como la nebulosa del Cangrejo (Messier 1). Con prismáticos también se pueden ver las lunas más brillantes de Júpiter y se puede hacer un recorrido por la franja estrellada que constituye la Vía Láctea.