Una oportunidad única en la vida

Seis meses después de que diera comienzo, la Euroliga femenina conocerá al campeón de la edición de 2011 y el vencedor saldrá del duelo entre el Spartak&KMR Vidnoje y el Halcón Avenida en una final que no es inédita en esta competición pero por la que seguramente apostaban pocos cuando se dio el pistoletazo de salida. Es verdad que los dos equipos generaban expectativas, aunque por diferentes motivos, pero no lo es menos que en las apuestas había otros equipos como Fenerbahçe, Ekaterinburg, Galatasaray o el propio Ros Casares que partían por delante.
Teresa Sánchez

Spartak, aunque ganador de las últimas cuatro ediciones y aun conservando un roster notable, había visto marcharse a piezas fundamentales como Diana Taurasi o Fowles rumbo a Turquía y encima durante la fase de clasificación perdía a Lauren Jackson por lesión. Poco después la letona Anette Jekabsone, su referencia exterior, también hacía las maletas para marcharse al baloncesto turco. En la fase de clasificación y a no se vio al equipo dominador de otras temporadas, pero lo cierto es que parece como si el equipo moscovita mantuviera un idilio especial con esta competición. Se recompuso con fichajes como el de Taj McWilliams y la llegada en enero de Sue Bird, y tras superar en unos igualadísimos octavos de final al Beretta Familia, se vio las caras con Fenerbahçe en los cuartos. Ahí salió el Spartak campeón. Olió sangre porque sabía que el, hasta entonces favorito, estaba tocado por el affaire Taurasi y la marcha de Penny Taylor y sentenció en dos partidos.

Una vez en la Final Four, y por mucho que le tocara medirse a su gran rival y anfitrión, Spartak ya pisaba terreno conocido. Pocos se desenvuelven tan bien como el equipo moscovita y su entrenadora Pokey Chatman en una cita así y ahora se enfrentan a la posibilidad de ganar nada menos que su quinto título consecutivo. Algo casi único.

Todos esperaban que Halcón Avenida hiciera una buena Euroliga porque en sus pocos años en esta competición siempre ha rendido a gran nivel y, sobre todo, porque había conseguido reunir una plantilla de una calidad altísima y ya con experiencia en estas lides. Las expectativas se fueron cumpliendo a la vez que el grupo de jugadoras dirigidas por Mondelo crecía como equipo y el primer puesto en un grupo de clasificación como el que le tocó en suerte confirmaba que había opciones reales de alcanzar una segunda Final Four. Pécs, primero, y Wisla, después, fueron los últimos escollos antes de plantarse en Ekaterinburg y se salvaron con una suficiencia que disparó la ilusión por hacer algo mucho más grande.

Superar a Ros en la semifinal confirma de manera definitiva la caída de muchos muros inabordables en el pasado y ahora queda un último paso. Hace dos años fue imposible que Spartak permitiera que el equipo diera ese salto a la gloria. Hoy todo el mundo piensa que es posible y, sobre todo, es el momento de darlo todo porque, sin duda, se trata de una oportunidad que quizás sólo surge una vez en la vida.