Una feria que aprovecha la inercia de Agromaq y confeccionada a base de decretos

La nueva feria agropecuaria se sirve de la trayectoria de su antecesora, a la que calca en todo lo fundamental. Nacida tras acabar con la colaboración entre instituciones, la premura ha presidido los preparativos y cierne sobre ella la sombra de un coste económico mayor.

Este jueves, día 4 de septiembre, arranca la pimera edición de Salamaq, la enseña bajo la que ahora se celebra la tradicional feria del sector agropecuario de Salamanca, una cita ineludible que ha ido fraguando su prestigio durante años y que se ha visto envuelta en la polémica desde que la Diputación se empeñó en impedir que fuera organizada por IFESA para que La Salina pudiera cumplir con su objetivo de hacerse cargo en solitario.

 

El golpe de mano se produjo en octubre cuando la propia Diputación propuso que la institución ferial no inscribiera la feria, una manera de sacar a Cámara, Confaes y Cámara Agraria del evento; contó con el apoyo de un representante de Ceiss en una jugada rocambolesca y del Ayuntamiento de Salamanca, y la abstención de la organización agraria dejó en bandeja la solución: IFESA en vía muerta y camino despejado para que la Diputación organizara en solitario una nueva cita con marcado toque presidencialista. Y que, eso sí, tardó bastante en arrancar y que ha pagado este retraso con exceso de improvisación.

 

Tras el cambio, el presidente Javier Iglesias (su área asumió buena parte de la gestión) ha ido vistiendo una 'nueva' feria que, sobre el papel, no quería tomar nada de su antecesora, pero la realidad es que el resultado no permite olvidar a la 'antigua' feriaSalamaq nace deudora de Agromaq y ha sido posible, en buena parte, gracias a su inercia. Solo así se explica el nivel de inscripción, porque en pleno mes de mayo no era posible inscribirse y solo había un logo y un correo electrónico. En su presentación oficial hace unos días se puso de manifiesto que la feria es idéntica en lo básico y que repite el esquema profesional y de explotación instaurado en la larga etapa de IFESA. Y para esta primera edición sus cifras son casi calcadas de las del año pasado en expositores, ocupación y metros cuadrados, tanto en la feria agropecuaria como en la exposición de ganado.

 

En la inscripción repiten el 95% de los habituales, a los que no había necesidad de convencer para que reservaran su sitio en el sitio de los profesionales, un espacio que admite poca capacidad más. Y las novedades se limitan a un stand de la Usal y unos pocos expositores más. Habrá ministra, pero no stand de Ministerio, y consejera de la Junta; día de las provincias, una jornada para Aquitania, vinculación con Portugal... nada que no se hubiera hecho ya. Así que para ver en este capítulo el cambio anunciado por Javier Iglesias habrá que esperar.

 

A pesar de la promesa de "una feria del siglo XXI", más profesional, de calidad y con más proyección, el resultado no solo es muy parecido a lo que había, sino que el camino de su creación se ha tenido que hacer con la base de decisiones políticas y con escasa previsión y mucha precipitación. El bloqueo de IFESA ha impedido contar con el personal que tenía la experiencia de organizar la feria durante muchos años, y la decisión de hacerla con personal propio de la Diputación, algo en principio positivo, se ha tornado en contra al comprobar que pocos habían participado alguna vez en la cita. Para suplir esta situación se decidió adscribir a la feria a 36 personas, una decisión dudosa cuando eran tres los técnicos que, con puntual apoyo de la Diputación, la habían estado organizando.

 

El nombramiento se hizo con un plazo escaso, como muchas de las decisiones tomadas. La aprobación de los precios públicos, el reglamento, las obras de acondicionamiento y mejora del recinto para esta feria... se han concentrado en poco más de dos meses. El resultado, multitud de correcciones, ajustes, cambios de última hora y premura para acabar a tiempo, muchas decisiones sin consenso, escasa información al grupo de la oposición, contratos de elevada cuantía entregados en procedimiento negociado sin publicidad, tarifas cambiadas varias veces, decretos improvisados para introducir un tipo nuevo de entrada...

 

Todo ello alimenta el temor, fundado ya en algunos gastos, de que la feria tendrá un coste para las arcas públicas elevado. Al margen de si el presupuesto es o no mayor, al expulsar al resto de instituciones de la organización y dejar en vía muerta IFESA, la Diputación de Salamanca se ha condenado a asumir todas las facturas de la feria, que se aventuran cuantiosas. El presupuesto, 408.000 euros para la feria, se puede quedar pequeño frente a lo que suponen los 854.000 euros en obras de cara a esta cita, contar con 36 trabajadores, los gastos de montaje de los stands, la nueva imagen, la publicidad en medios... y todas las partidas necesarias para sacar adelante una feria. La liquidación de gastos e ingresos (fiados a la masiva venta de entradas y la recaudación por stands pese a la rebaja de algunos precios), y no el presupuesto, dirán cuál es el resultado. La última Agromaq dio beneficios, algo que también convendría imitar, más cuando se trata de dinero y gestión íntegramente públicas.