Una expedición española extrae datos sobre el estado del Ártico en Groenlandia

Expedicionarios tomando muestras en Groenlandia

Técnicos del proyecto 'Trineo de Viento' han realizado varias perforaciones en el Ártico con motivo de la expedición 'Cumbre de Hielo Groenlandia 2016' con las que poder constantar 'in situ' la situación de la nieve en la zona. 

Comandados por su promotor, Ramón Larramendi, las muestras extraídas tienen como objetivo arrojar luz sobre las consecuencias del cambio climático en el polo norte.


"El viaje ha sido exitoso y se han cumplido los objetivos primordiales: completar el recorrido propuesto a través de un trineo impulsado por el viento y llevar a cabo todos los experimentos propuestos por el Consejo superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Alcalá", ha informado el miembro de la expedición, Manuel Olivera.

La expedición, que llegó a su fin el pasado 25 de junio, ha realizado caracterizaciones detalladas de la nieve cada diez centímetros en altitudes entre los 1.200 y 3.200 metros. Asímismo, se registraron datos de temperatura y humedad que, tras ser analizados por los científicos, podrían ayudar a conocer los efectos del calentamiento global.

"Los efectos más claros del cambio climático se producen en el Ártico, mucho más que en cualquier otra parte del mundo" ha afirmado Olivera. Para el expedicionario, conseguir estos datos "ayudará a hacer una extrapolación" con los que la tecnología recoge a través de satélites. No obstante, para Olivera las subidas de temperaturas ya son un hecho en Groenlandia después de haber estado allí en 2014: "han sido más benignas que hace dos años, además fuimos en la misma época, por lo que podemos asegurarlo" ha sentenciado.

Las muestras de las distintas capas de hielo extraídas se mandarán a las Universidades que han colaborado, sin embargo, aún es pronto para saber los resultados finales según Olivera: " Las pruebas siguen en nuestro poder y no será hasta finales de verano cuando nos las reclamen los equipos científicos". Junto a las muestras polares, también se realizó una inspección de muones, partículas elementales provenientes de la radiación cósmica.

Pero la expedición tampoco ha sido de placer. Según Olivera, "las condiciones atmosféricas han sido más complicadas", ya que durante el transcurso tuvieron que soportar cuatro tormentas, de las cuales, tres registraron vientos entre los 70 y 80 kilómetros por hora. Comenta que en la última travesía en 2014, el tiempo fue "espléndido" y que tuvieron periodos prolongados de tiempo despejado seco, algo, que para él, es "un signo de la alteración del clima".

Otra de las dificultades ha sido la coordinación de los equipos, pues algunos de los expedicionarios no tenían experiencia con los aspectos técnicos del trineo. "Vas un poco a trompicones, pues casi todo el trabajo recae sobre los que saben" ha recalcado el técnico. A su juicio, los grupos configurados por Larramendi "ayudaron a transmitir los conocimientos adecuadamente".

UN VEHÍCULO NOVEDOSO

Los técnicos realizaron un recorrido circular de 37 días a bordo de un vehículo eólico exento del uso de combustibles fósiles contaminantes. El aparato, ideado por Ramón Larramendi hace 16 años, consta de cuatro trineos, enlazados entre sí, con un peso en torno a los 2.000 kilogramos y que son movidos por las rachas de viento."Hasta que no lo ves, es difícil imaginar que 2.000 kilos puedan ser movidos por una cometa" bromea Olivera.

Los primeros prototipos se proyectaron en el año 2000 en Canadá y al principio solo estaban provistos por un trineo que tiraba de la tienda de campaña. Un año más tarde, se realizó el primer viaje a Groenlandia,un trayecto de costa a costa que ayudó a que en los años siguientes se incluyeran mejoras. "Empezamos a introducir nuevas dimensiones, modos de transporte, nuevas aplicaciones en los equipos... hasta que en el año 2005 se utilizó para un viaje en la Antártida de más de 4.500 kilómetros en condiciones muy duras" ha indicado el experto.

El fin del vehículo, según los promotores, es la de ofrecer una alternativa sostenible a "los costosos y contaminantes viajes científicos" a zonas tan inhóspitas como Groenlandia. A raíz de sus características, el expedicionario comenta que el viento condiciona la ruta a elegir. "El viento en el casquete polar es muy variable, pero en general, es favorable a la navegación". El técnico, que compatibiliza su trabajo en Ferrovial con el proyecto, ha explicado que en los flujos circulares en dirección de las agujas del reloj que se producen en el polo norte han sido "los que les han guiado para definir el trayecto".

NUEVOS PROYECTOS

Tras el de Groenlandia, Ramón Larramendi y su equipo tienen en mente realizar otro en la Antártida para finales de 2017 y principio de 2018, según ha comentado Manuel Olivera. No obstante, las trabas burocráticas y económicas son un condicionante que desde la organización tienen en cuenta.

"Es un proyecto que Ramón tenía planteado desde hace unos años, pero ir a la Antártida es complicado ya que se necesitan una serie de permisos" ha avisado. Además, para el miembro de la expidición, "la ciencia es un compañera pobre de viaje". De hecho, "ahora es el propio Ramón Larramendi a través de su agencia de viajes, 'Tierras Polares' el que pone el dinero", ha comentado.