Un nuevo frente pone en riesgo a Villarino y quema 500 hectáreas

Desolación, indignación, rabia y mucho, mucho miedo. Esas fueron algunas de las sensaciones y emociones que vivieron a lo largo de la tarde de ayer los vecinos de Villarino de los Aires cuando un nuevo incendio amenazaba sus casas sin que el aire les diera una tregua.
Miguel Corral

Solo la valentía y el arrojo de muchos de ellos fueron capaces de evitar la catástrofe, porque el fuego se acercaba irremediablemente y la tragedia se mascaba. Sin presión de agua en sus casas, sin medios aéreos ni humanos, a cubos de agua, uno a uno y en cadena, fueron poco a poco apaciguando al gran monstruo que quería entrar por ventanas y tejados. Garajes, perreras y algunas pequeñas casetas cercanas al casco urbano se rodearon de llamas haciendo que todos temieran lo peor.

El fuego comenzaba en torno a las 16,30 horas en el paraje conocido como El Cuernito, a unos 700 metros de las edificaciones del extrarradio del pueblo, y en poco más de 40 minutos las llamas se aproximaban de forma irremediable al Cuartel de la Guardia Civil y a las viviendas cercanas del poblado de Santa Catalina.

La fatalidad también fue aliada de este fuego cuando cinco horas más tarde aún resonaban entre las calles del pueblo el ruido de motores de hidroaviones y helicópteros. Tras el incendio que fue sofocado el día anterior, una de las patrullas de vigilancia detectaba sobre las 14,30 horas este nuevo foco, también alertados por un grupo de vecinos que se ofrecieron a acompañar a la unidad con objeto de indicarles el acceso más apropiado, pero una fatal maniobra en el camión de extinción descargó en un segundo la cuba de agua, dejando sin medios posibles a la cuadrilla para arremeter contra las llamas y sofocarlo en el momento. La tardanza en la llegada de nuevos medios terrestres y el viento racheado de esos momentos hizo que las llamas se extendieran rápidamente con dirección al casco urbano del municipio, fue cuando los vecinos comenzaron a refrescar las zonas aledañas a sus casas temiendo lo peor. En la zona más alta del poblado de Santa Catalina se vivieron momentos de auténtica angustia al ver como el fuego intentaba entrar en las viviendas, pero la colaboración vecinal fue determinante para que no ocurriera la tragedia.

Una hora más tarde del inicio del fuego comenzaban a llegar los primeros medios terrestres y equipos aéreos. Los primeros poco podían hacer ante la complejidad que suponen los pocos accesos y el volumen que alcanzaron las llamas, pero su intervención fue determinante para sofocar el incendio que traspasaba la carretera que une esta localidad con Trabanca y no se adentrara en la zona del Zade, parte ya del Parque Arribes y con una gran frondosidad de la vegetación. Esto último obligó a la Guardia Civil a cortar la carretera durante varias horas.

También fue determinante la actuación de los equipos aéreos, sin su intervención el incendio hubiera cobrado unas dimensiones difíciles de cuantificar, aun así son muchos los daños en huertos y árboles frutales, algunas casetas de herramientas y persianas que no resistieron las temperatura por la cercanía de las llamas. Un bombero resultó herido leve como consecuencia de una caída.

Hasta el momento es difícil cuantificar la superficie calcinada por mantenerse aún activo, pero podría alcanzar las 500 hectáreas si finalmente no era controlado antes del anochecer. La labor de los medios aéreos fue dificultada enormemente por las tres líneas de torretas de alta tensión que atraviesan este término municipal. La zona del Parque Natural Arribes no ha sido afectada.