Un fenómeno natural que paraliza el tráfico aéreo

 
La Naturaleza puede con el hombre en pleno siglo XXI. Terremotos que destrozan ciudades, inundaciones y corrimientos de tierra que se llevan por delante barrios enteros, incendios que arrasan en semanas lo que se ha mantenido cientos de años y volcanes que paralizan Europa. Más de cinco millones de pasajeros han levantado la vista a las pantallas informativas de los aeropuertos para leer la palabra más repetida los últimos días ‘cancelado’. Resulta paradójico que la actividad frenética de un volcán de nombre impronunciable, del que sólo los más expertos conocían y sabían ubicar en Islandia, haya noqueado a Europa y mantenga en jaque a las autoridades de medio mundo. Una simple nube de polvo obligó a cerrar gran parte del espacio aéreo continental, con la desesperación que eso supone para miles de viajeros atrapados en los aeropuertos, sin otra posibilidad que esperar la normalización del tráfico aéreo y resignarse ante un fenómeno natural que se rebela y demuestra que la sociedad está a su merced. La nube volcánica también vuelve a poner de manifiesto la debilidad de un sistema que, ante situaciones imprevisibles, se bloquea y es incapaz de responder. La suspensión de miles de vuelos en Europa conlleva también la ralentización de numerosas actividades que dependen en gran medida de la rapidez de las comunicaciones aéreas. La reapertura de nuevo de los aeropuertos a primera hora de la tarde de ayer parece devolver la normalidad temporal a unos medios de transporte colapsados que siguen pendientes del cielo.