Un absoluto despropósito

La Unión Deportiva Salamanca dio ayer el paso que separa el desatino del esperpento al encajar una goleada histórica ante el eterno rival que vino acompañada por todos los males que han perseguido al equipo charro esta temporada. Una decisión arbitral controvertida, falta de iniciativa e ideas preocupantes cuando el partido estaba abierto, persiana cerrada en el área contraria y fragilidad moral tras el primer revés, ayer en forma de gol.
Teresa Sánchez

Cualquiera que pensara que el frío y el agua, que arreció sobre el estadio Helmántico en el inicio del encuentro, iban a deparar un derbi de baja temperatura se equivocó porque, sin que el buen juego apareciera, el duelo fue ganando en temperatura poco a poco y en apenas en veinte minutos se plantó en el punto de ebullición con la expulsión de Héctor Yuste. Tras quedarse con uno menos, el Salamanca aguantó 25 minutos para después, en el segundo tiempo, venirse abajo demostrando la misma inconsistencia que tiene un castillo de naipes.

Antes de que el colegiado reclamara su parcela de protagonismo sorprendió la falta de tensión con la que el Salamanca pareció situarse sobre el campo. La alineación apuntaba a un equipo cuya intención era la de manejar el balón pero ni Mario ni Perico aparecieron en los primeros minutos y eso permitió que el Valladolid, al que se le notaba muy cómodo, fuera el que manejara el encuentro . Las incorporación por banda derecha de Barragán creaba mucho peligro y entre él y Sisi multiplicaron las llegadas por esa zona superando una y otra vez a Arbilla y Sarmiento. Biel Ribas tuvo que intervenir con acierto un par de veces en apenas diez minutos, sobre todo en una acción en la que se encontró mano a mano con Javi Guerra y acertó a despejar con el pie.

La UDS, que se encontraba con muchísimos problemas para salir con el balón jugado desde su campo, apenas se acercaba al área del Valladolid y cuando lo hacía era de forma atropellada, como cuando Perico se cruzó ante Yuste, que venía de cara y no le dejó disparar. El único recurso con el que los charros conseguían cruzar hasta el campo adverasrio era el balón en largo en busca de un Juanjo que, ante Juanito, se las llevaba todas. Lo malo es que sus acciones no tenían continuidad.

El partido no discurría por buen camino para los locales pero todo es susceptible de empeorar y a los veinte minutos Del Cerro Grande mostró roja directa a Héctor Yuste que, en una incorporación, llegó forzado y, tras tirarse al césped y resbalar, golpeó a Peña. Fue falta pero el color de la tarjeta al menos se puede discutir.

Restaban setenta minutos con uno menos y con la sensación de que el Valladolid estaba en su salsa esperando el momento para aprovechar la oportunidad definitiva. Lo curioso es que fue a partir de ese momento cuando el Salamanca dio la sensación de estar más cómodo. Se protegió cerca de su área y cerró todos los espacios con tranquilidad suficiente para salir en alguna contra y alcanzar el descanso.

Con esa intención saltó al campo en la segunda parte pero a los cuatro minutos Sisi encontró el hueco justo en la frontal del área y dejó un balón franco para que Óscar le diera el primer estoconazo al equipo de su tierra. Zamora rozó el empate en un lanzamiento de falta pero la acción fue un espejismo ante lo que se venía encima. Javi Guerra hizo el segundo en un saque de esquina mal defendido por los unionistas que a partir de ese momento desaparecieron del campo. Repitió el goleador pucelano y acto seguido Mario Rosas vio la segunda amarilla. El Salamanca, de desatino en desatino, se quedaba con nueve y el duelo acabó en un despropósito absoluto del que habrá que ver cómo se repone.