Tras 41 años, Casimiro cuelga el SILBATO

El homenaje del pasado día 8 de diciembre cerró de manera oficial su carrera como árbitro
ADRIÁN A. GARCÍA
Desde que comenzara el fútbol en la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, la figura del árbitro siempre ha estado en el centro de toda la polémica. Que un jugador falle no se tiene tanto en cuenta como que lo haga el encargado de repartir la justicia dentro del terreno de juego.

El pasado día 8 de diciembre, en el campo de fútbol del complejo deportivo Rosa Colorado –antigua Sindical–, el fútbol salmantino reconoció la figura de una de esos valientes que saltan al césped en soledad domingo tras domingo. Casimiro Paredes colgará el silbato cuando finalice su colaboración en el Trofeo Rector de la Universidad Pontificia tras 41 años al pie del cañón, algo digno de todo elogio. Y así se lo quisieron transmitir.

Toda una vida ligada al fútbol se cerró oficialmente aquel día. El silbato con el que ha impartido disciplina en los campos de fútbol de Salamanca a lo largo de tantos años sonaba por última vez aquel día. Muchos recuerdos aparecían en la mente de este colegiado salmantino cuando el viento se llevaba las últimas notas del instrumento con el que ha dirigo miles de orquestas futbolísticas.

Cuando la década de los 70 comenzaba, una lesión en el menisco interno frenó la carrera de Paredes –así se le conocía por los estadios– como jugador de fútbol. Ahí se inició la leyenda que ha recorrido durante 41 años, sobre todo, los torneos de fútbol modesto de la ciudad. El Paradinas Hernández, el Trofeo Charro y el Isidoro Benito en estos últimos tiempos han disfrutado de un árbitro dialogante y al que tenían que cabrear mucho para que sacara una tarjeta. “Lo que peor he llevado siempre ha sido el menosprecio, que me enviaran por ahí, porque entonces se iban ellos”, reconoce.

Con tantos partidos a sus espaldas, Casimiro ha podido apreciar el cambio que ha sufrido la educación dentro de los terrenos de juego. “Antes se respetaba más al árbitro. Ahora enseguida que uno falla le protestan y te echan a los compañeros encima. Además, hay entrenadores que no valen para nada y que lo más redondo que han visto en su vida es un zapato, que no hacen más que protestar”, asegura.

Y es que nadie mejor que él sabe lo que es estar en todos los bandos posibles dentro del mundo del fútbol. Su etapa como futbolista comenzó con 14 años en el Ínter, un equipo formado, en su mayoría, por jóvenes inmigrantes. De ahí pasó al Racing de Ballesteros y pronto fueron los equipos leoneses los que se fijaron en él. A pesar de ser salmantino, su etapa deportiva se desarrolló en León. Primero con el Júpiter Leonés y, posteriormente, con la Cultural Leonesa, con la que llegó a jugar en Segunda División. Finalmente, su carrera terminó en el Europa Delicias de Valladolid. Por el camino, ese extremo izquierdo que era fue tentado por el Atlético de Madrid, pero como ocurría en aquellos años, lo primero era el trabajo.

La anécdota que mejor recuerda de esa época de su vida es la ocurrida en un derbi entre el Júpiter y la Cultural. Él militaba en los locales y un disparo suyo impactó en el rostro de un anciano que veía el encuentro. La dureza de los balones de aquella época hizo que pronto el hombre comenzara a sangrar y Casimiro, preocupado, se acercó a pedirle disculpas, a lo que el anciano contestó: “Vamos hijo, sigue, que les vamos ganando”.
Ésta y muchas más le vinieron a la mente durante el día 8. “El día del homenaje estaba en una nube porque recordaba muchas cosas, toda una vida de mucho sufrimiento, pero estoy muy orgulloso de toda mi trayectoria deportiva”, señala.

Durante el transcurso de aquella jornada, Casimiro quiso dedicar unas palabras de agradecimiento. En primer lugar, a los responsables del Monterrey y del Jai Alai –club para el que ahora colabora– por haber hecho posible ese día; en segundo, a la gente de León, a la que le debe mucho y de la que se acuerda bastante, sin ir más lejos Marianín –internacional con España cuando vestía la camiseta del Oviedo– le llamó cuando se enteró del homenaje; y, por último, se dirigió a los más pequeños para recordarles el respeto que tienen que demostrar por sus padres, por sus entrenadores y por los árbitros.

Mientras tanto, el fútbol salmantino simplemente le puede decir: “Gracias por los 41 años, Casimiro”.