Terneras salmantinas con la marca Casa de Alba, la última apuesta por rentabilizar su patrimonio

Ganado pastando en una de las fincas salmantinas de la Casa de Alba.

Más de mil cabezas de ganado pastan en las siete fincas de la duquesa en el campo charro y abastecen a la casa de carne para su marca de productos 'gourmet'. Sirvió para abrir una nueva línea de negocio y se ha exportado con éxito a Francia.

Hace ahora un par de años, la Casa de Alba decidió emprender una nueva aventura: vender sus propios productos agrícolas. La idea vino por la necesidad acuciante de sacar rentabilidad a su patrimonio para poder mantener las actividades filantrópicas de la duquesa y el importante legado cultural y artístico que atesora la casa. La oportunidad estaba en aprovechar el potencial de las propiedades agrícolas, objeto en ocasiones de polémicas para las subvenciones de que disfrutan y por algún episodio de invasión por jornaleros en Andalucía. Y fraguó en una serie de productos procedentes de sus fincas repartidas por toda España que se venderían con la marca Casa de Alba.

 

La comercialización se inició el pasado verano de 2013 con una línea de productos que incluye aceite de aceitunas cordobesas, naranjas sevillanas y carnes con el marchamo de una del familias más afamadas de España y del mundo; pronto se ampliará con una línea de pastas con trigo de las fincas de la casa. Uno de los hijos de la ahora fallecida duquesa, Cayetano Martínez de Irujo, fue el designado por doña Cayetana para desarrollar esta nueva línea de negocio. Y en los planes para convertir a los Alba en vendedores de productos 'gourmet' estaba también Salamanca.

 

En la provincia tiene el ducado importantes propiedades, no solo en forma de palacios como el de Monterrey, sino en fincas agrícolas con todas las características del campo charro. En siete de ellas, Aldeanueva, Carnero, Castillejo, Gallegos de Crespes, Gómez Velasco, Monasterio y El Tejado, se asienta la producción de carne para la marca Casa de Alba. Propiedad de la familia desde los tiempos del Gran Duque de Alba, en el siglo XVI, la de Carnero (en Calzada de Don Diego) acoge las vacas de raza morucha que, cruzadas con charolaise, son el origen de los ejemplares que proporcionan la carne que se vende bajo la marca creada.

 

Su comercialización arrancó en Francia, donde vendió la primera parte de la producción, pero en su día Cayetano Martínez de Irujo expresó su intención de que pudiera venderse también en España, como ocurre con el aceite de oliva y las naranjas.