Tenía que pasar y pasó, de la peor manera posible

 
Resulta lamentable que hace una semana Zapatero se negara a una mayor reducción del gasto público sólo porque se la pedía Rajoy; que hace tres meses rechazara de plano la congelación del sueldo de los funcionarios, y que en los últimos dos años no haya escuchado a los expertos y organismos internacionales, a todos los partidos de la oposición y hasta a algunos de sus asesores para tirar por la borda en un sólo día su proyecto político y admitir de golpe el rotundo fracaso de su política económica. Si es Obama ahora quien tiene que gobernar este país a golpe de teléfono, España tardará tiempo en recuperar su credibilidad; pero de momento deberá hacer frente a unos recortes que eran necesarios, aunque lleguen de la peor manera posible. Primero porque llegan tarde, segundo porque lo hacen de forma drástica y las consecuencias recaen fundamentalmente en los empleados públicos, los pensionistas, las madres y los dependientes; y tercero, y más importante, porque el tijeretazo será insuficiente sino viene acompañado por reformas estructurales de calado, empezando por la reforma laboral cuyo consenso será ahora más difícil con unos sindicatos todavía conmocionados por el recorte social. Sin olvidar tampoco que el presidente perdió ayer una oportunidad de oro para anunciar la desaparición de algunos ministerios sin contenido, como la Vicepresidencia tercera, Vivienda e Igualdad, tal y como le pidió Rajoy, lo que hubiera amortiguado el jarro de agua fría sobre las familias españolas.