¿Te apuntarías a una cena secreta? Sin saber con quién, ni dónde…

Fotos: Patricia Sánchez

Imagínate que recibes una invitación en la que solo pone: “La cena está servida, pero no podemos decirte dónde”. ¿Aceptarías esa cita a ciegas? Pues… quizás no deberías dudar. Puede ser una gran oportunidad o, cuanto menos, un punto de partida.

Hace tan solo un par de semanas, se celebró en Salamanca la primera Cena Clandestina. Un cita secreta “donde el misterio es el protagonista, un encuentro en el que todo es intrigante, lo más sugerente es no saber dónde se va a cenar ni con quién, hasta el último momento”, explica Patricia Sánchez, una de las organizadoras.

 

Doce mujeres salmantinas fueron en esta ocasión las protagonistas, las destinatarias de las invitaciones a este peculiar evento. Todas ellas fueron seleccionadas por su afinidad en las redes sociales, donde se puede comprobar que también tienen intereses compartidos, a pesar de que muchas no se conocían físicamente entre ellas. Las dos promotoras de este evento pilotó, Patricia Sánchez y Sara Lozano, se conocieron en condiciones parecidas, “éramos amigas en las redes y, después de varios años conversando ‘on line’, este año, en primavera, decidimos tomar un café para charlar y empezaron a surgir planes, entre ellos traer a Salamanca estas Cenas Clandestinas”.  Así, la primera ha sido un encuentro entre mujeres emprendedoras, que no dudaron en asistir a la cita con curiosidad y ganas de compartir nuevas ideas.

 

Los detalles se desvelaron a cuenta gotas. Primero llegó la invitación, como a principios de noviembre, explica Carmen Martín (propietaria de La Jamonería del Carmen), “y yo enseguida acepté, me encantó la idea, conocía a las organizadoras y había oído hablar de estas cenas en otras ciudades”.

 

 

A pocos días del evento, cuenta Carmen, “conocimos el lugar aproximado y la hora, nos citaron en la Casa de las Conchas, antes de cenar”. Desde allí a la verdadera ubicación, en una sala privada y decorada para la ocasión, “muy bien organizado y todos los detalles muy cuidados”, dentro del edificio La Malhablada.

 

Y, finalmente, las comensales, un grupo variopinto pero también con mucho en común, del sector gastronómico, el diseño, la comunicación… todas dispuestas a poner en común su experiencia para ganar en valor y en sinergias. Carmen conocía “a alguna, a otras de oídas y a otras de nada”, pero todo fluyó y pasaron un velada estupenda, en torno a un buen menú, servido por David Berrocal y Lilicook.

 

Para Carmen, ha sido una experiencia “que repetiría sin dudarlo, no solo por el buen rato que pasamos si no porque pudimos generar sinergias muy interesantes, hacer contactos y compartir ideas o nuevos proyectos”.

 

 

El siguiente paso, como explica la organizadora, será planificar otras actividades adicionales, “como encuentros after work”, para abordar distintos temas de forma periódica, debatiendo, poniendo en común experiencias, una forma de ponerse al día de las iniciativas socio-profesionales que surgen en la ciudad.

 

Parece que quedan “ganas de más”, sin embargo, habrá que esperar al menos hasta primeros de 2016. Ya se está cociendo una nueva cena, pero el modelo puede que no sea el mismo... estaremos atentos…