Sotomayor y Salamanca vuelven a poner a salvo el histórico récord de altura

La lluvia impide hacer buenas marcas en la final del Mundial y las pistas del Helmántico pueden mantener un año más, y van 22, una de las plusmarcas más longevas de la historia. Saltar por encima de una portería de fútbol sigue siendo patrimonio de Salamanca.

La lluvia, uno de los elementos en los que peor se encontraba Javier Sotomayor, se ha aliado con el cubano y le permite mantener vigente, una vez más, su extraordinario récord del mundo de salto de altura como uno de los más longevos. Queda temporada todavía y la competencia entre Barshim y Bondarenko ha puesto cerco a los 2.45 metros establecidos en 1993 en las pistas del Helmántico. Pero, de momento, la supervivencia de esa marca mantienen el nombre de Salamanca como una de las plazas de más prestigio del atletismo mundial, una gloria que hace tiempo está de capa caída y que tiene en aquel salto de Sotomayor uno de sus recuerdos.

 

La pista del estadio olímpico de Pekín ha aparecido mojada, una circunstancia que complica las marcas y que ha jugado a favor del plusmarquista mundial y en contra de los atletas que intentan poner cerco a un récord que cumple 22 años. Bondarenko y Barshim, que ya el año pasado pusieron en serios aprietos a Sotomayor, no están tan finos este 2015 y el cubano verá con orgullo como su marca sobrevive. La victoria ha sido para el canadiense Derek Drouin (2,34), seguido por Bondarenko, el chino Zhang y Barshim, empatados en 2,33 metros.

 

SALTAR UNA PORTERÍA

 

El récord de Sotomayor asombró en su día y su longevidad ha ido evidenciando el tamaño de la gesta, incluso en su sentido más estricto. Los 2.45 metros convierten al 'héroe de Limonar' en el único deportista que ha saltado por encima de la altura reglamentaria de una portería de fútbol (2.44 metros). Solo hay que ponerse bajo el larguero para darse cuenta de hasta donde se levantó el cubano: se puede hacer en las pistas del Helmántico, justo al lado de donde dio ese tremendo salto en julio de 1993, y así la impresión será completa.

 

La dimensión de ese salto fue objeto de reconocimiento en 2012, cuando la IAAF organizó una exposición sobre su centenario en la que recogió el salto de Sotomayor en Salamanca como una de las mayores gestas del atletismo de todos los tiempos. Solo hay que ver la imagen del atleta cubano junto al listón situado a la altura que superó. En aquella muestra se exhibió también la camiseta que llevaba cuando estableció el récord, el segundo que hizo en Salamanca y con el que redondeó lo mejor de su trayectoria, extensa en años, pero cuyo mayor rendimiento se produjo entre 1988 y 1993.

 

Esa época concentra sus mejores resultados y marcas. Su primer récord del mundo, el 2.43 establecido también en Salamanca el 8 de septiembre de 1988, lo mejoró al año siguiente en San Juan de Puerto Rico (2.44) y ambos récords fueron la antesala de sus títulos mundiales al aire libre y en pista cubierta, del oro olímpico y de un dominio total que le llevó a saltar más de 300 veces por encima de los 2.30 metros (con 16 años ya saltaban 2.33) y a redondear su leyenda con los 2.45 metros de 1993 en Salamanca, la que encabeza una lista en la que los tres mejores saltos siguen siendo del cubano, dos de ellos en el Helmántico.

 

 

UN RÉCORD AQUÍ Y AHORA

 

En entrevistas posteriores, Sotomayor ha tenido recuerdos para esta marca que, curiosamente, no considera el mejor salto de su vida. Por delante pone dos: su primer récord del mundo en Salamanca, el 2.43 de 1988, y el 2.40 con el que ganó el Mundial de Stuttgart en 1993. Eso sí, para el récord vigente guarda una perla que soltó en una entrevista reciente con Marca:

"Fue una temporada en la que estuve muy bien. Sabía que podía lograr el récord, pero agradecí hacerlo en Salamanca. Una semana antes, en Londres, salté 2,40, pero empezó a llover y dejé de saltar. Probablemente lo hubiera logrado allí, pero las inclemencias meteorológicas lo impidieron. Una semana después lo batí en Salamanca. Esa coincidencia me ilusionó porque allí fue donde hice también mi primer récord del mundo".

 

Si el 2.43 metros de 1988 llegó, según su entrenador José Godoy, como algo natural y que tenía que llegar en el caso del 2.45 (ya bajo las órdenes de Guillermo de la Torre tras el fallecimiento de Godoy) Sotomayor aprovechó un tren que parecía no iba a pasar nunca más. De hecho, el cambio de entrenador estancó su progresión entre 1989 y 1993. El cubano venía de ganar el oro olimpico en Barcelona con una marca menor, 2,34 metros, y se consideraba improbable que fuera capaz de volver a batir de nuevo el récord mundial. Pero aquella temporada había mostrado que estaba de nuevo en forma. En aquel Gran Premio Diputación de Salamanca sólo realizó cinco saltos. Pasó sobre 2,23, 2,32 y 2,38 en el primer intento y después pidió 2,45, directamente.

 

En el ambiente flotaba el recuerdo del récord de 1988, aderezado con el aroma que, sin salir de aquella tarde, dejaron los fabulosos 8.70 que Mike Powell, todo un plusmarquista mundial, había hecho en la longitud. Lo que ocurrió después se puede ver todavía en YouTube pero merece la pena recordar la crónica que Santiago Segurola hizo para El País:

 

"Sotomayor derribó la varilla en el primer salto. Fue un nulo claro, pero el atleta tenía el salto en la cabeza. En el segundo intento, se vio desde el principio que Sotomayor estaba en condiciones de batir el récord del mundo. Bastaba con ver su gesto concentrado y la mezcla de tensión y deseo que expresaba su gesto. De pie, a pocos metros de la varilla, repasó mentalmente su salto: la carrera y el despegue. Cuando revisó la película en la cabeza, suspiró, abrió los ojos y se lanzó con una carrera medida y potente. Era el gran Sotomayor. Tenía la potencia y la agilidad del muchacho que comenzó a asombrar a sus rivales cuando apenas había cumplido 18 años. La carrera y la batida fueron tremendas. Sotomayor se elevó oblicuo a la varilla, dobló la espalda y tocó el listón con la parte dorsal. Las piernas pasaron despues de un extraordinario golpe de riñones. Aunque la varilla se tambaleaba, el saltador cubano estaba seguro de que no caería. Salió como un huracán de la colchoneta y se abrazó a Guillermo de la Torre. Acababa de batir el récord y de recobrar todo el poderío de sus mejores días, en el mismo escenario donde logró su primera plusmarca mundial".

 

Sotomayor y Salamanca unían sus nombres para siempre, y el de las pistas del Helmántico sigue, un año más, en lo alto del todo en la lista de los mayores logros del atletismo de todos los tiempos como una de las plusmarcas más longevas. Le acompañan los 8.95 de Powell en longitud (1991), la plusmarca de 400 vallas que Kevin Young hizo en Barcelona 92, el récord de Jonathan Edwards en triple (1995)... la aristocracia del atletismo que, tiempo atrás, tenía Salamanca como cita ineludible.