“Somos personas y, a pesar de nuestra formación, nos afecta”

El Equipo de Intervención de Emergencia Psicosocial de Cruz Roja de Salamanca se desplazó hasta la capital gallega para dar apoyo a familiares y amigos de las víctimas del accidente ferroviario de Santiago de Compostela.

Dar apoyo y cubrir las necesidades básicas de víctimas de desastres naturales, accidentes o atentados. Es la labor del Equipo de Intervención de Emergencia Psicosocial de Cruz Roja de Salamanca. El fatídico 11M, el accidente de Spanair de 2010 en el aeropuerto de Madrid-Barajas, el terremoto de Lorca o el más reciente accidente de autobús en Serranillos (Ávila) son solo algunos de los escenarios donde este grupo de profesionales y voluntarios ha desarrollado su labor.

 

Su última actuación ha tenido como protagonista el accidente ferroviario de Santiago de Compostela. TRIBUNA ha hablado con Manuel Malmierca, responsable del equipo, y con Sara Benítez, voluntaria de Cruz Roja, para conocer de primera mano cómo es su trabajo en este tipo de tragedias.

 

En primer lugar, comenta Sara Benítez, lo que “intentamos es normalizar la situación y dar apoyo a las familias, llevándoles agua, comida o unas mantas para que sus necesidades básicas estén cubiertas”. Apoyo también en forma de palabras. Incluso de silencios: “Muchos te dicen que no quieren hablar contigo, pero te piden que no les dejes solos”, asegura Manuel Malmierca. La empatía juega entonces un papel clave para entender qué necesita cada persona en cada momento. “Trabajamos con emociones y reacciones y el resultado de nuestro trabajo no se aprecia directamente”.

 

Actuar de mediadores entre Policía Judicial, Guardia Civil o servicios sanitarios y las familias para dosificar la información es otra de las funciones de este equipo de Cruz Roja. A ellos se les encarga la labor de situar a las familias en una triste realidad; para muchos, son su primer punto de contacto con lo que ha sucedido. Lo peor, sin embargo, es la espera, la falta de noticias. Sara Benítez asegura que cuando finalmente se les comunica la muerte de un ser querido, “después de tantas horas, los familiares se sienten aliviados en cierto sentido”.

 

Coordinarse en medio del caos resulta complicado. Por eso existen planes de emergencia para que cada equipo sepa cuáles son sus funciones y su espacio de actuación. El de Galicia fue el primero de los 22 equipos de respuesta inmediata que Cruz Roja tiene repartidos por todo el país en desplazarse a Santiago de Compostela. A él se unieron a las pocas horas el de Asturias y el de Salamanca, en labores que suelen extenderse 72 horas sobre el terrero en largas jornadas de trabajo.

 

No es un trabajo fácil. Ni siquiera para quienes, como Manuel o Sara, cuentan con una preparación específica y continuada. Cursos, simulacros o seminarios no evitan que todo lo que allí ven les pase factura. “Somos personas”, sentencia Manuel Malmierca. De ahí que a la vuelta realicen una sesión para poner en común sus experiencias y darse apoyo mutuo; algo que también tratan de poner en práctica sobre el terreno en sus escasos descansos.

 

El apoyo del equipo de Cruz Roja se suma a la solidaridad y el cariño mostrado desde cualquier punto del país. Un calor que, según Manuel Malmierca, llega a las familias que muchas veces “se acercan para darte las gracias”.