Sin noticias de 'Concha'

De momento nada de lo presentado merece el máximo galardón de este Zinemaldia. Veamos qué nos depara la segunda jornada...

DONOSTIA ZINEMALDIA: Día 2...

 

Sé que aún es pronto y que quedan muchos días por delante, pero de momento no hay ninguna película que a mi juicio merezca llevarse la Concha de Oro. La segunda jornada ha ofrecido dos pases de sección oficial (Pelo malo y Le week-end) y, fuera de concurso, la esperada nueva película de Álex de la Iglesia: Las brujas de Zugarramurdi. De momento hay películas con calidad, otras fácilmente descartables y también oportunidad para la discordia con respecto a la calidad de algún film (Enemy).

 

La primera de las películas proviene de Venezuela, donde se muestra el extrarradio de la gran ciudad en la que viven en paupérrimas condiciones Junior, su madre y el bebé. Calles sucias, disparos lejanos, desempleados y una situación política de fondo que muestra los últimos momentos de Chávez durante su enfermedad. En medio de esta situación perviven los sueños infantiles: el de Junior consiste en tener el pelo liso con que poder parecerse a un cantante para la foto del colegio.

 

Cierto amaneramiento del muchacho desespera a la madre, que además tiene que lidiar con su inestable situación laboral y la decisión de mantener consigo a su hijo. El guión sigue esos derroteros: Marta prueba de todo para “curar” a Junior de su posible homosexualidad (su doctor le recomienda mostrarle un modelo estable de relación heterosexual para que se vea inspirado, un detalle que alude a una sociedad intolerante y conservadora respecto a este colectivo). La historia se filma con realismo en esa búsqueda de los personajes por conseguir unos objetivos finalmente insatisfechos. Desafortunadamente el metraje se hace excesivamente pesado, aunque contiene alguna escena dura y emotiva (la escena final, que recuerda a otro realismo, esta vez iraní en películas como El globo blanco de Panahi).

 

Le week-end combina el saber hacer de dos veteranos actores del panorama británico: Lindsay Duncan y Jim Broadbent, quienes interpretan a un matrimonio que decide celebrar su 30º aniversario de bodas pasando el fin de semana en París. Sin embargo, todo se trunca y va de mal en peor. A través de sus discusiones, pullas, ataques y reconciliaciones, y también situaciones como marcharse de los restaurantes sin pagar, conseguimos analizar la problemática de dos opuestos que se repelen tanto como se atraen. El relato parece centrar su fuerza en el cuestionamiento de si existe aún alguna posibilidad de reinventarse juntos.

 

Aunque la solución casi pasa por renovarse independientemente, asumiendo el rol que les toca vivir (compartir la existencia aunque sea pobremente y con fracasos sobre la espalda). Especial simpatía despierta el personaje de Jim Broadbent, que se descubre como un pobre infeliz incapaz de comenzar a escribir un libro pese a ser un objetivo perenne y que se siente inferior ante un antiguo discípulo. No puede engañar o mentir, y no encaja ni cuando está solo, así que mucho más difícil estando con gente, según sus palabras. Es esta trágica visión de la propia existencia la que arrastra a la pareja hacia los baches, y ahí reside precisamente el encanto de Le week-end: demostrar la armonía en la insatisfacción compartida.

 

Con un equipo actoral preparado para causar admiración en el líder de los festivales nacionales, Las brujas de Zugarramurdi se convierte en un estimable producto de consumo familiar, ya que combina la comedia con una alocada historia de acción, en una intrépida puesta en escena que no escatima en gastos. Si bien el comienzo despierta enseguida simpatías por su alto contenido en gags y humor, la segunda parte da rienda suelta al lujoso aquelarre y quizás demasiado largo desenlace. No obstante todo ello forma parte de una personalidad reconocible y que conecta con un amplio público en España. Hay lugar para cierta reivindicación feminista, así como para citar dos “brujas” contemporáneas como Tatcher o Merkel. Mañana se proyecta otra película española que sin duda estará en boca de todos los que quieran hablar del cine nacional en San Sebastián.