Simon Gerrans alarga la fiesta del Orica GreenEdge en la crono de Niza

El equipo australiano del Orica GreenEdge alargó la fiesta de la víspera, tras lograr su segundo triunfo consecutivo en la cuarta etapa del Tour del Centenario, una contrarreloj por equipos de 25 kilómetros con salida y meta en Niza, por delante del Omega Pharma-Quick Step y el Sky, segundo y tercero, a 1 y 3 segundos, respectivamente.

El Orica GreenEdge, liderado por el exciclista del equipo ONCE de la 'Edad de Oro', Neil Stephens, se impuso con un tiempo de 25 minutos y 56 segundos, apenas 75 centésimas menos que el Omega, que había marcado el mejor tiempo tanto en el punto intermedio (kilómetro 13) como en la meta durante toda la jornada.  

 

De esta forma, el Orica subió por segundo día seguido al podio, después de que el australiano Simon Gerrans, nuevo jersey amarillo en lugar del belga Jan Bakelants (RadioShack), lograra batir en un final de 'foto-finish' en Calvi al eslovaco Peter Sagan. "El equipo ha hecho un trabajo fantástico", apuntó Gerrans poco antes de enfundarse la camiseta de líder.

 

La victoria del Orica rompió el pronóstico del Omega, con ciclistas con puro músculo de rodador como Mark Cavendish o el campeón del mundo de contrarreloj, Tony Martin, uno de los más afectados en la caída de Bastia, aunque también del Sky de Chris Froome, de menos a más, o el BMC, noveno a 26 segundos, de Cadel Evans.  

 

El Saxo-Tinfoff de Alberto Contador tuvo una actuación notable, al acabar cuarto a tan sólo 9 segundos, y a 6 de Froome, y el Movistar de Alejandro Valverde acabó séptimo, a 19 segundos de los 'canguros' australianos. El Katusha de Joaquim 'Purito' Rodríguez concluyó décimo a algo menos (28 segundos) de medio minuto.

 

En la general, Gerrans es el líder con el mismo tiempo que sus compañeros de equipo del Orica el sudafricano Daryl Impey y el suizo Michael Albasini. Froome es séptimo, a 3 segundos; Contador, duodécimo, a 9; Valverde, vigésimo primero, a 20 segundos y 'Purito' Rodríguez, el 34, a 28.

 

Este miércoles se disputa la quinta etapa entre Cagnes-sur-Mer y Marsella, de 228,5 kilómetros, con un perfil propicio para la formación de fugas en un terreno rompepiernas, con un puerto de tercera y otros tres de cuarta categoría.