‘Sile, ‘Nole’… el timbre del recreo suena cada domingo en el parque de La Alamedilla

Una ‘gran pandilla’ de niños y mayores se reúne a cambiar cromos de todo tipo de colecciones en el céntrico parque salmantino.

‘Sile, ‘Nole’… El entrañable barullo homogéneo de voces tan característico que brota de los muros de los colegios se escucha cada domingo en el borde izquierdo del parque de La Alamedilla. Éste se convierte cada mañana de domingo en un enorme patio que reúne a niños de todas las edades, a sus padres y abuelos en un gran juego de intercambio de cromos y opiniones durante toda la jornada.

 

Los cromos más demandados esta temporada, como ya habrán adivinado, los de la liga. Aunque también los de animales están muy solicitados, varios grupos de niños cambian focas por conejos, tigres y monos. La colección que causaba furor ya en la época de Félix Rodríguez de la Fuente tiene tantos adeptos como entonces.

 

Los álbumes de animales además, intentan inculcar valores de empatía para con las diferentes especies y concienciar a toda la familia con la protección del medio ambiente. “Es que hay que cuidar la fauna, solamente quedan en el mundo 3.500 tigres”, informa Carlos, de 11 años, que nunca falta a su cita de los domingos ya que su mayor afición, los animales, no coincide con sus compañeros de colegio y sus ejemplares son imposibles de intercambiar en los recreos: “Mi prima contó lo que pasaba aquí y vine enseguida, porque los de mi ‘cole’ solo cambian cromos de fútbol y a mí no me interesa, aquí encuentro de todo, vienen hasta niñas, pero no me preguntes por las colecciones de niñas porque yo no me sé ninguna de esas”.

 

De izquierda a dferecha: Noelia (8 años) Fernándo, Ángel (6 años) Yolanda, Carlos (11 años) y Celia (Foto: Raquel Fernández-Novoa Vaamonde)

 

Younes y sus hijos, Nesrin y Bruno, son también habituales. Younes sostiene su lista mientras su hijo negocia con otros compañeros, ella todavía tiene 18 meses, pero con esas influencias prevemos una temprana afición. A su hermano no se le da nada mal, aunque se queja con gran disgusto de que los que más le tocan son del deportivo siendo él un acérrimo culé.

 

Younes y Bruno(Foto: Raquel Fernández- Novoa)

 

Unos metros más allá, alrededor de un banco atestado de gente se encuentran Juan Carlos y David, con varias cajas de cromos y un álbum bastante pesado al que poco le falta para completarse. Juan Carlos es un padre totalmente involucrado desde el nacimiento de su hijo, pues lleva cambiando cromos en La Alamedilla los mismos años que años tiene David, seis, el pequeño nos ha confesado que muchas veces a él “no le apetece venir hasta aquí”. En contraste con su padre que afirma pasarse “como un cura, todos los domingos y días de fiesta” opina que no encuentra manera mejor de pasar la mañana de los domingos.

 

UNA CARPA PARA RESGUARDARSE EN INVIERNO

 

Confiesa que incluso han escrito una carta al ayuntamiento pidiendo de cara a las inclemencias meteorológicas del invierno una carpa de plástico bajo la que cobijarse de la lluvia y el viento, ya que la afluencia es igual o incluso mayor al volver los niños de las vacaciones e iniciar nuevamente la rutina escolar: “Queremos que nos cierren este trozo con un plástico, aunque sea sólo por encima, para que no pasemos frío”.

 

Comenta además que internet es una herramienta a su favor a partir de determinadas remesas de cromos, “la sexta edición es la más complicada de completar, no hay manera”, cuenta Juan Carlos. Cuando esa temporada llega a veces no les queda más remedio que recurrir a la red y una vez conseguidos, negociar con ellos en La Alamedilla, donde los demás niños los esperan como agua de mayo. 

 

Grupo de coleccionistas 'negociando' (Foto: Raquel Fernández-Novoa)

 

Belén venía desde pequeña con sus padres, y ahora trae a sus hijos David y Raúl. David cambia cromos del álbum “Animales 2014”; su hermano Raúl está completando los de la liga y apenas hemos podido hablar porque en cuanto ha contado que le faltaba Bravo ha aparecido Sergio, pequeño magnate de los cromos, dispuesto a cambiárselo por Moyá. Sergio presume de tenerlos siempre casi todos, con él no se puede competir.

 

A la izquierda Belén con su marido y sus hijos, David y Raúl cambian con Sergio y su padre, a la derecha (Foto: Raquel Fernández-Novoa Vaamonde)

 

Pero esto no es un espacio sólo para chicos, Noelia y su padre, Fernando, son también fieles a la cita, y aunque se quejan de que casi todo lo que se ha movido esta mañana era fútbol, los resultados no han sido para nada negativos, ha cambiado 50 cromos de animales.

 

Encontramos también a varios abuelos, como Fredi, y al preguntarle por la manera en la que se han enterado su respuesta no ha podido ser más concisa: “A mí no me han tenido que decir nada, yo siempre he venido aquí, primero con mi hija, ahora con mis nietos”.

 

Porque aunque a veces queramos pensar que los tiempos cambian, hay cosas que permanecerán inmutables, y es que si hay algo que nunca dejará de existir, eso es la infancia.

 

La infancia no solamente es una etapa o un proceso, es ese lugar al que todos queremos volver, aunque sea un rato, aunque solamente se pueda los domingos por la mañana en la Alamedilla, como hace Juan Carlos de la mano de David. Y es que los videojuegos nunca van a sustituir a las pachangas en el callejón de detrás en el que siempre manda quien baja el balón. Y los cromos que se cambian en el parque de La Alamedilla se pueden tocar con las manos, y con las manos se toca lo que es de verdad, y nadie mejor que un niño para reconocerlo y valorarlo.

 

Ya saben… ‘Sile’, ‘Nole’…

 

Varios grupos cambiando cromos en La Alamedilla (Foto: Raquel Fernández-Novoa Vaamonde)