Se va parte de mí

Alberto Pérez con Antonio Díaz el día en que la UDS logró la permanencia de la mano de D'Alessandro

ALBERTO PÉREZ 

He visto tantas veces salir adelante la Unión que pensé que esta vez no sería diferente. No tenía argumentos reales para creerlo, pero era incapaz de asumir la realidad. Todavía esta mañana me he levantado esperando una noticia que anulara la verdad o que realmente todo fuera una construcción de realidad virtual como la del ‘Show de Truman’. Es verdaderamente doloroso comprobar que, aunque hoy ha salido el sol, todo sigue como ayer y nunca más será como antes. 

 

Dejan de existir 90 años de personas a las que ha hecho felices el fútbol. ¿Alguien se atrevería a establecer un cálculo? Por la Unión Deportiva Salamanca han pasado miles de jugadores y empleados, pero sobre todo millones de nuestros antepasados que nos han ido transmitiendo anécdotas y vivencias en torno a su Unión. Podría contar cientos de esas que me contaron mi abuelo, mi padre o mi tío. Como yo tantas y tantas personas que ya no están y a los que este juego tan poco importante les significó tanto en sus vidas. 

 

He tenido el privilegio de construir muchos de esos recuerdos en persona. Pude viajar con nuestro equipo por todo el país, vivirlo desde dentro, contar las hazañas y fracasos a través de un micrófono. Sé que muchos unionistas hubieran dado lo que fuera por tener esa oportunidad. Me siento feliz por haber dedicado una parte importante de mi vida como compañero de fatigas de una institución poderosa en sentimientos. La Unión prendió tanto en mi que una parte del antiguo equipo de la SER teníamos preparado y cerrado el regreso para volver a cantar los goles la próxima temporada. Ahora no sé si habrá fútbol, no sé si podremos llevarlo a cabo, pero sí es seguro que ya no será lo mismo. 

 

Siento, con una mezcla de admiración y envidia, que no hayamos conseguido lo mismo que otras aficiones a las que su ‘unión’ ha llevado a no dejar escapar sus clubes. Salamanca ha tenido un grupo de muy fieles, desgraciadamente más pequeño de lo que esperaba. Esta ciudad sigue perdiendo cosas y se va quedando huérfana de ilusiones, que es lo peor que se puede decir. Que haya fútbol es necesario, me enseñaron siempre a defender todo lo que representa a mi ciudad, pero no olvido que por la Unión lloré en Barcelona encerrado en el coche de la SER y que con ella se ha ido una parte de mí.