San Vicente del Bosque resta protagonismo a San Mateo

Nunca tantas personas de distinto signo político y tan diferentes entre sí, estuvieron tan orgullosas de ser y sentirse salmantinas
e. b. / L. L. / f. m.

Orgullo charro. Nunca el medio millar de personas que se dio cita ayer en el Palacio de Congresos para celebrar el Día de la Provincia y una más que merecida Medalla de Oro al héroe, al ídolo nacional, a ese gran hombre –de tamaño y de corazón– llamado Vicente del Bosque, ha estado tan de acuerdo a la hora de compartir salmantinidad.

Nunca como ayer, una sola persona supo hacer patria en este valle de lágrimas, de derechas y de izquierdas, que llamamos Salamanca. Nunca una Corporación provincial, alcaldes de uno y otro signo, consejeros de la Junta y medios de comunicación han estado más de acuerdo que el día de San Mateo, ayer día de San Vicente del Bosque, el año próximo Dios dirá.

La comida bien, gracias; creo que había crema de centolla y carrilleras de ibérico, entre otros manjares patrios, buenos vinos también. Pero la noticia de ese día no era la crisis económica, que bien que se notó en el discurso de la presidenta, en las ricas, pero poco abundantes viandas que se sirvieron, y hasta en el detallito con que se agasajó a los asistentes al acto, sino los montones de alcaldes y concejales, contentos como niños con zapatos nuevos, porque compartían espacio con don Vicente, jefazo de La Roja, campeón del Mundo y, por ende, salmantino.

Después de los besos de rigor con los alcaldes, de los saludos tipo québienteveo, avercuandovasamipuebloycharlamos, tengoquecontarteuncotilleodelcopón, y demás muletillas coloquiales, la frase más escuchada por esta cronista era: “¡Jo, qué bien, me he hecho una foto con Vicente del Bosque, qué tío tan majo!”.

Lo demás pasa a un segundo plano, incluso la mujer más elegante de todas las que asistieron al acto, honor que este año ha recaído en Conchi Miguélez, alcaldesa de Alba de Tormes, que llevaba un vestido precioso, y confesó que había sustituido a toda prisa los vaqueros que había lucido unas horas antes en el Mercado de Ganados por el modelito de rigor.

También iba muy mona la alcaldesa de Villamayor, Elena Diego, con una original gabardina de color fucsia, aunque en la edición del año pasado iba mucho más guapa con aquel simpático sombrerito años 20.

La presidenta de la Diputación, emocionada como la que más junto al protagonista de la jornada, también iba muy digna con un elegante traje en tonos crudos. Y, por lo que respecta a los caballeros, ninguna sorpresa destacable, ternos tradicionales, alguna que otra corbata colorida, y poco más.

Y es que ayer, el protagonista indiscutible que solapó al resto de los mortales, no fue otro que nuestro Vicente.