Salamanca se sumará al reconocimiento a CARLOS GIL PÉREZ

 
J. A. S.

El 25 de diciembre de 2009 falleció, a los 78 años, Carlos Gil Pérez. Al día siguiente no nació el mito, como dice el tópico, porque el coruñés –aunque salmantino de adopción– hace tiempo que lo era. La Casa Real y el Consejo Superior de Deportes otorgaron la pasada semana la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo a su hermano, José Eduardo, en reconocimiento a la trayectoria del que es considerado el padre del atletismo moderno en España. Un reconocimiento nacional que tendrá un reflejo, más modesto pero igual de sentido, en Salamanca. El acto se celebrará en el mes de septiembre bajo el amparo de la Universidad de Salamanca y con el impulso de, entre otros, Enrique Cabero y Antonio Sánchez, al que dirigió como atleta desde sus inicios hasta su retirada.

En la ceremonia, a la que contribuirán el Ayuntamiento y la Junta entre otras instituciones, se realizará una exhibición de documentos gráficos relacionados con su vida. También se pretende editar una publicación que refleje parte de su vida vinculada al atletismo en un día en el que se espera contar con muchos de los atletas que dirigió durante su dilatada trayectoria.

Polifacético
Un gesto que refleja otra de las muchas facetas que Gil Pérez desarrolló durante su vida, la de profesor. En concreto, fue maestro de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Licenciado en derecho y en magisterio de educación física, su vinculación con las aulas fue grande y además de entrenador, ejerció como periodista, en el otro lado de la vida deportiva desde el que también supo analizar la actualidad de la competición y aconsejar, tanto a los propios atletas como a los aficionados. Era habitual verle acompañado, además de por su sempiterna pipa, por una cámara de fotos e incluso de video, con la que acompañaba las notas a pie de pista sobre las evoluciones de sus pupilos en competiciones y entrenamientos.Entendió el atletismo como lo que ya es hoy, una ciencia, y por eso colaboró con la Asociación Española de Estadísticos, de la que era miembro, facilitando todos los datos que acumulaba en sus archivos personales.

Los reconocimientos nunca fueron algo extraño para él, que ya en 1968 recibió en su Salamanca la Medalla de la Real Orden al Mérito Deportivo de manos de Juan Antonio Samaranch, algo que volvió a recibir en 2007 de manos de el Rey Don Juan Carlos. Su primer cargo como responsable técnico fue al frente del equipo nacional del relevo 4x100. Durante una década se hizo cargo de la Escuela Nacional de entrenadores. Además, fue el director técnico de la selección española de atletismo desde 1980 hasta 1988, ocho años clave en el atletismo español con la eclosión de algunos nombres que asomaban por primera vez el nombre de España en la citas internacionales junto a estadounidenses y soviéticos. Fue precisamente en los Juegos Olímpicos de Moscú, en 1980, cuando Jordi Llopart se colgó la medalla de plata en 50 kms. Con él al frente, España lograría cinco metales en los Europeos al aire libre de Atenas ‘82 y el histórico ascenso, en 1985, en Budapest, a la máxima categoría de la Copa de Europa. Gestas impensable sólo una década atrás. Se fue un gigante, y con él una forma de entender la vida, las relaciones humanas, el esfuerzo y la competición. Se marchó un gigante pero queda su herencia. En septiembre se celebraran tanto ésta como su enorme figura.