Salamanca no sería la misma sin su fortaleza verde

La vegetación que emerge en la ciudad ha marcado el devenir de su historia y de sus monumentos
La vegetación de la ciudad de Salamanca marcó el devenir de su historia y de sus monumentos, dando una imagen que sería “distinta” de haber contado con otros árboles y naturaleza en su entorno.
 
Según el director del Centro de Iniciativas Ambientales Fundación Tormes-E, Raúl de Tapia, “Salamanca no sería la misma” de no contar con los cedros que envuelven la Plaza de Anaya.
 
Precisamente, en este lugar descansa una sequoia que fue de las primeras que llegaron a Europa procedentes de América del Norte.
 
Además, una sequoia, traída por Federico de Onís y Onís en la segunda mitad del siglo XIX, emerge en el centro del claustro de la Universidad de Salamanca, de la misma generación que las que se encuentran en la finca de la Hacienda Zorita, próxima a la capital  y que fue en siglos pasados espacio de retiro de los religiosos dominicos.
 
Raúl de Tapia ha destacado también los cipreses del Patio Chico, un lugar recogido junto a la Catedral Vieja de Salamanca y próximo al Huerto de Calisto y Melibea, que sin su presencia “dejaría desnuda a la muralla”.
 
Además, ha mostrado la relevancia de los árboles que habitan en las cercanías del río Tormes, en lo que actualmente se conoce como Parque Fluvial.
 
El experto en naturaleza ha explicado que los fresnos de la zona sirvieron de tablones y los chopos de puntales para el andamio que gestó la catedral de Salamanca.
 
Además, Raúl de Tapia ha animado a los salmantinos a darse un paseo por esta ribera para descubrir los usos tradicionales de las plantas relacionados con los oficios y labores que dieron lugar al conjunto monumental de la capital charra.