Romeros en la Peña de la Cruz

Los bejaranos respondieron multitudinariamente un año más a la tradicional romería a pesar del clima
S&P

La tradicional romería de la Peña de la Cruz se inicia en el casco urbano. Desde la placita que alberga la iglesia de San Juan, centro de operaciones de la Cofradía de la Vera Cruz (organizadora junto a su abad de la multitudinaria cita) partieron ayer puntuales, a las 9.00 horas de la mañana y, a la llamada de los cohetes, los cerca de cien romeros que iniciaron la marcha. Se trata de los más madrugadores, de los que realizan la totalidad del recorrido, de principio a fin y sin vehículo de por medio. Y es que suelen ser varios cientos de personas las que se congregan en la finca en la que se desarrolla la tradicional romería, aunque no realicen el recorrido andando.

La Cofradía de la Vera Cruz organiza la práctica totalidad de los actos de la jornada. Es en tiempo de Pentecostés cuando se realiza la romería. Tras la salida desde San Juan y la parada para recoger a nuevos romeros en la Corredera, se inicia el tradicional trayecto de cruces. En cada cruz, cual vía crucis pagano, y tras los responsos, es tradición tomar un trago de la bota de vino, lanzar un cohete y proseguir camino por el empinado y sinuoso recorrido hacia el destino. En total son 14 cruces de piedra las que jalonan el recorrido, muchas recuerdan a antiguos romeros y destacados cofrades que participaron activamente en esta romería. Al llegar al Castañar se visita la ermita de la Virgen y se recuerda a los cofrades fallecidos.

Ya en Llano Alto y a pesar del clima desapacible, se dieron cita cerca de 300 nuevos romeros. El tiempo nublado, pero fresco, permitió realizar el trayecto de forma más cómoda. En la Cruz de Peladillo (una de las paradas intermedias próxima a la cumbre) y cumpliendo con otra de las tradiciones, el abad, Mariano Hernández Maíllo, invitó bocadillos y sangría a los romeros que alcanzan este punto a pie. Una vez recuperadas prosiguió la marcha hasta la Peña de la Cruz, canchal situado a unos 1.443 metros de altitud, donde tuvo lugar la eucaristía y la posterior bendición de los campos, a pesar de las gotas de lluvia que cayeron.

El paso, durante la subida, lo marcó de nuevo el son del tamboril de Manuel Churruchuela que, además, amenizó toda la jornada y la celebración de la tarde después de los actos eucarísticos procedentes. Tras la misa, hay una comida para los cofrades, y la práctica totalidad de los romeros organizan una comida campestre en el paraje. Durante la fiesta se elige al abad entrante. Su cometido es el de anfitrión de la fiesta y es que costea el refrigerio y la comida de la jornada además de participar en los actos religiosos. El alcalde y los miembros de la Corporación participaron en los actos. Policía y Protección Civil velaron por la seguridad de los romeros durante el recorrido.