Raúl Díaz de Dios: La fuerza que azuza el fuelle

El próximo día 23, el festival Etnohelmántica acogerá con orgullo al único representante charro de su nómina de artistas. Raúl Díaz de Dios confiesa que se dejará conocer a través un repertorio muy revelador con matices autobiográficos. TRIBUNA adelanta quién es la persona que se esconde tras el acordeón.

La madre de Raúl organizaba sus pensamientos en el salón de su antigua casa de Santa Marta con el apoyo musical de los grandes clásicos que la editorial Planeta había compilado de fondo, no era consciente de que además de clavar la aguja del viejo tocadiscos en sus pistas favoritas la estaba insertando en las venas de hijo, inyectándole esa extraña materia que iba a condicionar para siempre su lenguaje, su expresión y su manera de vivir. Ese fue el punto de partida de un viaje sin retorno por un tobogán de notas que giraría a la velocidad de aquellos vinilos de música clásica que lanzaba la editorial Planeta.

 

Raúl quería tocar la guitarra eléctrica, lo decidió el día del 'susto'. Las suaves melodías que solían brotar de los altavoces mutaron con una agresividad aterradora y las notas se le clavaron en la piel provocándole un miedo que jamás había sentido. No sabía qué hacer, encima estaba solo en casa. Huyó corriendo a cobijarse en la casa de una vecina (Maldita radio). Aquellas notas afiladas eran “Los Refrescos” y el morbo inexplicable que provocan las situaciones aterradoras lo llevó a reincidir en la escucha de aquel grupo, a tomar contacto con el rock y, de esta manera, el pánico se volvió adrenalina y decidió cuál sería su próximo juguete… una guitarra.

 

Comienza a conocer las vibraciones de las cuerdas en la escuela de música de Santa Marta pero las circunstancias familiares instalan a los Díaz de Dios en Salamanca y ese cambio de dirección postal incidiría también en la musical al abandonar la escuela de la localidad para inscribirse en el conservatorio. Y es que su relación tormentosa de pasión y odio con el acordeón comenzó de la manera más casual, como todas las grandes historias.

 

Fue el azar quien decidió por él ya que los instrumentos se asignaban por sorteo. La lista ofrecía entonces diecinueve posibilidades, la primera era la guitarra y la última el acordeón… y me temo que a estas alturas todos intuimos cuáles fueron los designios del destino. La cara de Raúl cuando su madre le dio la gran noticia se encogió y su garganta pronunció sonidos imposibles de reproducir en la homérica rabieta.

 

Crear los primeros sonidos con el acordeón endulzó su actitud, a cada lección el entusiasmo crecía y cada progreso iba colocando al instrumento un escalón más arriba en el escalafón de sus prioridades. El tiempo y el esfuerzo empleados eran cada vez mayores hasta que cae en picado “El acordeón y yo… creo que dentro de unos años podré escribir una canción de amor sobre nuestra historia” bromea Raúl.

 

Raúl y su acordeón (Foto: Raquel Fernández- Novoa)

 

Tras superar la adolescencia comienza a interesarse por diferentes corrientes musicales como el punk rock, el metal y algunos estilos más duros donde el acordeón no acababa de encajar y se centró en potenciar sus habilidades con instrumentos más adecuados a estos estilos como la guitarra eléctrica y la batería.

 

Consigue el dinero para su primera batería trabajando como repartidor en una panadería. Los gastos de su formación y sus nuevos instrumentos se los financió trabajando como repartidor y camarero a la temprana edad de diecisiete años. Más tarde, consolidadas sus técnicas trabaja como músico de directo con diferentes orquestas. Poco a poco se adentra en el entorno de la música más comercial, el sistema de la radiofórmula y la venta donde llega a tocar con grandes personalidades de la música española como Javier Ojeda, vocalista del grupo “Danza Invisible”.

 

Hace apenas cuatro años, en 2010, llegó el desencanto “No me gustaba lo que había alrededor de todo aquello, era un ambiente muy artificial, prefabricado, y decidí volver al acordeón y a la música más tradicional donde encuentro una autenticidad que no existe en otras esferas” confiesa Raúl.

 

Además de vivir para sonar, actividad que le ocupa más de dos tercio de su tiempo, Raúl no ha dejado de lado su formación. Ha estudiado Magisterio e Historia y Ciencias de la Música y, por si fuera poco, tras volver a abrazar a su acordeón cual hijo pródigo decide iniciar una especialización en Etnomusicología. Toda esta actividad le ha dejado un margen muy escaso a su vida social y personal. Raúl confiesa haber vertido esa frustración que le provocaban las experiencias que se iba perdiendo sobre el acordeón y sus composiciones y afirma que ha tenido que privarse de mucho pero que “Si quieres ser el mejor tienes que trabajar con la intensidad de un deportista de élite”.

 

La influencia de sus estudios de Etnomusicología le ha llevado a viajar por diferentes partes y saberes del globo. Junto a sus compañeros forma una agrupación llamada “Acordeon Band” e hicieron llegar a su público la música tradicional de todo el mundo, desde Argentina a Francia pasando por Portugal y sin volver la espalda al folclore nacional, que actualmente impregna de tintes modernos, diferentes y comerciales capaces de llegar a un espectro de público mucho mayor.

 

El proyecto en solitario de Raúl es muy joven, apenas tiene un año, y a él aplica lo aprendido a lo largo de esa carrera que inició en el salón de su casa de Santa Marta. Su relación con el acordeón se ha estabilizado y consolidado pero los posos de sus escarceos en los ambientes más comerciales da a sus notas el color que buscaba y, a su vez, enriquece las composiciones más recientes con instrumentos y ritmos de otras culturas desde los latinos hasta los líricos medievales Galaicoportugueses. Su próximo disco, “El fuelle del Charro” está a punto de ver la luz y aglutinará todas estas cualidades. Ese amalgama de matices aprehendidos se desplegará con irreverencia sobre el escenario de Etnohelmántica el 23 de agosto donde promete marcar con su acordeón los compases de las emociones del público en un concierto muy sensitivo donde la finalidad será “proyectarse a sí mismo”.