¿Quieres conocer la celda de Santa Teresa cuando se hospedaba en Valladolid?

El convento de Santa Teresa, cuarta fundación de la Santa en Valladolid, ha abierto circunstancialmente sus puertas para mostrar algunos de los tesoros que contiene. Tribuna te invita a traspasar la clausura.

Está ubicado en plena ciudad, en el barrio de La Rondilla, rodeado de altos edificios. Pero tras sus gruesos muros la vida retrocede varios siglos. Es el convento de clausura de Santa Teresa en Valladolid que hoy, de manera histórica y con motivo de la celebración del V Centenario de la muerte de la Santa, ha abierto sus puertas a los periodistas y a la comitiva de políticos encabezada por la consejera de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, Alicia García.

 

Frente al antiguo hospital Río Hortega, tras un primer patio, existe un acceso a un habitáculo donde se exponen algunas reliquias. En uno de sus muros el torno y un portón. La vieja puerta de madera se abre. Tras ella Sor María Capilla de Jesús, madre superiora, quien recibe al padre Emilio José Martínez, vicario general de la Orden de los Carmelitas Descalzos.

 

“Es un momento muy especial”, como reconoce el padre Emilio. “Tenemos la providencia de visitar la cuarta fundación de Santa Teresa en Valladolid y de estar con sus hijas”. El vicario dice que se trata de “un oasis de vida” y “un bien para la ciudad”. El cortejo de cámaras, fotógrafos, periodistas y autoridades entre las que se encuentra el presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero; la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid, Mercedes Cantalapiedra; el vicario de la diócesis, Luis Argüello; interrumpen la vida “ordenada y silenciosa” de las monjas de clausura.

 

Se visita el claustro, con un perfecto jardín donde no falta pozo y ciprés; también la capilla que las propias religiosas conocen como El Relicario, por el elevado número de reliquias que allí guardan. Un retablo con la pintura de un Ecce Homo del siglo XVI, mandado por la propia Santa, preside el pequeño templo. Técnicos de la Junta de Castilla y León restauran en el propio claustro una talla de bulto entero de Santa Teresa, esculpida por Gregorio Fernández.

 

Otro angosto pasillo conduce al refectorio, donde todo está previsto para la comida de la comunidad, compuesta en la actualidad por once monjas de clausura. Son horas bajas en las vocaciones de clausura, aunque su orden no permitiría más de 21 componentes. Desde un pequeño púlpito, una de las religiosas lee a la comunidad. “Normalmente alguna lectura religiosa, un libro o el periódico”, dice una de las monjas.

 

Continúa la visita, esta vez hacia el huerto del cenobio. Un estanque preside el espacio, donde destaca el gran moral, un árbol que según cuentan pudo plantar la propia Santa. Y en medio del vergel: la ermita de Santa Teresa construida en el 1682 y que ahora el Gobierno regional restaura de forma integral con una partida de 60.000 euros. Se han arreglado techumbres, arruinadas por las goteras, las pinturas interiores y se ha construido una cámara bufa alrededor del edificio para evitar las humedades por capilaridad.

 

Otra vez en el claustro, merece la pena detenerse ante un crucificado –aún vivo, en el momento de su expiración- que firmó el genial Juan de Juni. Muy cerca de allí, unas escaleras dan acceso a la celda que Santa Teresa utilizaba durante sus estancias en Valladolid. Se trata de un cuarto donde se conserva su escritorio y el camastro, hoy utilizado para mostrar un yacente de la escuela de Fernández.

 

Es aquí donde se conserva uno de los tesoros del monasterio. Se trata del segundo manuscrito que redactó de su propio puño y letra la Santa de 'El camino de las Perfecciones' (1562-1564), que se conoce como el Códice de Valladolid. Fue restaurado en Roma en 1960, aunque sor María Capilla dice que el verdadero tesoro “es el contenido, conocerlo y vivirlo”.  Una escalera, que hoy ya no existe, conectaba directamente con el refectorio, según descubre sor María Ángeles, una monja leonesa que lleva casi la friolera del medio siglo tras los muros del cenobio.

 

Y una última curiosidad: Desde la propia habitación de la Santa una ventana con reja se asoma al claustro. Allí figura esta inscripción: “Asiendose a esta reja, Nª Sta. Mª en una ocasión que nó se taño con puntualidad la campana, dijo con severidad. Si viviendo yó se hace esto que será después de muerta?”. 

 

La visita termina y el convento retoma su actividad cotidiana. Como recuerdan varios carteles es lugar de silencio.

 

 

 

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