¿Quién mató a la gallina de los huevos de oro?

Criticadas, desangeladas y a espaldas del público que otrora las elevó a los altares, las casetas de la Feria de Día de Salamanca han caído del pedestal este año, y por varias razones...

La Feria de Día de Salamanca, 'las casetas' para entendernos, han tropezado de bruces con la realidad en estas últimas Ferias y Fiestas. Las registradoras, tanto las enchufadas a la red como las que no lo están, ya no echaban humo estas dos últimas semanas. Es una realidad incuestionable que los propios afectados, los hosteleros, llevan días elevando a pública ante todo aquel que tenga a bien escucharles. Sí, son gente los de este gremio que cuando las cosas van bien te dirán que 'no ha estado mal' y que si la cosa se torció a medias hablarán de desastre absoluto. Así que si, como dicen, la recaudación ha sido sensiblemente inferior a la del año pasado, la cosa no pinta bien y además sirve como aviso de que si no se corrige el rumbo puede ser peor.

 

Sin entrar en sesudos análisis y sin las cuentas oficiales en la mano (que no por ser oficiales se libran de ser cuestionadas, pues trascienden pero no se conoce de dónde salen y cómo de rigurosas son), se puede anunciar sin duda 'la muerte de la gallina de los huevos de oro', del 'caseteo' tal y como lo conocemos. La próxima edición será como sus promotores decidan que sea, pero la que ayer despedimos fue, siendo benévolos, argenta. Hay incluso quien la tilda de plúmbea, más gris que un día de otoño.

 

La gallina, que apenas celebraba este año el inicio de su madurez, parece que de repente se ha echado unos cuantos años encima, se le ha tornado mustio el plumaje, sin brillo, y los espolones antaño afilados y a punto para la batalla son ahora apenas unos apéndices romos que no asustan a nadie. El interior del bar de toda la vida, y la terraza preparada para el servicio como Dios manda, le han dado un revolcón a la Reina del Pincho de Feria. Y no será porque nadie lo avisó, que los propios mandamases del gremio, aunque a última hora y porque se olían la tostada, forzaron cuatro cambios, mero maquillaje, a falta de grandes ideas para mantenerla en la cúspide como diversión estrella del ocio salmantino en sus días más festivos del año.

 

A toro pasado, las excusas son variadas. Algunos afectados le echan la culpa a las fechas, alguna más que en años anteriores (una 'mejora' ante la que los mismos se frotaban las manos hace unos meses, cuando se decidió alargarla, haciéndose la cuenta de la vieja). No cuela, a más días, todos esperaban más ganancia. Vamos, se frotaban las manos.

 

Otros prefieren cargar contra la climatología, más en concreto la de la última semana, más otoñal que veraniega. Tampoco se admite: echarle la culpa al tiempo en una feria septembrina es como si en Sevilla retrasaran la de abril a julio para asegurarse la bendición del rey sol. O te preparas para luchar contra 'los elementos', o no pongas todos los huevos en la cesta del comercio y el bebercio al aire libre.

 

Los más avispados lamentan que las fechas no hayan coincidido estrictamente con el calendario oficial del programa municipal, del 7 al 15, echando en falta otros actos festivos que tiraran de la gente a la calle los últimos días de feria. Haberlo dicho antes, pardiez, que hace varios meses que se conocía el calendario. Sobre todo en el caso de la Asociación de Hostelería, que tiene mano con el Ayuntamiento capitalino, a base de deberse favores mutuos, y que podría haber negociado sin cita previa con Fernández Mañueco, quien les atiende por teléfono o en persona, a cualquier hora del día, no vaya a ser que se le solivianten.

 

El resto, a los que sólo les ha dado tiempo para asimilar la derrota sin mirar más allá, no presentan ni excusas. La hostelería es así, dicen, hoy mucho, mañana nada...

 

Por la parte del 'paganini', la del público que estos últimos años encumbró la cita con la caseta como sumun festivo y acción ineludible de ocio masivo, las reflexiones son más precisas e incisivas. Van al estoque con varias aristas del evento: el precio, que este año subió y sin mejoras que lo justificasen; la calidad, que nunca fue exquisita pero que ha bajado esta vez varios enteros, y la falta de novedades, que lo poco gusta, lo mucho cansa, y lo de siempre aburre hasta los muertos. Y con estas mimbres, el resultado es el previsible, desde el intransigente 'yo no vuelvo', al condescendiente 'para lo que ofrecen en plástico me lo tomo en el bar de siempre', hasta el flojo 'es lo que hay, los fuegos, algún concierto y las casetas'.

 

Visto lo visto, a los jerifaltes del asunto se les avecina un problema, y de los gordos. Si siguen fiando al 'chateo' en pie y plastiquero el éxito de las Ferias y Fiestas de Salamanca, como han hecho los últimos 4 años, sin alternativas ni novedades que sorprendan o dinamicen el insulso programa de actos, van de cabeza al precipicio. Si por contra, cosa extraña pero no desdeñable (porque con estos señores nunca se sabe), dejan caer la preponderancia de la Feria de Día para alentar nuevas fórmulas para sacar al salmantino a la calle, la hostelería se les echará encima y eso, a día de hoy, no se lo pueden permitir.

 

Son muchos votos en esta ciudad de servicios, muchos favores debidos, mucho mirar para el otro lado, y muchas invitaciones y gañotes para lucimiento del rebaño institucional los que se perderían. Y por eso no pasamos, leñe, que estos de los bares son de los nuestros. No les pidas un euro si ellos no ganan tres, pero nunca escatiman una cervecita fría y un pinchito 'por la cara'. Al menos para nosotros, claro...