Por una discapacidad sin límites

Alumnos de Asprodes Tamames

El centro de Asprodes Tamames abre sus puertas tras el mes de agosto con las pilas cargadas y con un nuevo proyecto en mente, conseguir un piso tutelado para sus alumnos.

Asprodes Tamames, lleva años dando lecciones de integración en la zona de la Sierra. Nació con el objetivo de buscar espacios de formación y distracción para las personas con algún tipo de discapacidad y, actualmente, ya han logrado que casi una veintena de jóvenes y mayores participen de sus diversos talleres. Las edades comprendidas son entre los 16 y 69 años.

 

Hace muy pocos días reanudaron su propio curso escolar que se lleva a cabo en sus instalaciones. Durante los próximos meses se van a desarrollar numerosos talleres como el de serigrafía y el de vajillas. En serigrafía hacen impresiones en vinilo para vallas publicitarias, vehículos, cristales, decoración de interiores y placas de metacrilato casi todo orientado a temas publicitarios. En el de vajillas, decoran platos blancos. También hay un taller de manualidades, que tiene menores salidas comerciales, pero que igualmente tiene muy buena acogida.

 

 

En la parte más asistencial, a todos ellos se les elabora un 'Plan Individual'. De esta manera los profesionales, junto con la propia persona y su familia, establecen los objetivos prioritarios a trabajar y se diseña una programación de las actividades a su medida.

 

Así, aquellos que lo necesitan reciben sus sesiones de fisioterapia y hacen actividades de la vida diaria, de manera que en el futuro "puedan tener la posibilidad de tener una vida autónoma aprendiendo a cocinar, planchar, limpiar o afeitarse solos", explica Silvia Hernández, directora del centro. Además, el colectivo lleva a cabo durante el año numerosas salidas recreativas.

 

 

Por su parte, la dirección de Asprodes Tamames está luchando por conseguir "un piso tutelado con el que los alumnos puedan estar en el centro por el día y dormir en el piso por la noche, de esta forma no tendrían que hacerse un sin fin de kilómetros cada día para poder recibir sus clases", concluye Hernández.

 

Tras un caluroso y vacacional agosto, los quince alumnos han vuelto con fuerza y muchas ganas de seguir aprendiendo, dejando claro día tras día que se pueden tener limitaciones, pero no límites.