Papá, ¿por qué eras de la Unión?

ROBERTO BENITO

Futuro. Maldita palabra desde el momento en el que se anunciaba la desaparición de la Unión Deportiva Salamanca. Rober, ¿qué vas a hacer ahora? Ni idea. Hasta hace unas horas, mi tiempo se medía en 90 minutos o una temporada, esa que yo iniciaba antes que la futbolística, en verano, cuando todos descansaban y se sorteaba el calendario. “El Salamanca empieza la Liga contra el Elche y la termina contra el Éibar”, recuerdo haberle dicho a mi padre.

 

¡Ay, mi padre! Como mi madre y mi hermana, un sufridor blanquinegro que me llevaba por primera vez a un partido de la Unión en 1993. Ante el Racing de Ferrol y en el Helmántico. Él me metía el gusanillo unionista y me acompañaba al campo horas antes de que empezara cada encuentro para que viera entrenar a los nuestros y me acercara al banquillo para pedir autógrafos a los jugadores. También aguantaba hasta que se iba el último futbolista del recinto para que yo volviera feliz a casa por haber charlado con Barbará o haberme hecho con la firma de Vellisca.

 

Ellos eran mis primeros ídolos y, en consecuencia, los `culpables´ de que me abonara a ocupar cada dos semanas la misma butaca en un Helmántico que aún carecía de asientos de colorines. ¡Qué tiempos aquellos! Aunque hoy, pensar en cualquier instante de la UDS lleva a utilizar esta expresión…

 

“Hay que seguir adelante”, nos aconsejan. Y delante vislumbro una barrera. Yo no podré hacer lo mismo que mi padre. Yo no podré acercar a mi hijo a un duelo de la Unión.

 

Desconozco si tendré algún descendiente, pero si es así, intentaré llevarle por el buen camino (como García Traid o Juanma Lillo a sus plantillas). Quizás se ría de mí cuando le cuente que una vez lloré por un 0-5 en Albacete, que los Reyes Magos me regalaron una remontada ante el Barça o que Stelea se enfadó conmigo por apoyarme en su coche durante un entrenamiento.

 

Esta última anécdota corresponde a mi etapa como periodista. Si soy `juntaletras´ es gracias a la Unión. Siempre soñé con narrar sus partidos. Lo conseguí. Siempre soñé con escribir un libro sobre ella. Gracias a Quique Martín, lo conseguí. Siempre soñé con conocer lugares viajando para verla jugar. Lo conseguí. Siempre soñé con llevar a mi hijo a ver uno de sus partidos. No lo conseguiré.

 

Pero si lograré inculcarle un espíritu de superación. Para ello le hablaré de permanencias obtenidas en la última jornada en el terreno de juego del campeón de Liga. También lograré que tenga cuidado al saltar (no se vaya a ir a un foso como Silvani en Mallorca). Estos datos y curiosidades, quizás se los explique desayunando. Entonces le diré que madrugar no es una obligación. Que uno puede levantarse pronto para presenciar un choque de la Unión en el Helmántico, en Zamora o en la Comunidad Valenciana.

 

Puede que me tome por un loco, pero comprobará que es por una pasión. Esa que te lleva a vestir la camiseta del club durante unas vacaciones en León, Egipto o Cuba. Esa que te lleva a decorar tu carpeta del colegio con la foto del equipo. Esa que te hace adornar tu habitación con un banderín regalado por uno de los presidentes de la entidad.

 

Por todo ello, mi hijo paseará por la Plaza Mayor (lugar de nuestras celebraciones) respirando aire unionista. Será un luchador, un entusiasta, alguien con deseos que puede hacer realidad. No sé si seré un buen padre, pero sí sé que la UDS seguirá viva porque, de una u otra manera, mi hijo será de la Unión.