Otro pacto fallido ante un problema cada vez mayor

 
Si hace unos meses nos congratulamos ante la disposición del ministro de Educación para lograr un gran pacto nacional que acabara de una vez con los vaivenes del sistema educativo y, sobre todo, con el fracaso escolar que han supuesto las sucesivas reformas, casi todas desde gobiernos socialistas excepto la fallida ley de calidad de los populares, hoy tenemos que mostrar nuestra más profunda decepción al ver cómo el acuerdo salta por los aires. Razonamientos hay para todos los gustos: el PP asegura que no se cambia el modelo fracasado y que no se protege de forma debida al castellano; UPyD considera que se mantiene la fragmentación autonómica y se ignora la escuela pública, lo mismo que critica algún sindicato de profesores y estudiantes. Pero la realidad es que ha vuelto a perderse una oportunidad de oro para poner un poco de orden en el principio básico de la democracia y el progreso. La buena educación es lo que, al final, distingue a unos países de otros; una formación básica de calidad es la condición indispensable para garantizar el futuro y una juventud preparada es la principal arma contra las adversidades de todo tipo, las económicas, las sociales, las crisis de valores. Resulta totalmente inadmisible que España mantenga altos índices de fracaso escolar, que los profesores sean cada vez menos referencia y más esclavos y que los niños de España estudien la cultura, la lengua y la historia a conveniencia política y no con los valores universales que todos deberíamos compartir.