Oreja de Cuenca y susto de Moreno

El novillero pacense es atendido de un puntazo de diez centímetros en el muslo derecho tras lidiar al segundo novillo
MARIO JUÁREZ
El tiempo acompañó en el primero de los festejos dedicados a los triunfadores y finalistas del Bolsín Taurino. También lo hicieron, en conjunto, los novillos de Cándido Flores, erales a punto de cumplir tres años y más rematados y hechos que los ejemplares lidiados el sábado en Alba de Tormes por Enrique Ponce o Eduardo Gallo. El mundo al revés, que diría alguno.

Los novillos de Cándido Flores, con kilos y remate, no terminaron de emplearse, en muchos casos a consecuencia de las querencias. Sin embargo, los dos primeros desarrollaron no sólo nobleza sino clase en sus embestidas, lo que no siempre terminó de ser aprovechado por los chavales.

Manuel Cuenca, proclamado triunfador del certamen, demostró un día más su oficio y seguridad, el rodaje que lleva a las espaldas y su capacidad para buscar las vueltas a los animales. El novillo claudicó de los cuartos traseros en más de una ocasión y el albaceteño tuvo que hacer el esfuerzo por mantenerlo en pie, lo que consiguió de mitad de faena en adelante. Sin embargo, su labor se desarrolló en un tono algo plano, condicionado por la poca fortaleza del animal y también por la frialdad del público, al que le costó meterse en el festejo.

Peor parado salió el pacense Javier Moreno Sanz, que pasó a la enfermería tras sufrir un par de aparatosas volteretas. El segundo novillo, encastado y de buen aire, lo sorprendió en más de una ocasión. El chaval trató de llevarlo pero el de Cándido Flores, que blandeó de inicio, terminó imponiéndose. Lo más destacado de su actuación fue la forma de tirarse a matar, volcándose en la suerte. Sin embargo, el puntillero levantó al novillo varias veces y Moreno saludó una ovación antes de pasar a la enfermería.

El venezolano Fabio Castañeda sorteó al ejemplar de menos clase, tendiendo siempre a defenderse. El novillero, que había quitado en el anterior por gaoneras, firmó un buen inicio de faena, llevando mucho al de Cándido Flores, y después tiró de oficio y seguridad para obligarlo a pasar, procurando siempre bajar la mano. El novillo, sin empuje, no ayudó demasiado a que su labor terminase de calar en los tendidos, lo que unido a su fallo con la espada dejó el balance en una vuelta al ruedo.