Olympiacos, corazón de campeón

Muy superior todo el partido el equipo griego que destrozo a la escuadra dirigida por Messina

Los griegos destrozan a un gélido CSKA de Moscú y defenderán su título en la final del domingo. 

 

El Olympiacos podrá defender este domingo su corona de la Euroliga después de derrotar al CSKA de Moscú (52-69) en la primera semifinal de la 'Final Four' de Londres, tras un duelo que los griegos dominaron desde el inicio, merced a una intensidad y poder defensivo que redujo a cenizas las esperanzas del conjunto de Ettore Messina.

 

Para los rusos, que se presentaban en Londres como el equipo con mayor cuota de favoritismo, los problemas comenzaron justo cuando recordaron que su rival era el mismo, en nombre y esencia, que le arrebató el cetro continental en la final del pasado, con una de las remontadas más espectaculares de la historia de la Euroliga. El bloqueo mental, por momentos la impotencia, fueron sólo el inicio de su vía crucis.

 

El mayor talento y tamaño ruso empezaron a verse entonces sepultados por un Olympiacos con el hambre intacta, que no parecía ser campeón sino de nuevo aspirante. Sin necesidad de abusar del 'MVP' de la competición este curso, Vassilis Spanoulis, el conjunto de Georgios Bartzokas encontró la forma de limitar los balones interiores y al mismo tiempo asfixiar a los bases rivales, Milos Teodosic y Aaron Jackson.

 

Cortadas las comunicaciones de la conexión serbia (Teodosic-Krstic) y sin acierto de perímetro, el CSKA sufrió una agonía en cada ataque mientras Olympiacos se comía la cancha. Progresivamente, pero sin oposición, los helenos llevaron su renta más allá de la decena controlando cada aspecto vital del juego, rebotes, pérdidas y porcentajes haciendo que el descanso (28-40) pareciese incluso suplicado por los rusos. Impotentes, sin alma.

 

Messina, que nunca --hasta hoy-- había perdido una semifinal de 'Final Four' (8-0) buscó mil y una combinaciones, con dos bases o con uno, con cuatro 'pequeños' o dos pívots. Pero ninguna funcionó porque el ritmo era griego. Los rusos parecían tortugas y los griegos liebres. Llegaban antes, llegaban mejor.

 

Con Teodosic, timón absoluto, ya irrecuperable (1/9 en tiros y 1 asistencia) y Papaloukas más imponente por pasado que por presente, Sonny Weems y Viktor Khryapa decidieron emprender vuelo por su rumbo, buscando al menos una chispa que contagiase el resto ante un marcador sonrojante (36-53 al término del tercer cuarto).

 

Pero el bloque enfrente era mayúsculo, sin fisuras. El más bajito de todos los interiores sobre la cancha, Kyle Hines, se convirtió en dueño y señor de la zona y paradigma de su equipo. Intenso y listo, suficiente para batir a los teóricos mayores recursos, pero gélidos, del CSKA.

 

No hubo ni siquiera atisbo de remontada. Como un animal domesticado cayó el CSKA en Londres. Se encontró un equipo que, a priori inferior, exhibió una intensidad infinita y su carácter de campeón para sellar su pase a la final del domingo. Allí defenderá título con los mismos argumentos que lo consiguió el pasado año, un temible colectivo, una defensa desquiciante y un gen competitivo irreductible.

 

FICHA TÉCNICA: 

 

CSKA MOSCÚ:  Jackson (7), Teodosic (5), Weems (13), Khryapa (11) y Kaun (7) -cinco inicial-- Papaloukas (-), Micov (3), Vorontsevich (2), Erceg (2) y Krstic (2).

 

OLYMPIACOS: Law (6), Spanoulis (8), Papanikolau (5), Printezis (6) y Powell (-) -cinco inicial-- Katsivelis (-), Sloukas (5), Perperoglou (8), Hines (13), Antic (13) y Shermadini (5).

 

ÁRBITROS: Guerrino Cerebuch (ITA), Borys Ryzhyk (UCR) y Olegs Latisevs (LET). Sin eliminados.

 

PABELLÓN: O2 Arena. 9.218 espectadores.